El premio Princesa de Asturias es lo más cercano que entrega España a los Nobel y ofrece sin duda un empuje importante al margen del prestigio personal. El criterio con el que su jurado elige a los premiados muchas veces se ha adelantado al de sus pares suecos. La elegida este 2026 es la poeta, compositora, escritora y cantante Patti Smith, que, al recibir este galardón, se emparenta por siempre a nombres como Bob Dylan, Leonard Cohen, Graciela Iturbide, Mary Beard, Ennio Morricone, Anne Carson, Umberto Eco, Augusto Monterroso, Juan Rulfo, Maria Zambrano y un largo etcétera extendido hasta 1981.
Patti acudirá a su cita en Oviedo el próximo octubre en el Teatro Campoamor donde recibirá la reproducción de una escultura de Joan Miró, además de cinco mil euros, amén de conmemorar con su presencia 50 años de su primer concierto en España. Su relación con este país se sella con broche de oro, pues Smith fue una de las primeras artistas de rock internacional que actuó allí tras la dictadura, ofreciendo un concierto histórico en 1976, recién publicado Horses. Una noche que fue reconocida como fiesta de libertad en Badalona y todavía se recuerda como una cita insólita con el rock’n roll visceral, ácido y eterno.
FUE UNA DE LAS PRIMERAS ARTISTAS DE ROCK INTERNACIONAL QUE ACTUÓ EN ESPAÑA TRAS LA DICTADURA, OFRECIENDO UN CONCIERTO HISTÓRICO EN 1976, RECIÉN PUBLICADO HORSES. UNA NOCHE QUE FUE RECONOCIDA COMO FIESTA DE LIBERTAD.
LAS DECLARACIONES QUE RECOGEN los medios internacionales citan a Patti comentando que este premio significa arte y amor para ella. Dicho reconocimiento la hace sentir rejuvenecida; por lo que no tiene la sensación de estar llegando aún al final de su camino. Se mantiene siempre alumna. Basta echar un vistazo a su Substack en el que puedes encontrarla grabando videos en su cuarto lleno de libros, probando versos, escribiendo de sus héroes.

El Cultural No. 550
Una estudiante autodidacta, enfermiza y rebelde pasa muchos años de su infancia en cama, imaginando su futuro, rodeada de libros. Ese futuro llega tan pronto pone un pie en Nueva York en 1967.
Su filo comienza a aflorar al interpretar “Piss Factory”, un himno obrero a la desesperación existencial que termina con la sentencia de quien ha querido dejar atrás la vida pueblerina: me voy a largar de aquí, voy a ser una gran estrella y nunca voy a regresar a esta fábrica de orines.
Aquellos primeros monólogos eran improvisados, mezclando masculino y femenino. Por sorprendente que parezca, la música de Smith no contiene himnos feministas, es más bien un llamado a dejar de pensar en la sociedad, la política y el género, y simplemente crear. Alguna vez declaró que creía en la afirmación de Rimbaud de que la siguiente camada de grandes artistas sería de mujeres, aunque matizó que las mujeres acomplejadas no pueden crear más que arte mediocre.
SU EXITO GLOBAL, “BECAUSE THE NIGHT”, pudo ser mucho mayor a no ser por la reticencia de Patti a promocionarlo de ciertas formas, negándose ahacer lip-synch en un programa de TV gringa. Patti no se pandeó porque el lip-synch le parecía el pináculo de la hipocresía.
La obra de Patti Smith deja ese resabio de haber vivido un momento de gran trascendencia. Todavía hierve la piel cuando suena Horses. Verla en directo es el convencimiento de estar viviendo algo crucial, presenciando algo de belleza histórica. A veces no es una cuestión de belleza intrínseca del objeto sino de relación y contexto.
Es una artista que como intérprete sabe arrancarse el espinazo y soltarlo entero por la boca. Transmite la experiencia para transformar lo que parecen clichés en Grandes Verdades Universales Auténticas. En el libro Just Kids, Patti escribe desde la transparencia: esto es lo que hay, esto es lo que me pasó. Emocionalmente verdadero. Supo construir una obra que se sitúa frente al acantilado de la memoria y se lanza al vacío.
Vivimos tiempos cursis y blandos en los que vale la pena recordar que la voz de Patti Smith se alza como la de una mujer singular, que ha sabido articular sus historias de vida a través de la poesía y sus libros autobiográficos con aplomo y sutileza. En su obra hay abismo y vértigo. Sus conciertos son rituales de atención y tensión. Su escritura la habilita para reorganizar conciencias desde un lugar donde existen plegarias y no hay sitio para el sosiego. Una mujer que escribe desde el paradójico placer que explica Chantal Maillard, cuando lo escrito en vez de consolidar la superficie, la horada. Respirar es entonar. Y el universo retráctil halla una vía. En la vida hay brecha. Patti pudo decidir: entrar en ella o tapiarla por siempre. Se decidió porque hay demasiado dolor en el pozo de ese cuerpo humano suyo para que le resulte importante si lo que hace es o no literatura.
PATTI SABE QUE EL AJUSTE de las almas se hace en rebeldía. Escribió para tomarle las medidas a su miedo y morder, después de una dolorosa pausa de 16 años en su carrera, el anzuelo de la vida.
Escribió sobre el grito para arrancarlo y proyectar en él la palabra. En su obra no existe el infinito pero sí el instante, abierto, atemporal, intenso, y en él un gesto se hace eterno.
Lo único cierto es que mucha gente en el mundo escuchará y leerá algo bello e inspirador, por vez primera o acercándose de nuevo. Este premio que sin duda es un hito en su carrera labrada a punta de tinta y voz, reconoce su trayectoria angular, de esplendor peculiar e insólito. El Princesa de Asturias 2026 llega hasta las manos de una artista cuya pasión no es ocasión de vaivén sino algo que habita en ella y la posee.

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