Cervantes, por Amenábar

Dentro de unos cuantos días, el sábado 28 de febrero, se celebrarán los premios Goya en Barcelona. Una película con siete nominaciones es El cautivo, del director y guionista de sus propias películas, Alejandro Amenábar. Entre ellas está la nominación para mejor actor, en este caso el español Julio Peña, de veinticinco años, que interpreta a un joven y atractivo Cervantes. Sergio Téllez-Pon reseña esta película sobre una etapa muy poco conocida del autor de El Quijote de la Mancha.

Julio Peña, el actor nacido en San Sebastián interpreta a Miguel de Cervantes.
Julio Peña, el actor nacido en San Sebastián interpreta a Miguel de Cervantes. Foto: Fuente > IMDb

Vi El Cautivo de Alejandro Amenábar, y me gustó tanto que ahora quiero que todos mis cercanos la vean. En sus últimas películas, Amenábar ha apostado por personajes históricos, como la filósofa Hipatia de Alejandría en Ágora (2009), a quien ubica durante la represión de los cristianos en contra de los pocos paganos romanos que quedaban, y Miguel de Unamuno en Mientras dure la guerra (2019), cuando recibe en Salamanca al mismísimo Franco. Y ahora en El cautivo recupera al Miguel de Cervantes joven: el que tenía 28 años cuando fue capturado en el Mediterráneo, luego de luchar en Lepanto. El cineasta se centra en los cinco años de cautiverio que pasó en Argel, de donde salió a los 33 años. Allí, entre señores principales e hidalgos, Miguel se convierte en el preso más valioso por el que están dispuestos a pagar 500 ducados en oro, aunque él era un verdadero Don Nadie.

Amenábar ha dicho públicamente que es gay, sin embargo, hasta ahora no había hecho una película con esta temática. La relación entre Cervantes y Hasán Bajá ha levantado suspicacias entre algunos investigadores porque el futuro escritor intentó escapar cinco veces de prisión y a pesar de esa osadía el sanguinario Hasán nunca lo ejecutó. ¿Por qué le tuvo tanta compasión?, se cuestionan intrigados. La historia se basa en parte en las investigaciones previas que Manuel Lucía Megías hizo para su libro Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de Oro (2024), que aún no se consigue en México, pero por fortuna hay otros investigadores que han escrito sobre el mismo tema, por ejemplo, Sergio Fernández en su libro El mediterráneo de Cervantes, su juventud: Italia y Argel (2009).

Entonces, como el Bajá no empaló, degolló ni ejecutó a Miguel eso le da la pauta a Amenábar para meterse a la residencia de Hasán y mostrar lo que pasaba detrás de esas celosías. El director utiliza muy bien los recursos de Hollywood, tanto visuales como de argumento, por eso presenta la relación de Hasán y Miguel como el típico romance que suele existir en toda historia de cine, aunque en el fondo hay una clara relación de poder: Miguel es el preso, casi el esclavo. Pero los roles se invierten cuando el Bajá reconoce “soy preso de un cautivo”, lo dice porque Miguel lo ha seducido con palabras, pero también porque lo ha enamorado.

En su día de libertad, Miguel frecuenta los míticos baños de Argel. Entra en una barbería que en realidad es un haman clandestino donde se bebe vino y se reúnen lo mismo moros que cristianos y garzones, y que es regenteado por un español converso al islam. El padre Blanco de Paz, del Santo Oficio, se escandaliza: “¡Esta ciudad es peor que Babilonia!” y les relata a otros presos los vicios y perversiones que existen allí, revelación que en lugar de asustarlos los lleva al antojo y la tentación. El Bajá también tiene su haman particular con garzones, al que Miguel se integra en determinado momento. Aunque Hasán sea el poderoso y el cruel, el verdadero villano es Blanco de Paz, un chismoso y traidor que redacta un informe para la Inquisición contra Cervantes por su rara amistad con el Bajá.

Sin duda, el Cervantes que en realidad le interesa mostrar a Amenábar es el de un juglar o una especie de Sherezado ibérico que tiene el don del relato y también del encantamiento, porque en las mil y una noches de encierro, Miguel se apresta a contarles historias a otros presos, en principio para distraerlos, para entretenerlos y luego, vaya paradoja, el cautivo los cautiva. En cada historia los presos le piden que cuente más, pero él los deja en suspenso: “mañana continúa”. El poder del cuento también seduce al intrigante padre Blanco y al mismo Bajá que también quiere saber qué sigue en esa historia porque desde su ventana ha visto a los otros aplaudir en el patio. Pero el Bajá no se conforma con salidas fáciles o encantamientos y pide un buen final. Así, gracias al cuento la vida de Miguel puede peligrar u obtener un día de libertad.

SIN DUDA, EL CERVANTES QUE EN REALIDAD LE INTERESA MOSTRAR A AMENÁBAR ES EL DE UN JUGLAR O UNA ESPECIE DE SHEREZADO IBÉRICO QUE TIENE EL DON DEL RELATO Y TAMBIÉN DEL ENCANTAMIENTO.

A varios les intriga que Miguel sea un soldado: “Si lo suyo no son las armas, lo suyo es contar historias”, le dice uno de sus compañeros cuando están refugiados en una gruta. “Tú serás hombre de letras”, le sentencia su fiel Antonio Sosa.

En esta película lo que hace Amenábar es una metahistoria: hila hábilmente un relato del Quijote dentro de la historia de su película, “Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos” (1ª parte, cap. XXXIX), que es el relato de Zoraida, una mora que se enamora de un cristiano y por él se convierte al cristianismo, una renegada. Esa es la historia que Miguel les cuenta a los presos para mantenerlos cautivados y al propio Hasán, que no es tan fácil de complacer.

Me sorprende que El Cautivo haya obtenido siete nominaciones a los premios Goya entre las cuales no está ni mejor director ni mejor película. La esperanza está puesta en la nominación como mejor actor para Julio Peña, quien interpreta al joven y apuesto Miguel de Cervantes. El Cautivo llega ahora a Netflix, justo antes de la entrega de los Goya.