EL CORRIDO DEL ETERNO RETORNO

Indio Solari (1949-2026)

Indio Solari (1949-2026
Indio Solari (1949-2026 Foto: Cortesía del autor

Para Verónica y Sha, joyas patricias de amor

Sus fans sospechamos que El Indio era inmortal. Sí, sabíamos que sufría párkinson, que limitaba sus apariciones en público, que había desistido de dar shows con Los Fundamentalistas, pero jamás se nos cruzó por la cabeza que tuviera el superpoder de morir.

Carlos Solari siempre fue un visionario. Como vio que el Mundial se nos venía encima, decidió pirarse unos días antes de que el futbol lo engullera todo. Tenía 77 años y había fundado, junto a Skay Beilinson y la Negra Poli, la más mítica, por inescrutable, de las bandas míticas del rock en español, y acaso de cualquier idioma.

Patricio Rey y los Redonditos de Ricota no se parecía a ningún grupo. Para empezar, por el nombre. Parecía más el título de una novela de aventuras que otra cosa. Era como colgarse un letrero de no molestar. Lo apropiado era elegir un nombre pegajoso, fácil de memorizar. Pero para “Los Redondos”, como se les llamaba de cariño, lo imperativo era salirse de la norma.

Para continuar, lo que convertía a Patricio Rey en una anomalía era su desinterés por seguir los caminos habituales. Cualquier banda, y quien diga lo contrario miente, se forma con la intención de que lo fiche un sello discográfico. Hasta el más anónimo de los cantautores. Patricio Rey no. Se formaron en 1976, pero no fue hasta 1985 que lanzaron su primer disco. De dónde sacaron la sabiduría para ser tan desafiantes e independientes es un misterio.

CANCIONES REPLETAS DE SIMBOLISMOS CONTESTATARIOS, DE SIGNIFICADOS OCULTOS, CON CITAS ENMASCARADAS DE BORGES, DE REFERENCIAS A LAS DROGAS QUE UNOS

POCOS DICEN ENTENDER.

En El Hombre Ilustrado, el perfil que hizo Gloria Guerrero sobre él, Solari confesó que aprendió a cantar desgarrándose la voz cada noche. Fueron años de aprendizaje. Tiempo mismo en el que pulió sus letras. Su inimitable estilo al componer. Ese que muchos han tratado de descifrar. Canciones repletas de simbolismos contestatarios, de significados ocultos, con citas enmascaradas de Borges, de referencias a las drogas que unos pocos dicen entender. Letras por las que es reverenciado hasta el día de hoy.

Esos casi diez años que Los Redondos se obsequiarían para perfeccionar su arte, recibirían la mayor de las recompensas. Se convertirían en una banda exitosa, masiva, que llegaría a congregar más gente en un concierto que los mismísimos Rolling Stones. Fenómeno de la era pre Internet, eh. Y sin embargo, nunca dejarían de ser una banda de culto. Nunca tocarían fuera de su país. Y sólo hasta la muerte del Indio, ha comenzado el mundo a reconocer su grandeza. El periodista Adam Nossiter le dedicó un extenso artículo en The New York Times.

Sin embargo, El Indio nunca ha sido un desconocido. Todos los músicos sajones que han ido de gira a Argentina conocen el mito de Los Redondos. Y cómo no hacerlo, si congregó a 300 mil personas en 2017. Con boleto pagado. Porque, admitámoslo, la barrera del idioma los imposibilita para darles la atención que merecen. Si no les cantas en inglés todo se les escapa. Con todo y que siempre que viajan a nuestros países dicen amar nuestra cultura. Es una lástima. Ellos se lo pierden. Pero incluso sin su aprobación, El Indio ocupa un lugar en lo más alto del olimpo del rock. Hasta el inalcanzable Mick Jagger ha sentido envidia del poder de convocatoria de Solari.

En México el fenómeno de Los Redondos ha pasado prácticamente desapercibido. En el más remoto underground. Incluso hoy, es difícil conseguir material de la banda en formato físico. Por ahí alguien del tianguis del Chopo tendrá algún vinyl a precio de oro. Las razones son inexplicables. Somos pocos los que veneramos a Patricio Rey y al Indio. Yo los conocí en el año 2000. Justo cuando la banda se peleó. Escuché “Una piba con la remera de Greenpeace” y caí en un profundo hechizo del que no me puedo despegar. A los seguidores de Patricio Rey se les conoce como ricoteros. Yo no podría asumirme como tal. Para ello tendría que ser argentino. O uruguayo. Los personajes que secuestran a la chica en Estokolmo, la novela de Gustavo Escanlar son ricoteros. Por eso sé que los uruguayos sí lo traen en el adn. Pero a pesar de la distancia, me he podido compenetrar con la música de Los Redondos a un nivel emocional igual de importante que aquel que desarrolla un fan argentino con la música de Los Ramones, por ejemplo.

Siempre que he querido iniciar a alguien en Los Redondos me llevo una decepción. Lo primero que me preguntan es que si son rock urbano. Una etiqueta que surgió en México para designar a un grupo de bandas ochenteras de un periodo específico. Quizá se deba a la presencia del saxofón. Encima, no entienden nada de las letras, así que son incapaces de ponerle atención a más de dos o tres canciones. Es un tanto raro. En México hay público para todo. Levantas una piedra y salen seguidores de las bandas de punk ruso más under. Ni pedo. Hace mucho que acepté que soy parte de una minoría. La de aquellos que nos estremecemos con “La hija del fletero”, “Salando las heridas” o “Esa estrella era mi lujo”. Para mí, la conexión con El Indio se presenta porque le canta a lo “humano, roto y mal parado”. Y creo que muchos nos hemos sentido así en algún momento de nuestra vida.

El Indio Solari tuvo sus detractores. Quienes lo acusaron de ser un burgués que pregonaba pobreza. Pero nadie le regaló nada, ganó su dinero honradamente. No como los políticos. Y se compró un departamento en Nueva York con el dinero de las entradas de sus shows. Es un asunto complejo. Nos vamos a hacer viejos discutiendo si el artista que no se muere de hambre pierde su legitimidad. Y por otro lado, no veo a nadie criticando a la Coca-Cola por haber construido un imperio con veneno embotellado que consume la misma gente golpeada por las sucesivas crisis argentinas de las últimas décadas.

Después de Los Redondos, El Indio tuvo una segunda vida con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Sacó al menos dos discos y un puñado de canciones que se arraigaron en el corazón de sus fans de la misma manera que su trabajo con su ex banda. El fuego se extinguió hace unas semanas. Y después de un funeral multitudinario en el Polideportivo José María Gatica en Avellaneda, al que asistieron un millón de personas, sus restos fueron depositados en el panteón municipal de Lanús. Garantizando que el cementerio estará encantador todas las noches. Hasta el fin de los tiempos. O hasta que nos extingamos como humanidad. Lo que pase primero.


Google Reviews