LOS IMPRESENTABLES

El final de las tardes de tedio

Cortesía del autor
Cortesía del autor Foto: El final de las tardes de tedio

12 DE SEPTIEMBRE del 2008. Un hombre de pelo largo y lentes redondos entra a su alacena. Está repleta de pastelillos Pop Tart, donas, galletas y refrescos dietéticos. Son las once de la mañana. Toma un Pop Tart y pone una pequeña cafetera a colar. Se asoma por la ventana y cuenta los coches. Mastica el pastelillo —que debió poner en la tostadora— y lo deglute con café. Cuando termina, se percata de que aún tiene hambre. Abre el refrigerador, solamente hay un bote medio vacío de mostaza y tres refrescos Dr Pepper dietéticos. Bebe uno de golpe. Aún tiene hambre.

EL HOMBRE VUELVE A LA ALACENA. Desordena los empaques de donas y galletas hasta que encuentra una caja de blondies, galletas suaves de chocolate blanco. Come tres en menos de dos minutos y vuelve a la ventana a contar coches. Se aburre, quisiera ver la televisión, pero no tiene una. No tiene porque durante casi ocho años la miró diez horas diarias, absolutamente hipnotizado por la pantalla.

Ahora tiene pocas adicciones o, según él, las que le quedan son menos sexy. Alguna vez, un periodista de Rolling Stone, le preguntó por los rumores de su adicción a la heroína. Él respondió que su adicción más grave era la televisión. Tiende a deprimirse y un tiempo le dio por tumbarse en el sillón a fumar marihuana y comer Pop Tarts hasta dormir. Después fue alcohólico. Hace tiempo dejó esas adicciones. No hay televisión en su casa, tampoco marihuana y dejó el alcohol. Poco después terminó de escribir un libro de más de mil páginas y centenares de notas al pie.

Esa tarde de septiembre, entra a la regadera por tercera vez. Mientras pasa el jabón por enésima ocasión sobre su piel, se fija en el tatuaje. Es un corazón en cuyo centro solía estar escrito el nombre “Mary”. Ahora tiene varias líneas encima que lo ocultan y un pequeño número 1 junto a las líneas. En otra parte de su piel, ahora hay un pequeño 1 junto al nombre “Karen”. Otra nota al pie.

HACE UN PAR DE MESES INTENTÓ SUICIDARSE. Tomó el coche y manejó 16 kilómetros hasta un motel. Ingirió un puñado de pastillas y durmió. Al despertar llamó a Karen y lo llevaron al hospital. Todo empezó en 2007, cuando por recomendación médica dejó su principal antidepresivo: la fenelzina. Una nueva combinación de pastillas lo estabilizó. El lunes 8 de septiembre fue a ver a su quiropráctico.

12 de septiembre del 2008, Karen sale a inaugurar una exposición. El hombre de pelo largo va a su garaje y escribe una nota de dos páginas. Entra de vuelta a casa y tira los envoltorios de Pop Tarts que quedaron del desayuno, olvida la lata de Dr Pepper. Sube a una silla, ata una cuerda a una viga y se la pone al cuello. Karen vuelve y en el reflejo del ventanal descubre a su pareja, el escritor David Foster Wallace, colgando del techo.


Google Reviews