La escritura de Kiko Amat se vinculó desde sus inicios a la música, debido a su pasado como editor de fanzines (La Escuela Moderna) y periodista cultural sin estudios. No obstante, el autor aclara que son disciplinas diferentes: “La música pop no es literatura”. Admite que guardan similitudes: considera que tanto una canción como un libro deben estar bien estructurados y editados, evitando digresiones.
En 2003 publicó su primera novela: El día que me vaya no se lo diré a nadie. Dice que se esforzó en trazar un linaje que se desenvolviera entre el sonido juvenil del punk rock y el soul del sello discográfico Motown; sin embargo, señala que su arte surgía más de un entorno subcultural, de los movimientos mod y skinhead, presentes en libros como Cosas que hacen BUM, Rompepistas o Revancha.
AMAT PUBLICÓ EN 2025 su obra más reciente, Dick o la tristeza del sexo, descrita por su sello Anagrama como una novela “bestial” y “conmovedora”. Él menciona que la música le ayudó a estructurar su pensamiento, revelándole quién era y explicándole el mundo en que vivía. Pero, a diferencia de la música, los libros le enseñaron un oficio para retratar las experiencias vividas. “Yo accedí a Orwell no por mis estudios, sino porque vi una foto de [Paul] Weller leyendo 1984”.
Así, ciertos autores despertaron su interés y le enseñaron a marcar su ritmo de escritura. Reconoce que desde su ópera prima existen similitudes musicales: recurrió a capítulos de fragmentos breves, como si fueran canciones que formaran parte de un álbum. El escritor de la periferia de Barcelona, explica que esa estructura provenía de Richard Brautigan, una de sus máximas influencias.
Por otro lado, músicos como Mark Kozelek —como solista se hace llamar Sun Kil Moon y en los noventa destacó con su banda Red House Painters— han formado parte del universo de su escritura desde hace décadas, pues la música de este artista le resulta provechosa para su oficio: “La cadencia de las canciones, el tono de su voz, la melancolía implícita… no son invasivos y hay momentos en los que tocan una fibra; hacen que me vaya bien cuando escribo. El disco Old Ramon [de Red House Painters] me lo sé de memoria y es útil”, comenta.
MÚSICOS COMO MARK KOZELEK —COMO SOLISTA SE HACE LLAMAR SUN KIL MOON Y EN LOS NOVENTA DESTACÓ CON SU BANDA RED HOUSE PAINTERS— HAN FORMADO PARTE DEL UNIVERSO DE SU ESCRITURA
En una de las dos charlas que tuvo en la Ciudad de México a finales de abril de 2026, mencionó a los dioses del mod revival, The Jam. Cuando el grupo estaba en la cúspide de su éxito, su líder, Paul Weller, decidió deshacerlo para crear The Style Council, encasillado en el pop sofisticado, pero que abordaba temas sociales, políticos y personales. Kiko Amat, que es fan de ambas bandas, trata de hacer algo parecido en su literatura: dejar atrás los temas subculturales para demostrar una mayor ambición y evitar el nicho. “Uno no quiere ser sólo un novelista pop de la misma manera que The Jam no quería ser un grupo para mods; era un grupo de música pop para todo el mundo”, cuenta quien ha escrito siete novelas y tres obras de no ficción, entre las que destaca Chap chap (Una antología confesional), una reunión de sus artículos escritos entre 1987 y 2014.
PAUL WELLER LE RESULTA INSPIRADOR por salir de su zona de confort al crear The Style Council, un proyecto que pocos entendían en su momento y del que la gran mayoría se burlaba. “Yo quería ser novelista, pero el hecho de que mis primeras obras se centraran en la cultura popular y tuvieran un tono juvenil porque había leído a S.E. Hinton y Kurt Vonnegut, no implica que uno tenga que quedarse allí”.
Al cuestionarlo sobre si el creador de personajes como Franki Prants —el adolescente de quince años de Dick o la tristeza del sexo, cuyo alter ego es Dick Loveman—, ha modificado algo en su trayectoria literaria, señala que ha sido a través de la profundidad y la técnica, sin olvidar que una novela debe ser ágil y dura. Para él, la música y la literatura son mundos diferentes, aun cuando ha mencionado en entrevistas que su carrera sigue el modelo de una banda de pop. “Para mí es importante la tradición; yo vengo de una tradición, no salgo de la nada. Es una tradición tanto cultural como social y de oficio. Hay gente detrás de mí, y el hecho de escuchar música pop y ser consciente de ello me ayuda a entender la progresión de las cosas. Por lo tanto, siempre he tenido presente que funciona así: vas entendiendo hacia dónde te diriges y logras un mayor dominio cada vez de las herramientas sin que eso implique hacer libros ofuscantes. Precisamente porque tienes un mayor dominio, sigues haciendo libros legibles y que se sientan punkis”.
Kiko Amat, quien ha atraído a melómanos y nuevas generaciones al mundo de la literatura, afirma que hoy en día su escritura —haciendo una comparación musical— suena a The Smiths o Morrissey. Esto se debe a que en sus textos no hay metáforas y las cosas se explican de forma ligera, como si escribir, en realidad, fuera algo sencillo.
Cien veces perra
