La pandilla de los Sex Panchitos Punk, mejor conocida como Los Panchitos, ganó notoriedad en la Ciudad de México a finales de los años setenta, principios de los ochenta, y una parte de los noventa. Los adolescentes que la integraban escuchaban y se poseían endiabladamente al ritmo del rocanrol y el punk rock, sobre todo con grupos como los británicos Sex Pistols, en quienes basaron su nombre. Habitaban al poniente del antiguo Distrito Federal, en las delegaciones (alcaldías) Álvaro Obregón, Cuajimalpa y Miguel Hidalgo.
EL DIRECTOR Y FOTÓGRAFO DE CINE documental, Gustavo Gamou, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), y junto a las productoras Chantal Guedy y Tatiana Graullera, estrenó su largometraje Sex Panchitos a finales de octubre de 2025 y ganó el Premio TV UNAM-FICUNAM; el proyecto también fue seleccionado para el Festival de Cine Punk de Berlín, Alemania y el Coliseum Film Festival de Sardegna, Italia. Está protagonizado por tres integrantes de la banda como Ramón González El Ulti, Fidel Pérez El Chivo Loco y José Legorreta El Canon. Los Panchitos, como se explica en la sinopsis, “aterrorizaron” la capital mexicana en la década de 1980.
La pandilla, que originalmente estuvo formada por entre cincuenta y cien adolescentes vestidos estrafalariamente y de forma rockera, vivió su mayor auge mientras Arturo El Negro Durazo —uno de los personajes más infames del país— era el Jefe del Departamento de Policía y Tránsito de la Ciudad de México. Durazo, de hecho, como se explica en el Archivo General de la Nación:

Dos relatos de amor turbio: Cumbres borrascosas, de Fennell; Pasajero, de Lighton
Utilizó a este grupo como carne de cañón para responsabilizarlos de diversos delitos, pues con la reputación que [ellos] habían adquirido como grupo violento por parte de los medios de comunicación facilitaba la justificación de los delitos que se les imputaban.
LA PANDILLA, QUE ORIGINALMENTE ESTUVO FORMADA POR ENTRE CINCUENTA Y CIEN ADOLESCENTES VIVIÓ SU MAYOR AUGE MIENTRAS ARTURO EL NEGRO DURAZO ERA EL JEFE DEL DEPARTAMENTO DE POLICÍA Y TRÁNSITO
Incluso, algunos miembros explican en el documental que la represión del gobierno capitalino y los noticieros con sus notas y reportajes amarillistas les robaron sus infancias. No obstante, admiten haber participado en delitos como robos a mano armada y riñas, ya que así solían darse a notar. Un ejemplo documentado en informes del gobierno de la Ciudad de México es la agresión que ocurrió el 26 de junio de 1981, afuera de la Prepa 4 ubicada en la colonia Observatorio, cuando después de las nueve de la noche atacaron al grupo de estudiantes Unión de Vagos Anónimos (UVA) con piedras y hasta bombas molotov.
El trabajo de Gustavo Gamou, quien vive en Tacubaya y buscó documentar de forma íntima la fama de Los Panchitos en ese barrio popular y sus alrededores, también resalta la hermandad que tienen los pandilleros desde que eran adolescentes y se la vivían de vagos. Así como se les ve trisoleando (bailando rocanrol) para despedir a uno de sus amigos que murió siendo un viejo vagabundo atrapado en el alcohol, cuentan sin tapujos la forma en que inhalaban cemento o pegamento FZ-10 hasta el amanecer, ya que consideraban que la calle era su verdadero hogar, donde se sentían más libres y al mismo tiempo más seguros.
LAS HISTORIAS DE LOS PROTAGONISTAS de Sex Panchitos que se une a otros documentales que tocan el mismo tema de las pandillas de la periferia chilanga como Sábado de mierda (Gregorio Rocha y Sarah Minter, 1988) o Sin tantos panchos (Verónica de la Cruz, 2019), reflejan el presente de cada uno. Además, a lo largo de las casi dos horas que dura la película, arrastran pesarosamente su pasado desmadroso y sin ley, una carga que se debe a que la sociedad los juzgó y rechazó a partir de los estereotipos, el miedo y los prejuicios.
El Ulti aparece en el documental tomando de la mano a su pequeño hijo; ambos son acompañados al Penal de Santa Martha Acatitla para que el integrante de Los Panchitos visite a su pareja, con quien desea rehacer su vida después de estar preso, vivir en la calle y extraviar a su chavo a causa de su adicción al alcohol y las drogas. El Chivo Loco, a quien la banda también conoce como El Mandi y es uno de los personajes más cábulas del conjunto juvenil por su forma de expresarse, fue grabado mientras cumplía su condena de más de treinta años al oriente de la ciudad, tras cometer asesinato; su desahogo estando en la cárcel es la actuación, el ejercicio y la fe. Por otro lado, El Canon, en medio de dificultades económicas y una que otra borrachera, añora hacer una asociación civil que reivindique a Los Panchitos. Como lo ha comentado Gustavo Gamou en entrevistas, la grabación se dio de forma natural y comenzó hace unos diez años, después de que lo invitaran a una reunión de la agrupación.
Sex Panchitos, en pocas palabras, es un documental crudo y de supervivencia que, a partir del mito urbano de sus protagonistas, nos transporta a la Ciudad de México de antaño, ésa que era dura por tanta represión policial. Allí los chavos banda se sentían como Sid Vicious (bajista de Sex Pistols), pero del barrio chilango. De hecho, esta afamada agrupación de rocanroleros que se convirtió en un fenómeno sociocultural y que ya forma parte del aura capitalina, tiene otra obra que la retrata: la película de ficción La banda de los Panchitos (José Arturo Velasco, 1987). Definitivamente, con el trabajo de Gustavo Gamou pasará lo mismo, y la historia de la pandilla juvenil más famosa del país la seguirán conociendo nuevas generaciones.

