Sólo ondea la "W" y espera lo mejor

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Foto: larazondemexico

Desde los primeros años en que se inauguró el Wrigley Field, aunque en 1912 abrió como el Wheegman Park, la tradición era la de ondear en la pizarra de color verde olivo, y que se halla ubicada en la parte alta del graderío del jardín central, una bandera blanca con la letra W de fondo.

En el deporte estadounidense, es una letra muy preciada, porque significa triunfo, ganar, victoria. En esos primeros años del centenario parque de pelota, en una época en que la mejor comunicación resultaba ser el boca a boca, se izaba una bandera con la W para indicarle a aquellos que no vieron o asistieron al juego, que los Cubs habían ganado. Y también ondeaba una con la “L” para avisar de la derrota.

Tras los dos primeros encuentros de esta Serie Mundial, para infortunio de la fiel fanaticada de los Cachorros, la bandera de la L ha ondeado amargamente, dejando en un precario escenario a Chicago, pues una derrota más significaría sucumbir en la intentona de erradicar el maleficio de 108 años sin un campeonato.

Pero este equipo que comanda el mánager Joe Maddon muy poco, si no es que nada, tiene que ver con aquellos otros que han prolongado esta sequía inimaginable. ¿Por qué? No es gran ciencia.

Son el equipo que al menos le devolvió la esperanza a los atribulados aficionados de los Cachorros, con legitimidad, con un sustento, no como una lejana añoranza. Esos sólidos argumentos se pueden simplificar básicamente en tres cosas.

La primera de ellas son las 103 tres victorias (o las 103 ocasiones en que ondearon la W) en la temporada regular. Ningún otro equipo tuvo tal cantidad de éxitos en 2016. Eso los condujo a ganar su primer banderín de la División Central en más de una década.

La segunda razón es que son el primer grupo de jugadores vistiendo el uniforme de los Cubs en 71 en regresar al equipo al lugar donde se ganan los campeonatos, la Serie Mundial. Y aunque las cosas no han ido bien, el ánimo alrededor de Wrigley Field es inédito, inconmensurable, y alentador.

Y la tercera, que es la principal, es que el núcleo principal de peloteros, como Anthony Rizzo, Willson Contreras, Jorge Soler, Addison Russell, Javy Báez, Kyle Schwarber y Kris Bryant, no superan los 26 años y eso sólo significa un porvenir halagüeño que tarde o temprano terminará no sólo con esa longeva sequía sino que incluso podría tener tintes de instaurar una dinastía.

Incluso si vuelven a hacer válido el lema de “siempre hay un año siguiente”, una burla y un tonto consuelo, aún si eso pasara, esta es la auténtica generación de la esperanza de los Cubs, que nada tiene que ver con maldiciones y que podrían dejar ondeando por mucho tiempo esa W.