Recuerdos de un viajero. Soy mi memoria, de Miguel León-Portilla

Soy mi memoria (2026), que se presentará en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, es un retrato íntimo de Miguel León-Portilla dictado desde la espontaneidad y la conciencia. El historiador sostiene que la identidad es el recuerdo; sin éste, el individuo queda a la deriva. En su reseña, Paulina Guzmán subraya cómo convergen los dos pilares de León-Portilla: su profundo amor por Ascensión y su entrega absoluta al estudio de las culturas prehispánicas.

Recuerdos de un viajero. Soy mi memoria, de Miguel León-Portilla
Recuerdos de un viajero. Soy mi memoria, de Miguel León-Portilla Foto: Especial

En la fotografía hay una mujer y un hombre sentados frente a unas columnas. Él usa una camisa blanca de manga corta, abierta hasta el centro del pecho, y unos lentes que cubren la mitad de su rostro. Ella, con la cabeza inclinada, ocultando los ojos del sol y la boca tímidamente elevada hacia la derecha, mira la cámara; la pañoleta que recoge su cabello permite que de sus orejas se asomen unas perlas. Por encima de su vestido negro cae una cruz. Sus cuerpos se inclinan hacia el otro. Sin embargo, el corte de la toma oculta el paradero de sus manos.

La fotografía que describo evocaba el recuerdo agridulce en el que, sentados frente al Archivo General de Indias en Sevilla, Miguel León-Portilla y Ascensión Hernández estaban a punto de partir caminos. Una fotografía que adorna la mesa del historiador mexicano y, según relata, presumía hasta a quien no detenía sus ojos sobre ella.

Hay dos eventualidades que nos permiten develar recuerdos que permanecían ocultos: mirar fotografías y la proximidad con la muerte. Miguel León-Portilla era consciente de esto y por eso, después de mucho meditarlo —y como él mismo lo expone, “queriendo evitar el escollo de creer que debo redactar una obra histórica, atendiendo a una rigurosa cronología y recargada con notas y referencias”—, decide tomar una grabadora y deslindarse de su quehacer histórico; seguir la espontaneidad de su memoria y dictar los recuerdos que llegan a su cabeza.

SOY MI MEMORIA es un libro publicado por Ediciones Ibero en coedición con El Colegio Nacional y la UNAM, en el que León-Portilla comparte con nosotros un compendio de recuerdos que, en dieciocho bloques de memorias, nos permiten bosquejarlo. Para él la identidad es inherente al recuerdo: somos aquello que recordamos. Y quién no recuerda está perdido: no sabe quién fue, quién es. “Es la memoria la que da sentido a nuestro yo y le ayuda a presentarse ante los otros [...]. El que padece Alzheimer, se vuelve anónimo, es como viajero sin equipaje, que anda sin rumbo”, afirma el historiador mexicano.

Desde el título, León-Portilla nos deja en claro que para comprenderlo debemos entrar en sus recuerdos. Él es sus memorias y al dejarnos entrar en ellas podemos comprender su vida interior y trayectoria intelectual. La sucesión de bloques de recuerdos nos llevan por sus más profundas reflexiones sobre el tiempo, la identidad, la vida académica, los afectos y aquellos momentos decisivos que marcaron su vida y vocación.

Pero algo que olvida mencionar —o al menos no lo hace de manera explícita— es que sus memorias también fungen como testimonio de la vida cultural e intelectual del México del siglo XX y principios del XXI. Los recuerdos de León-Portilla exhiben debates filosóficos y antropológicos; conversaciones coyunturales en torno al intelectualismo mexicano; proyectos académicos que resignificaron culturas marginadas.

COMO TODA NARRACIÓN autobiográfica, León-Portilla nos remite al inicio: nace en el seno de una familia tradicional mexicana, en un momento político que resultará importante para comprender su formación: la pelea entre el clero y el Estado. Creció en un México en pleno desarrollo; jugaba con su Tootsie Toy y por las noches veía como la ciudad se cubría de una abarcadora luminiscencia. En un ir y venir entre su vida y la del país, el pensador nos revela que los jesuitas ocuparon un lugar central en su vida. Se unió a la Compañía de Jesús poco tiempo después de la muerte de su padre y estudió en Ysleta College, una universidad de El Paso, Texas.

Sin embargo, comenzó a empaparse de conocimientos que lo hicieron dudar de su fe. Lee a pensadores como Kant y, aunque admite haber aprendido mucho de los jesuitas, decide dejarlo porque “por fuera parecía jesuita, pero por dentro era un escéptico agnóstico”.

LOS RECUERDOS DE LEÓN-PORTILLA EXHIBEN DEBATES FILOSÓFICOS Y ANTROPOLÓGICOS; CONVERSACIONES COYUNTURALES EN TORNO AL INTELECTUALISMO MEXICANO

EN SU REGRESO A MÉXICO volvió a coincidir con el esposo de una de sus tías: Manuel Gamio, el iniciador de la antropología moderna en México. Y gracias a él conoció a Ángel María Garibay, un sacerdote mexicano que se distinguió por sus trabajos sobre algunas culturas prehispánicas. Estas dos figuras marcaron un punto de inflexión en la vida de León-Portilla. Por fin todas esas visitas que había hecho de niño con Gamio a sitios arqueológicos, como Cuicuilco y Tenochtitlán, adquieren sentido y transforman la investigación y la escritura en su fuerza vital. Fue así, con la guía de sus dos mentores, que el pensador mexicano incursionó en una serie de universos que terminarían por acaparar cada minuto y espacio de su vida: la lengua y la cultura náhuatl, la California mexicana y los pueblos indígenas.

En estas memorias, León-Portilla rememora congresos, charlas y una serie de homenajes —a lo largo de la narración pude contar más de quince doctorados honoris causa que le fueron otorgados, así como el relato de su tiempo como embajador de la UNESCO— recibidos por su labor intelectual en México, Brasil, Perú, España, Filipinas, Francia, y muchos más. Sin embargo, también nos deja entrar a su vida más personal y, con detenido cariño, nos platica sobre Ascensión, Marisa y, más adelante, Miguel y Fabio, sus nietos.

León-Portilla lo sabe y nos lo dice: tanto el libro como su vida están llegando a su fin. Por lo que me permito regresar a la foto del inicio, en la que se conjugan los dos hitos más importantes de su vida: Ascensión y las culturas prehispánicas.

TE RECOMENDAMOS:
Diversa Cultural