La ilustradora Camila de la Fuente, al ver las realidades complejas que suceden en el mundo, piensa en cómo traducirá ese lenguaje a su hija de un año cuando tenga la edad suficiente. No sólo se trata de que ella y su esposo encuentren las palabras correctas, sino también de que ella encuentre la representación gráfica apropiada.
Cuando da talleres con población migrante, adopta un papel de escucha, pues debe nutrirse de perspectivas ajenas. Así es cómo ha desarrollado su trabajo, de estilo visual infantil, pero con temas complejos incluidos en su nuevo libro Dibujos para escuchar.
Camila de la Fuente (1992) es de padre argentino y madre venezolana-alemana. Tenía un bisabuelo mexicano. La multiculturalidad es parte de su esencia. Pero también creció en medio de tensiones.

John Candy: I Like Me
Desde que Chávez ganó las elecciones en diciembre de 1998, Camila conoció la polarización. Conserva cuadernos de cuando tenía 12 años donde comenta cómo sus padres asistían a las manifestaciones. “Muchos lo normalizan en Venezuela, pero un niño no debería saber tanto de política”. Tras las protestas del 2014, en las que participó, la familia decidió radicarse en México, lugar donde tenían parientes.
DESDE QUE CHÁVEZ GANÓ LAS ELECCIONES EN DICIEMBRE DE 1998, CAMILA CONOCIÓ LA POLARIZACIÓN. CONSERVA CUADERNOS DE CUANDO TENÍA 12 AÑOS DONDE COMENTA CÓMO SUS PADRES ASISTÍAN A LAS MANIFESTACIONES
No considera que haya aprendido a dibujar, sólo que no detuvo una práctica que tenía desde la infancia. Desarrolló un estilo basado en el color selectivo y la textura, con humor ligero y mensajes claros, pero siempre permitiendo más de una lectura, manteniendo un tono más poético que activista. Eso le ha permitido mantener una voz propia cuando ha trabajado con Rolling Stone, Hotbook, Aministía Internacional, Save The Children y la UNESCO, entre otras entidades. Ha recibido el Youth Award del International Women Cartoonist Award y el Empowered Girls, Empowered Futures.
Su nuevo libro es una recopilación de su trabajo segmentada en cinco ejes: migración, feminismo (donde está incluida la maternidad), ecología, tecnología y abuso de poder. Aunque toque temas universales, tiene una impronta íntima. “Los embarazos, ser mamá, el trabajo que a mí me gusta hacer, va completamente relacionado a lo que viví en mi vida, lo que voy sintiendo”.
Recientemente, en el Museo Papalote del Niño, presentó Pequeñas Alas, Gran Impacto, apoyada por la ONU. Utilizando como símbolo a las mariposas y a su estilo de vida nómada, usó sus trazos para representar la migración. También realizó una instalación con cartas en forma de mariposas hechas por niños que participaron en sus talleres. “Es mi trabajo expresado de forma nueva para mí. Es sobre todo lo que los niños nos tienen que enseñar sobre este tema”.
Haces fondos simples y los contrastas con el color. ¿Eso marca una distinción entre lo vivo y lo no vivo?
No sé si sea consciente, pero la caricatura y la sátira tienen mucho de contraste. Se usa al contraponer una imagen tierna con una situación crítica. Tengo un dibujo de un niño tapándole los oídos al osito de peluche porque explotó una bomba en plena guerra. Mis dibujos son bastante infantiles y el blanco y negro le da un feeling más periodístico.
Me gusta abstraer: que no tenga fondo, que sea lo mínimo necesario para entender la idea. Quitando un poco el color, funciona. En libros infantiles es distinto. Pongo las piezas del rompecabezas para que la persona pueda interpretarlo de la forma que quiera. Siento que es poético, se diferencia del dibujo infantil, tiene su encanto.
Pese a que no niegas realidades adversas, la esperanza está en tu trabajo. ¿Es algo que buscas transmitir?
Antes hacía mucha sátira política, funcionaba y era chévere; más humorístico. Pero hubo un momento en el que me di cuenta de que denunciaba una situación y tumbaba los ánimos, pero no aportaba. Hablaba de algo que todos sabían que pasaba, pero no los impulsaba. No es que me volví positiva, pero sí me gusta empoderar a las personas. Además, estamos en un momento en el que no hay esperanza. Es bueno llevar la contraria a los medios de comunicación. Cuando comencé a involucrarme más en organizaciones, mi trabajo empezó a ir hacia esos lados. Tengo caricaturas muy negativas sobre situaciones que se viven cuando se emigra. Creo que es un reto tener ideas esperanzadoras. A veces
lo consigo. Pasan más cosas positivas de las que pensamos, pero las negativas hacen más ruido. Tampoco hay que negar una realidad complicada y triste. Me gusta conseguir ambos lados de la moneda.

Creo que tu humor no es de carcajearse. ¿Dirías que eso te distancia del papel de un caricaturista político?
Sí, siento que me separo del caricaturista tradicional, que busca hacer reír constantemente. Lo hacía antes y quiero meterles más humor a mis caricaturas. Me dije que lo haría este año. Pero hay diferentes tipos de humor, y el que es un guiño es con el que más me identifica.
A mí me encanta Quino y su trabajo con el que tengo más afinidad es el del humor silencioso, ese que te dejaba pensando, que te hacía decir: “¿Yo soy ésa?”.
Me gusta mucho incluir la inocencia de los niños, jugar con esa ingenuidad para hablar de temas serios. Dar ternura, no tanto risa. No reírte a carcajadas, pero que sea como un chiste interno entre el lector y la obra, que entienda de qué estás hablando y se lleve la imagen a la cabeza. Para mí es importante que la imagen sea bonita, poética. No me llamaría humorista, por lo menos no ahora.
Usas mucho la textura... ¿crees que eso le da un toque humano, cálido?
Disfruto mucho el papel. Casi siempre hago la primera parte del dibujo a mano y borro cosas o pongo el color en digital, porque sí creo que la textura le da calidez y humanidad que diferencia mucho mi trabajo del de otros dibujantes. El error a veces te sorprende para bien.
Un pincel digital es una mancha repartida miles de veces, pero a mano es una mancha única. El lápiz me encanta. Hubo una época en la que lo odiaba. Siento que les da mucha nostalgia a los dibujos. Es una decisión consciente y lo disfruto porque me gusta.

¿Cómo ha afectado la migración tu discurso?
Al emigrar a México, me dedicaba a pintar diariamente sobre la política venezolana; sin embargo, me di cuenta de que me estaba cerrando puertas. Había una pequeña dictadura en mi mente. Comprendí entonces que podía seguir dibujando sobre Venezuela y, al mismo tiempo, alcanzar una voz universal.
AL EMIGRAR A MÉXICO, ME DEDICABA A PINTAR DIARIAMENTE SOBRE LA POLÍTICA VENEZOLANA; SIN EMBARGO, ME DI CUENTA DE QUE ME ESTABA CERRANDO PUERTAS. HABÍA UNA PEQUEÑA DICTADURA EN MI MENTE.
Podía tocar el tema migratorio de una manera muy personal, incluso haciendo que los mexicanos que han emigrado a Estados Unidos pueden sentirse identificados. Abordo espacios universales, aunque vengan de una experiencia muy personal. Venezuela está muy presente porque cuando algo me indigna quiero pegar un grito y tratar de ayudar; es una parte importante de quien soy. Siento que puedo ser más útil desde aquí. En Venezuela me aterraría publicar.
¿Sientes que la forma de percibir el mundo que tienen los niños, o los adultos que buscan acercarse a ellos, ha sido una referencia para ti?
Sí, totalmente. Me encanta la ilustración infantil; hay un tema de nostalgia. Me gusta mucho meter a niños en mis dibujos y hablarles.
Hago dibujos infantiles que tratan temas incómodos. Mi hija de un año ama este libro, aunque no entienda las ilustraciones. Envidio la sensibilidad de los niños y la busco constantemente a través de talleres, escuchándolos y dialogando con ellos. Considero que es la forma más auténtica y pura de arte: una expresión honesta, carente de pretensiones y libre de comparaciones, que surge simplemente del deseo de comunicar lo que piensan y sienten. No les importa si quedó chueco o feo, es un lenguaje que ellos tienen.
Los niños son honestos: te pintan de forma espantosa si así te ven. También hay un factor: todos hemos sido niños, y es algo que tenemos que buscar. Y ante una crítica o una guerra o una injusticia, uno empatiza más con un niño que con un adulto. Siento que son un símbolo del futuro y del pasado. Los dibujos infantiles son formas de explicarle a los niños cómo funciona el mundo.

