FILO LUMINOSO

Fue sólo un accidente, de Jafar Panahi

Fue sólo un accidenta de Jafar Panahi
Fue sólo un accidenta de Jafar Panahi Foto: Jafar Panahi Productions/ Les Films Pelleas

Cuando se escribe esto Irán está nuevamente en la mira de un agresión estadunidense e israelí. Pocas semanas antes una ola de manifestaciones en todo el país se tornaron violentas (con ataques a edificios púbicos e insólitamente a mezquitas) lo que intensificó la represión que tuvo como resultado docenas de miles de muertes. Buena parte de los ataques más destructivos en contra del Estado fueron acciones de provocadores extranjeros (Mossad y CIA han reconocido su instigación) pero eso no justifica la brutalidad de la respuesta por parte del gobierno.

CRÍTICA

El cineasta Jafar Panahi (1960) ha sido objeto de la intolerancia y desproporción censora de las autoridades. Tres veces ha estado encarcelado, en 2010 fue arrestado por criticar al gobierno y fue sentenciado a seis años de prisión. Después de tres meses en la cárcel de Evin (que en una maniobra propagandística Israel bombardeó, asesinando tanto presos políticos que pretendieron liberar como guardias), estuvo en arresto domiciliario (con la amenaza de volver a cumplir su sentencia) y una prohibición de hacer cine, dar entrevistas o salir del país durante veinte años. Entonces filmó en secreto una serie de obras que describen su confinamiento: un videodiario grabado en un teléfono celular, Esta no es una película (2011); una pequeña película claustrofóbica y paranoide filmada en su casa de verano con un mínimo de equipo, Closed Curtain (2013); con un dashboard cam se filmó como conductor en Taxi (2015), donde mantiene conversaciones con sus pasajeros; luego hizo el intenso y divertido road movie 3 caras (2019) y más tarde la brillante No Bears (2022), donde una versión ficcionalizada de sí mismo dirige una película en Turquía, desde el lado iraní de la frontera.

En 2022 las autoridades le retiraron las prohibiciones. Su duodécimo filme, Fue sólo un accidente, lo filmó en las calles de Teherán en 25 días, también sin permiso oficial. La sexta película de su periodo de trabajo censurado es otro acto de desafío, atrevimiento y rebeldía, pero sobre todo un ejercicio poético de resistencia. Al terminarla salió del país y recibió la Palma de Oro en Cannes (es uno de los cuatro cineastas que han ganado ahí, en Venecia y en Berlín) y fue nominado al Oscar. Durante su ausencia fue condenado a un año de prisión por actividades propagandísticas.

EL CINE IRANÍ DE LAS ÚLTIMAS DÉCADAS se caracteriza por su estilo metacinematográfico, por la fusión de ficción, documental, ensayo personal y el cuidadoso uso de alegorías. Se trataba de disfrazar los temas controvertidos detrás de lo cotidiano y lo aparentemente inofensivo.

Dariush Mehrjui (censurado en tiempos del Shah, por la policía secreta SAVAK), Abbas Kiarostami (de quien Panahi fue asistente), Mohsen Makhmalbaf, Majid Majidi, Asghar Farhadi y Mohammad Rasoulof, entre otros, han hecho cine político a partir de situaciones comunes, retratos costumbristas y fábulas domésticas. Una de las estrategias usadas por algunos de ellos era emplear niños como protagonistas y de esa manera ofrecer una apariencia inocente a la crítica social. Eso hizo Panahi en su debut El globo blanco (1995) y en la siguiente El Espejo (1997). El cambio radical en su obra vino con su tercer filme, El círculo (2000), la cual es una abierta crítica a la misoginia dominante. A partir de entonces sus siguientes películas se prohibieron en Irán.

En Fue sólo un accidente, Panahi emplea una estructura narrativa tradicional a partir de la idea central de La muerte y la doncella de Ariel Dorfman. Tras un “insignificante” accidente, Vahid (Vahid Mobasseri), un mecánico, cree reconocer el sonido de la prótesis de Eqbal “Pata de palo” (Ebrahim Azizi), el guardia sádico que lo torturaba cuando estaba encarcelado. Descontrolado lo persigue, lo noquea, lo secuestra, lo lleva al desierto, cava una tumba y se dispone a enterrarlo vivo. El hombre suplica por su vida, jurando que se ha equivocado de persona y negando haberlo torturado. Vahid duda, pues nunca pudo ver a su torturador; así que atormentado por la incertidumbre y la carga de su conciencia, lo sube de nuevo a su camioneta y recorre la ciudad en busca de alguien que confirme su intuición y certeza visceral. Encuentra a la fotógrafa de bodas Shiva (Mariam Afshari), quien se encuentra trabajando. La novia que está siendo fotografiada, Golrokh (Hadis Pakbaten), que también estuvo cautiva, se les une y más tarde incorporan a Hamid (Mohamad Ali Elyasmehr), quien fue pareja de Shiva. Fue sólo un accidente es un thriller político y moral, así como una comedia negrísima que nos permite reírnos de la tragedia de la represión del Estado, al tiempo que propone una reflexión de la inocencia perdida, los años arrebatados por el régimen y la impotencia de la sociedad civil. El grupo que busca venganza y su prisionero, encerrado en una caja de madera, un ataúd improvisado, interpretado por actores amateur, integra un microuniverso de víctimas y victimarios, provenientes de diferentes extracciones sociales y culturales que viajan en una camioneta “Van” destartalada, confundidos y cargados de rabia, pero incapaces de actuar con la crueldad de sus verdugos.

Vahid se debate en torno a si esto tiene sentido; Hamid es el más impulsivo y no necesita más pruebas; Shiva trata de ser la voz de la razón. Las discusiones, influidas por la experiencia propia y el reflejo de las vivencias del cineasta, pasan del deseo de venganza a la naturaleza de la justicia y el significado de la ley. Cada uno proyecta su angustia y frustración a su manera. Sin embargo, tratan de encontrar una respuesta colectiva, de convencerse de estar haciendo lo correcto. Aunque es una metáfora de la sociedad iraní, este es el trabajo más directo y crudo de Panahi.

Resulta evidente que el problema no es una persona, sino un sistema enfermo. En su recorrido sin destino, casi como si fuera un road movie, encuentran una ciudad infestada de gente que pide mordidas, propinas o favores (guardias, enfermeras, transeúntes). La sociedad a la sombra de la religión y espiritualidad del régimen se ha vuelto corrupta y desesperadamente transaccional. La cinta tiene momentos de humor pero eso no disminuye su pesimismo tanto de la realidad como del cine. Basta añadir que Mehdi Mahmoudian, el coguionista, fue arrestado el 1 de febrero por firmar una carta en contra de la represión de los manifestantes.

EPÍLOGO AL MARGEN

Mientras escribo esto no dejo de pensar en Gaza. Al tiempo en que Israel cometía un genocidio, bombardeó Irán en junio durante 12 días, eliminó a buena parte de la cúpula militar, asesinó a más de mil personas y debilitó al Estado y su ejército. Israel ha deseado siempre aniquilar a la República Islámica por su defensa de Palestina. Podemos detestar los abusos del autoritarismo religioso iraní, pero imaginar que el etnoestado de apartheid sionista tiene algún interés en el bienestar o libertad del pueblo iraní es absolutamente ridículo y francamente idiota.

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