Cuatro entregas para la pantalla grande y una miniserie precuela -The Continental: From the World of John Wick-, han llevado a esta franquicia con Keanu Reeves interpretando el papel de un ex asesino a sueldo en busca de venganza, a convertirse en un estilizado espectáculo de brutalidad física entre tiroteos y persecuciones que, si bien nunca ha decepcionado como entretenimiento, sí fue dejando casi por completo de preocuparse por trabajar los códigos de conducta y convenciones cargadas de una sofisticada mística con aire a cine negro, que hacían tan atractivo el universo de ilegalidad en el que se desarrollaba todo.
Afortunadamente, al borde de convertirse en un producto rutinario de acción, el concepto se revitaliza con un spinoff titulado simplemente Bailarina, cuya protagonista no se presenta como una simple versión femenina de John Wick, -queda claro que solo hay uno como este letal sujeto-, sino como una variante que trae dicho rol un poco de regreso a lo mundano.
Cierto que ella igualmente está impulsada por la búsqueda del ajuste de cuentas, pero también tiene plena conciencia de que casi siempre lleva las de perder ante rivales más capaces, sobre todo en un combate en específico, lo que hace de su jornada un especie de auto sacrificio donde pese a rebasar los límites de la verosimilitud, también sabe estirar las reglas y aprovechar cualquier cosa que tiene a la mano para salir avante y encontrar al culpable de matar a su padre, recuperando así algo de la esencia del héroe de acción clásico, irónico y siempre factible de cometer errores.
Ana de Armas -Rubia (2022), Ghosteado (2023)- cumple al darle cierto sesgo de amargura al ímpetu fúrico que proyecta como una chica entrenada por la organización criminal Ruska Roma, el cual sustenta que se mantenga en pie al involucrarse en explosivas peleas delineadas con algunos lances acrobáticos aprovechados en ángulos casi imposibles por la cámara.
Esta vez el grado de sorna acostumbrado no está tan presente, pero la película que se ubica entre la tercera y cuarta parte de la saga, se beneficia de cierta frescura en la perspectiva dado el mayor protagonismo femenino, así como la ampliación de las fracciones y los grupos que mantienen el oscuro sistema, y los secretos que se irán revelando.
Claro, Ballerina -por su título original-, dirigida por Len Wiseman -Inframundo (2003)-, no es más de lo que John Wick nos ha entregado en sus mejores momentos, pero sí se acerca al nivel y les da continuidad hasta hacernos recuperar las ganas de ver más de este espectáculo de huesos y cráneos rotos que sigue sin dar respiro.


