Diversa Cultural

Diversa Cultural
Diversa Cultural Foto: Especial
Fabricar elefantes
Fabricar elefantes ı Foto: Fuente > Especial

FABRICAR ELEFANTES

FABRICAR CABEZAS [de elefante] es un trabajo tan exigente como gratificante. Exige una enorme atención al detalle, y al final de la jornada laboral, uno está tan agotado que apenas le quedan ganas de hablar con nadie. El último mes que trabajé allí perdí como mínimo tres kilos, pero, por otro lado, me produjo una enorme satisfacción. Comparado con eso, hacer orejas es coser y cantar. Basta preparar una superficie fina, añadirle unas cuantas arrugas y listo. Por eso, cuando nos destinan a esa sección, decimos que nos tomamos “vacaciones de orejas”. Después de mi periodo en la sección de las orejas, me enviaron a la sección de las trompas. De nuevo, un trabajo muy exigente. La trompa ha de ser flexible para que los orificios nasales no se obstruyan en toda su longitud. De lo contrario, el elefante se alborotaría una vez ensamblado. Es una parte del proceso que me produce mucho estrés.

No fabricamos elefantes de la nada, por supuesto. Para decirlo de una manera más precisa, en realidad los reconstituimos. O sea, cazamos un ejemplar, lo llevamos a la fábrica donde lo cortamos con una sierra en varias partes, orejas, trompa, cabeza, tronco, patas y cola. Después combinamos todas esas secciones y de un ejemplar sacamos cinco. Cada uno de ellos, por tanto, sólo conserva una quinta parte del cuerpo original. El resto es falso. […]

Explicaré por qué construimos elefantes artificiales o, más bien, por qué los reconstruimos para sacar cinco de uno. La razón principal es porque somos mucho más impacientes que los propios elefantes. Si dejamos actuar a la naturaleza, una hembra dará a luz una cría cada cuatro o cinco años. Amamos a estos animales, pero su ciclo biológico nos desespera. Por eso decidimos tomar cartas en el asunto. […]

Haruki Murakami, “El enanito bailarín”, El elefante desaparece, trad. del japonés Fernando Cordobés y Yoko Ogihara, Tusquets, 2016.

││││││││││││││││││││││││││││││││││││││││││

LA NO VIOLENCIA

ESTOY CONVENCIDO de que el porvenir pertenece a la no violencia, a la conciliación de las diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad deberá superar su próxima etapa. Y aquí, coincido con Sartre, no podemos excusar a los terroristas que tiran bombas, podemos comprenderlos. Sartre escribe en 1947: “Reconozco que la violencia, cualquiera que sea la forma bajo la que se manifiesta, es un fracaso. Pero es un fracaso inevitable puesto que estamos en un mundo de violencia. Y si es cierto que el recurso a la violencia contra la violencia corre el riesgo de perpetuarla, también es verdad que es el único medio de detenerla. No podemos apoyar a terroristas tal y como lo hizo Sartre en nombre de este principio durante la guerra de Argelia; o en ocasión del atentado de los juegos de Múnich, en 1972, cometido contra atletas israelíes. No es eficaz y el propio Sartre acabó por interrogarse, al final de su vida, sobre el sentido del terrorismo y llegó a dudar de su razón de ser. Decir “la violencia no es eficaz” es harto más relevante que saber si se debe condenar o no a quienes se entregan a ella. El terrorismo no es eficaz. En la noción de eficacia es necesaria una esperanza no violenta. De existir una esperanza violenta, ésta se encuentra en la poesía de Guillaume Apollinaire: “Qué violenta es la esperanza”; pero no en política.

Stéphane Hessel, “La no violencia. El camino que debemos aprender a seguir”, ¡Indignaos!, prol. José Luis Sampedro, trad. Telmo Moreno, Destino, 2011.

││││││││││││││││││││││││││││││││││││││││││

Los lunáticos
Los lunáticos ı Foto: Fuente > Especial

LOS LUNÁTICOS

EN LA EDAD MEDIA, se sospechaba que la Luna perturbaba gravemente el espíritu de las personas. Bajo su influencia, las personas se volvían nerviosas, agresivas y, cuando menos, extrañas; la locura se apoderaba de ellas, el sudor perlaba sus rostros y su actitud preocupaba a quienes les rodeaban. La Luna pronto se asoció con la locura. Era la Luna la que aterrorizaba a los enfermos, convirtiendo las sombras en demonios. Pocos sabían que, desde un punto de vista científico y médico, algunas personas eran víctimas, por ejemplo, de ataques epilépticos: en aquella época, nadie sabía identificar esta enfermedad. Con el tiempo, el término “epiléptico” fue sustituido por “lunático”, que procede del latín lunaticus. Hoy en día, la palabra “lunático” ha adquirido un significado completamente distinto: se refiere a una persona que cambia de humor de un día para otro, o incluso de una hora para otra, igual que la Luna, que nunca está en el mismo sitio, y nunca es la misma. En el amor, esta actitud tiene que ver con la inconstancia, como ilustran estas líneas de Romeo y Julieta, de William Shakespeare: “¡Ah, no jures por la luna! / esa inconstante / que cada mes cambia / no sea que tu amor resulte tan variable”.

Brigitte Bulard-Cordeau, El pequeño libro de la Luna, trad. Mariola Cortés-Cros, Tutifruti editorial, 2024.

││││││││││││││││││││││││││││││││││││││││││

Música que mueve al mundo
Música que mueve al mundo ı Foto: Fuente > Especial

MÚSICA QUE MUEVE AL MUNDO

LA ARMONÍA MUSICAL no carece de las funciones de los astros, pues los imita muy poderosamente; cuando concuerda bien con los cuerpos celestes, excita maravillosamente la influencia celeste, cambia las pasiones, las expectativas, los gestos, los movimientos, las acciones y las costumbres de todos los que la escuchan, y los ubica de inmediato en sus propiedades, como en la alegría o la tristeza, la audacia o la tranquilidad, y otros estados semejantes. Atrae a las bestias, a las serpientes, a las aves, a los delfines para escuchar su modulación; con flautas se concita la atención de aves y ciervos.

En un estanque de Alejandría se pesca a los peces con ruido. Los hombres inspiraron amistad a los delfines con la armonía de los instrumentos; las cigüeñas hiperbóreas se atraen con sones de cítara. Los sonidos de los instrumentos amansan a los elefantes de las Indias. También los elementos se aplacan con melodía; la fuente de Halesa, naturalmente tranquila y calma, ante el toque de flauta, se agita gozosa y se desborda. En Lidia están las islas de las Ninfas que, con el toque de flauta, aparecen en medio del lago, danzan la ronda y vuelven a sus orillas. […] Hay cosas más asombrosas que éstas: pues en la ribera de Atenas el mar retoza con el arpa; en Megaris hay cierta roca que retoza con la lira cuantas veces se la toca, tan grande es la fuerza de la música. Esta endulza el espíritu, eleva el pensamiento, excita a los guerreros para

el combate; alivia las penas y la fatiga de cada empresa alivia a los abatidos y desesperados; fortalece a los viajeros. Los árabes dicen que los camellos portadores de carga se fortalecen con el canto de quienes los conducen; de igual manera, quienes llevan grandes cargas cantan y con ese canto la soportan y se alivian. El canto crea goce y habilidad, apacigua la cólera, disipa la tristeza y la inquietud, amengua las discordias, modera la ira de los frenéticos, aventa los vanos pensamientos.

Enrique Cornelio Agrippa, La filosofía oculta. Tratado de magia y ocultismo, trad. Héctor V. Morel, Kier, 1978.

││││││││││││││││││││││││││││││││││││││││││

SABIDURÍA

UN CIENTÍFICO NO ES necesariamente un hombre sabio. Porque sabio no es el que aplica teorías, sino enseñanzas sacadas de experiencias vividas. No importa que sea incapaz de formular saberes generales sobre las cosas, con tal de que sepa sacar fruto, en cada caso, de su personal experiencia. La sabiduría descansa en muy pocos saberes compartibles por cualquiera, supone, en cambio, conocimientos directos, complejos y reiterados sobre las cosas. Al hombre sabio no lo han instruido tratados científicos sino la observación personal, el trato frecuente con otros hombres, el sufrimiento y la lucha, el contacto con la naturaleza, la vivencia intensa de la cultura. […] Sabio es Odiseo, viajero incansable; Arjuna, conocedor de la guerra y del sosiego; Job, dichoso y miserable; sabios son quienes han buscado la verdad o la felicidad por sí mismos, al través de un largo camino personal.

Luis Villoro, La significación del silencio y otros ensayos, FCE, 2016.

Sabiduría
Sabiduría ı Foto: Fuente > Especial