The Strokes son la única banda que ha rescatado al rock dos veces en el siglo XXI.
La primera ocurrió en 2001. Cuando irrumpieron con Is This It. Entonces el rock estaba en declive. Los Strokes le devolvieron el peligro. Un grupo de drogos que abrevaban de The Velvet Underground y cuyo sonido no pretendía nada excepto devolvernos la raíz primaria del rock: guitarrazos y más guitarrazos. Los efectos de ese renacimiento perduran hasta nuestros días. Sin embargo, después de rejuvenecer al género, la urgencia por repetir la hazaña los convirtió en víctimas de ellos mismos. Sus siguientes discos no consiguieron replicar aquel huracán. Había sido un fenómeno único. Y se dedicaron a rebotar entre paredes lejos de la luz, con una que otra enormísima canción, pero ningún álbum para subir a la cruz.
La segunda ocasión fue en 2020, con el lanzamiento de The New Abnormal. Tuvieron que pasar 19 años para que la banda consiguiera volver a la cima de las cimas. Entonces el rock estaba en un aprieto al cual nunca se había enfrentado: una pandemia. Que impedía que hubiera conciertos. Pues bien, The Strokes le puso soundtrack a la pandemia. De la mano de Rick Rubin, legendario por sus producciones, rescató algo que todos dábamos por irrescatable. Nadie esperaba ya nada de The Strokes y bum. Salieron de su tumba recodificados. Y eso le dio al rock un empuje que tanto necesitaba. Durante la pandemia no se habló de otra cosa. Entonces entendimos lo que muchos niegan a la primera oportunidad, que el rock todavía importa.
Seis años después The Strokes están de regreso con Reality Awaits. Más de uno sentimos terror. La principal incertidumbre era: ¿superará a The New Abnormal? La respuesta llega a la primera escucha, no, no lo superó. Sin embargo, la banda consiguió romper esa maldición que los persiguió dos décadas: por fin entendieron el concepto de disco, ése con el que habían dado por casualidad con Is This It y al que luego regresaron gracias a la mano santa de Rubin. Por fin, después de tanto tiempo The Strokes aprendieron a hacer discos. Y esa es la buena noticia.
Como álbum Reality Awaits no tiene fisuras. Habrá algunas canciones que aisladas puedan no conseguir efecto alguno, pero dentro del conjunto son indispensables. Algo queda claro, esta ya es otra banda. Esta ya no es una banda de garage. Y sí, está más conectada con The New Abnormal que con los discos del pasado. Hay tanto qué descubrir en las canciones. Un nuevo sonido que algunos han criticado por el uso del autotune, o la inclusión de cuerdas o metales. Pero es precisamente eso, las distintas texturas que hacen de este disco una experiencia sensorial. Entiendo que a los amantes del desmadre, les haya disgustado. Pero no siempre las bandas maduran en la dirección en que nosotros queremos.
Pero lo mejor de todo es que a pesar de los cambios, la banda sigue fiel a sí misma. El dramatismo que le imprimieron al primer track, “Psycho SHT”, no puede edificarlo nadie que no sean The Strokes. Lo mismo puede decirse de “Dine N’Dash”, suena a puro y duro The Strokes. Y lo mismo ocurre con las otras canciones, por muchas licencias que tomen. Aunque haya ritmos tropicales o alguna intro nos recuerde a Radiohead.
Reality Awaits es el mejor disco de The Strokes después de Is This It y The New Abnormal. Alégale al ampáyer.
ESA ES LA TRAMPA DE THE STONES, QUE PIENSAS QUE YA NO TIENEN TRUCOS BAJO LA MANGA Y RESULTA QUE SÍ, QUE TODAVÍA NO HAN AGOTADO SU ESTELA
LENGUAS FULANAS
Es curioso, The Rolling Stones siempre se están separando. Pero también siempre se están uniendo. He ahí una explicación para la ilustración de la portada de Foreign Tongues. Un Frankenstein formado por retazos de Jagger, Richards y Ron Wood. Y es que eso es lo que más enamora del cascajo, no les da frío aceptar y evidenciar que se están desmoronando. Eso en cuanto se refiere a la carne, porque en lo musical les ocurre todo lo contrario. Son como La sustancia.
La primera escucha del nuevo disco no despertó mi excesivo interés. Sabía que no sería mejor álbum que Hackney Diamonds, así que no me lo tomé personal. “In the Stars” me recordaba a Los Stones de los 80s. No estaba mal, pero no lo sé, Rick. No sé cómo ocurrió, pero de repente ya estaba escuchando el disco a diario. En el carro, en los audífonos mientras paseaba al perro, de fondo mientras escribía mis columnas. Como la mejor de las drogas, no me di cuenta, cuando menos acordé ya estaba enganchado. Y sí, me volví adicto a ese sonido que en un principio me dio lo mismo. Esa es la trampa de The Stones, que piensas que ya no tienen trucos bajo la manga y resulta que sí, que todavía no han agotado su estela.
Lo que primero me capturó de verdad fue el country de “Ringing Hollow”. Ahí me di cuenta de que estaba ante un señor disco. Entonces después de muchos tracks dinámicos apareció una baladita “Some of Us”. No me odien, pero de los últimos dos discos de Los Stones mis tracks favoritos son las rolas de Keith Richards. Las que él canta. Basta escuchar los últimos segundos de la rola, cuando Jagger y Richards cantan al mismo tiempo para darse cuenta de que estamos ante un clásico. Un imponderable en las pedas. Al principio pensé que eran muchas canciones, 14, que yo le quitaría un par. Pero ahora he cambiado de opinión.
Los Stones siempre se están despidiendo, incluso Richards dijo que ya no quiere salir de gira, pero también siempre están volviendo. No les da miedo nada. Ni la Inteligencia Artificial, de la que abusaron para rejuvenecerse en el video de “In the Stars”. Al final, el verdadero pacto diabólico no fue con Satanás, sino con la tecnología. Y créanlo o no, están pegando entre la chaviza (creo que esta expresión ya está en desuso, perdónenme). Pero tampoco se olvidan que ya están chupando faros, Jagger dijo hace poco que envejecer es una mierda. Que cumplir 83 no le ha sentado nada bien. Ay, querido Mick, espera a llegar a mis 48 para que veas lo que es sufrir achaques.
Y como siempre están volviendo tenían que hacer una rola a la nostalgia. “Back in Your Life”, rolota entre rolotas, la escribieron en honor a Brian Wilson, de The Beach Boys, quien murió el año pasado, y sin que se nos hiciera verlo en el Corona Capital. Paradójicamente, esa canción suena más a The Beatles que a The Beach Boys. De hecho es una de las canciones de toda su discografía en la que The Stones suenan más a The Beatles que nunca. Y les vale madre.
Foreign Tongues es un disco entrañable, tan emotivo como Reality Awaits. Ojalá se aventaran una gira juntos. Ojalá algún día inviten a Julian Casablancas a un dueto.
20 años del Film Club Café
