I. EL MAR ERA ENTONCES
SóLO UN NIÑO
Amediados de los años ochenta, Vicente Quirarte empezó a visitar la ciudad de Campeche durante un par de veranos por el acuerdo entre Austin College, donde fue profesor visitante, y la Universidad Autónoma de Campeche. El mar de la bahía de Campeche dista mucho de Bahía Magdalena donde el poeta avistó por primera vez una ballena gris como la que soñó tras la lectura de Moby Dick de Herman Melville. En ese mar sin olas que parece un lago, forjó una profunda amistad con el cubano Nelson De Vega quien le presentó a Enrique Pino, Tomás Arnábar Gunam y Manuel Gantús. La leal cofradía campechana de Vicente.

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En esos años, Quirarte realizó su investigación para El azogue y la granada: Gilberto Owen en su discurso amoroso con el que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas 1990 y además fue su tesis para el grado de maestro en Letras Hispánicas, con orientación en Letras Mexicanas. Dicho escrito, en su primera edición, está dedicado “Al abrigo del clarísimo nombre de Nelson De Vega.” Al cubano que se convirtió en campechano y a su vez, bautizó campechano al poeta chilango.
EN SU DISCURSO DE INGRESO A EL COLEGIO NACIONAL, VICENTE QUIRARTE SE PREGUNTA: ‘UN GRAN POEMA, ¿SE CONSTRUYE O NOS CONSTRUYE? INICIALMENTE NOS DESTRUYE AL PONER EN DUDA TODO CUANTO ANTES CONCEBÍAMOS DE LA CREACIÓN VERBAL’.
Conocí a Vicente Quirarte en 1986. Asistí a su taller literario que durante unos meses ofreció en sustitución de Hernán Lara Zavala, quien se fue a estudiar a la Universidad de East Anglia, y se impartía en los salones de la ex Casa de la Cultura de Campeche. Bajo las aspas de los ventiladores en un aula del siglo XIX, a cuarenta grados a la sombra, Vicente nos trasmitió su pasión por Arthur Rimbaud, Luis Cernuda, Xavier Villaurrutia y Rubén Bonifaz Nuño.
Así inició mi amistad con Vicente que me marcaría para siempre, como mentor y hermano mayor que nuca tuve.
II. BAJO LA MIRADA DE CATHERINE DENEUVE
Después de la entrega del Premio Xavier Villaurrutia, en 1991, por esa obra maestra llamada El ángel es vampiro, Vicente me invitó a colaborar con él en la Dirección General de Publicaciones de la UNAM con el argumento de que “Es bueno haber estudiado una profesión, pero es importante contar con un oficio: serás editora”.
Entrando a la oficina de Vicente, frente a su escritorio se encontraba un pizarrón de corcho con la imagen de Catherine Deneuve cuando celebró 50 años. Bella, seductora, una Marianne madura a punto de iniciar una revolución francesa con tan sólo entreabrir los labios. Vicente que nunca dejó de escribir siquiera en la oficina, veía a Catherine y encontraba la hebra del poema, el ensayo o la narración. Y casi nos obligaba a persignarnos ante la Deneuve.
Así tuve el honor de iniciar mi tarea revisando las galeras de la Bibliotheca Scriptorvm Græcorvm et Romanorum Mexicana y Al siglo XIX. Ida y Regreso; y escribiendo los comentarios de la contraportada de la colección Poemas y Ensayos. Vicente me enseñó el peso de la sobriedad en una serie como El Ala del Tigre en interiores impresos en Clásico premier y forros en cartulina Tiziano.
Guio mis pasos como poeta y fue el editor de mi primer libro. Me apoyó en mis incursiones al frente de distintas instituciones. Fue un hermano mayor atento y amoroso. De él aprendí la elegancia de redactar misivas sobre opalina holandesa y el trazo suave de la pluma fuente, el placer de comer flautas los martes con don Rubén Bonifaz Nuño en la oficina y contarnos chistes bobos, y el tatuaje de la tipografía sobre el papel Fabriano. Brindamos con Fernando del Paso y Jorge Esquinca con Caballito Cerrero o Herradura blanco, creamos un menú llamado “Degustación”, junto con Frédéric-Yves Jeannet, para celebrar a Michel Butor, y lentamente paladeamos un whisky escocés mientras escuchábamos esa voz solar de Eliseo Diego al revisar sus pruebas del Libro del quizás y del quién sabe y nos acompañamos en el entierro de Guillermo Fernández como dos huérfanos de padre.
Sin duda fue el momento formativo más importante de mi vida, lo que sé, lo que en gran parte soy hoy, se lo debo a Vicente Quirarte.
III. LA PALABRA ES ALGA QUE SUBE POR EL BRAZO
En su discurso de ingreso a El Colegio Nacional, Vicente Quirarte se pregunta: “Un gran poema, ¿se construye o nos construye? Inicialmente nos destruye al poner en duda todo cuanto antes concebíamos de la creación verbal”. Desde sus primeros libros surgieron los temas de Quirarte: la mujer, el mar y las ballenas, Arthur Rimbaud, laCiudad de México, el vampiro y el ángel, el deseo y la muerte. Abordó todos los géneros literarios pero la poesía siempre fue el centro de su universo creativo.
Releyendo sus poemas deduzco que siempre es y será joven, como lo asentó Villaurrutia, porque Vicente nunca dejó de escribir lo que deseaba, porque siempre encontró un lenguaje nuevo.
No sé cómo se despide una de un hermano mayor, en realidad no habrá manera de decirnos adiós porque siempre estaré a la sombra de su figura. Sólo resta un vacío profundo y la única certeza de la belleza de sus versos en este mundo.

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