Sábado 17.04.2021 - 23:37

UN RECUERDO

Un recuerdo
Un recuerdo
Por:
  • Raúl Sales

El altar se puso como cada año, ya no se sabía el significado de muchos elementos, en la escuelas lo enseñaban para no perder la costumbre pero, los niños estaban más interesados en otras cuestiones de carácter tecnológico.

El altar era una forma de reunión en torno a una idea, una que seguramente reconforta más a los vivos de lo que jamás les habrá de importar a los muertos... el no pensar en lo intrascendente de la existencia, en saber que seremos recordados, que no nos perderemos en la nada de nuestras acciones u omisiones. Sí, el altar es para los vivos, a los muertos les vale un pétalo marchito de cempasúchil. Digo, si están condenados no les darán una exención del castigo eterno para venir a jugar con la comida, si están purgando pecados, lo último que querrán es llegar a meterle a la gula o a la soberbia y tener que empezar de nueva cuenta y si están en el paraíso, bajar a lo mundano debe ser algo similar a bajar del penthouse más lujoso del universo para ir a ver a una hormiga en el pasto.

Pero así como la programación neuro lingüística cambia tu forma de verte y la ley de atracción funciona si de verdad crees, así también funciona esto del pensar que los muertos vienen a visitar a los vivos. Es como si alguien se prendiera al timbre hasta que se abre o se enloquece al inquilino. A veces es tan insistente la llamada que sin importar donde estes, arriba, abajo o en veremos, eres arrastrado hasta este plano con todo lo que creíste dejar atrás pero, no eres o bueno, eres pero, no eres o... vamos, regresar a este plano es como ponerte a brindar con un alcohólico o pedirle a un ex fumador que te prenda un cigarro y que lo aguante entre sus dedos mientras se consume... dice el dicho, nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde y pues así, paraíso, infierno y purgatorio es en vida siempre ha sido así y sí... hay vida después de vida... o al menos nosotros que somos el recuerdo de la misma.

Deja me presento, no soy guía, alebrije, alma en pena o visitante distinguido de ofrenda familiar... ¿qué soy? Oh bueno, es algo más complicado de explicar o quizá sea simple pero, como no tienes forma de asimilarlo, pues es complicado. No, lo siento, no lo explicaré, sería tan infructuoso como explicarle a tus hijos la forma de grabar canciones de la radio en un cassette o el color púrpura a un ciego. ´Vamos, inténtalo y luego me dices que tal te fue.

Pero no me presenté, soy tu amigo imaginario... Sí, tenías uno, lo que pasa es que luego nos pones a trabajar y pues ya no hay tiempo de jugar. A ver, nacimos juntos y tomé consciencia más o menos por las mismas fechas que tú lo hiciste, al principio no hacemos nada más que jugar contigo y reírnos de tus malos chistes (aunque en honor a la verdad, nos parecían buenísimos en el momento) y todo es felicidad hasta que empiezan las pesadillas y entendemos nuestra función, somos algo así como tu “atrapasueños” tu guardián de la puerta, tu “pioresnada” y tu correveidile all in one, algunos nos llamaron ángeles guardianes pero, ellos son muy popof para hacer lo que hacemos, ellos solo abren los ojos y extienden las alas cuando estás a punto de ca... erte de la cama de la virtud y ponerle en la mandarina a tu alma.

En cambio nosotros somos el primer recuerdo que se forma y vamos creciendo siempre juntos hasta que trasciendes y entonces... bueno... seguro escuchaste de las difíciles separaciones.

En fin, es el mismo dolor el que nos resetea, nos borra, nos enoja, nos aferramos a lo que conocemos, a nuestros lugares queridos, a nuestros seres amados pues... sí, tal vez no seamos el alma que partió pero, vivimos lo mismo, compartimos lo mismo, conozco los sueños, los secretos, los miedos, las alegrías, el silencio incómodo y el cómodo, el amor no dicho, el gritado, el jamás olvidado, conozco que sentía pues... sentimos lo mismo.

Una vez al año, en estas fechas nos llaman, o mejor dicho, llaman a sus seres queridos pero, ellos, o sus almas están en otras cosas así que solo queda su recuerdo y eso, señores y señoras mías, eso soy.

Ahora bien, soy un recuerdo pero, también soy un ente aparte... te digo, para que te explico. No, mejor dejemos eso de lado y concentrémonos en cómo te va, en que has hecho desde que me fui, que grandes están los niños ¿me extrañan? Cuéntame tu vida que eso es lo único que importa.

Se levantó llorando, cada año era igual, esta vez soñó con su papá, sabía que eran las fechas pero, era extraño, nunca soñaba, nunca, ni pesadillas, ni nada lindo, era como si algo bloqueara su capacidad onírica y no obstante, desde que empezó a poner el altar de muertos, soñaba con sus seres queridos, los veía, hablaba con ellos aunque nunca recordaba que decían pero, no importaba, era recordarlos y siempre, invariablemente se levantaba con la idea de que el recuerdo era más por su salud mental que por cualquier otra cosa, casi como si necesitara saber que había algo más allá del fin pero, racionalmente sabía que sus hijos eran la más clara muestra de la eternidad y quizá, la única verdaderamente importante. No obstante, lloraba al despertar por la ausencia aunque, después de hacerlo sonreía todo el resto del día pues sabía que mientras recordara a los que partieron, estos no se irían del todo. Además, creía haber escuchado algo de explicarle el púrpura al ciego y de como grabar de la radio en los cassettes y si bien era inútil, seguro que en la bodega tenía su antigua grabadora y aunque los niños no supieran que era eso, hoy tendrían su clase de tecnología vintage... sonrió, su padre, si viviera, estaría imaginando la cara de sorpresa de sus nietos y seguro, estaría compartiendo mi broma tecnofósil y sonreiría también en complicidad.