Fueron cuatro participaciones en las Finales, tres campeonatos de la NBA y múltiples recuerdos en los Playoffs y en la temporada regular. El Palace of Auburn Hills ha sido testigo de eso y más, como la trifulca más grande en la historia del basquetbol, en 2004. Ayer bajó el telón como la casa de los Detroit Pistons.
Quizás no fue el mejor colofón, pues los Washington Wizards arruinaron la despedida al vencer 105-101 a los Pistons, pero el equipo ahora debe dar la vuelta a la página y pensar en el que será su nuevo hogar, la moderna Little Caesars Pizza Arena, que estará enclavada en el centro de la Ciudad Motor, un moderno recinto que incluso compartirán con sus vecinos, el tradicional equipo de la NHL, los Detroit Red Wings.
El inmueble poseía numerosos palcos de lujo, estaba ubicado en el norteño condado de Oakland, a unos 40 minutos del centro de Detroit, frecuentemente había celebridades en las primeras filas de The Palace y el edificio era elogiado por su innovador diseño. Pero todo eso llegó a su fin.
Lo más emblemático del escenario es que albergó a tres equipos que obtuvieron campeonatos en la NBA, como el bicampeonato de 1989 y 1990 y un tercero en 2004, y ha sido una fuente de recuerdos para muchos de los jugadores que transitaron por esta organización, sobre todo aquellos quienes se ganaron un lugar especial entre la afición. El reloj de la nostalgia ya se puso en marcha.
“Fue muy emocionante jugar en el Palace. Cada vez que entraba, se me enchinaba la piel, me empezaban a sudar las palmas de las manos y eso me recordaba que íbamos a jugar. Cuando estaba aquí, los aficionados nos hacían más fáciles las cosas para venir, relajarnos y jugar al basquetbol, y a su vez hacíamos que fuera casi imposible para otros venir aquí a jugar”, comentó Ben Wallace, un símbolo del equipo que ganó el título en 2004, sobre todo un bastión de la defensa.
En su temporada inaugural en el Palace, en 1988-1989, los Pistons tuvieron una tremenda marca de 37-4 como locales y el año siguiente, en el que también levantaron el Trofeo Larry O´Brien, se adjudicaron un récord en casa de 35-6.
“Era muy difícil ganar para los otros equipos por la manera en la que nos apoyaban los fanáticos. Siempre nos respaldaban y nosotros teníamos esa actitud de esforzarnos siempre”, comentó Rick Mahorn, delantero de los Pistons en el equipo campeón de 1989 y quien actualmente se desempeña como analista radial para la organización de Detroit.
Antes de mudarse al Palace, los Pistons jugaron en diferentes sedes como Olympia Stadium (1957-1961), Cobo Arena (1961-1978) y el mismísimo Pontiac Silverdome, el gigante domo que fuera casa de los Lions, durante una década, hasta 1988 que se mudaron a Auburn Hills.
“Era la primera vez que teníamos una casa que podíamos llamar propia. Todos los demás equipos tenían su propio estadio. Éste era nuestro lugar, nuestro hogar, lo que protegíamos. Nuestra casa se convirtió en algo muy simbólico para nuestros aficionados. No venías a ganar aquí, ni a jugar bien tampoco, sólo a ser apaleado. Eso era lo que tratábamos de hacer”, reveló Isiah Thomas, el ícono de los Bad Boys (chicos malos), que ganaron dos campeonatos en la NBA.
Para Richard Hamilton, el mejor recuerdo es cuando su número, el 32, fue retirado por los Pistons, en un ambiente festivo y que jamás olvidará.
“Para mí esto es más grande que el basquetbol. Mis hijos nunca tuvieron la oportunidad de vivir los llenos que había aquí, cuando estábamos ganando títulos. Para mí, la máxima recompensa es traer a mis hijos a este lugar y que vean lo que su padre hizo todos los días y entender lo que hice para trabajar aquí, al entender a los aficionados y a esta ciudad”, declaró Hamilton.
El episodio más grotesco para la NBA
Era la noche del 19 de noviembre de 2004 en el Palace of Auburn Hills, se efectuaba un partido de la temporada regular entre los Indiana Pacers y los Pistons.
El duelo traía antecedentes de la temporada pasada, pues ambos se enfrentaron en la Final de la Conferencia Este, y Detroit eliminó en 6 juegos a Indiana, y luego se encaminaron a ganar el cetro de la liga.
A menos de un minuto del final del juego, que ganaban abultadamente los Pacers, Ron Artest (hoy conocido como Metta World Peace), le dio una falta fuerte a Ben Wallace, y luego de lanzarse amenazas entre ambos, más jugadores se integraron en el connato de bronca, orillando a los entrenadores a intervenir, intentando separar a los rijosos y apaciguar los ánimos.
Artest, en medio del caos, se acostó sobre la mesa de anotadores, en un tono ciertamente burlón, pero hasta ahí. Lo dantesco se desató cuando un aficionado de Detroit le arrojó al pecho una botella, pues se dirigió de inmediato a la grada para liarse a golpes con el que creyó fue el responsable, y ahí el caos imperó con una golpiza entre jugadores y aficionados.
Ron Artest fue castigado con 83 partidos, mientras que Stephen Jackson con 36, ambos de Indiana, los máximos sancionados.

