Cuando veo un alacrán imagino presagios funestos de muerte enviados por dioses originarios, no por un dios tan raro como el católico-judeo-cristiano-guadalupano. Lleva el dolor de su existencia en su aguijón alzándose en la noche, las piedras, escondido en tu cama, en tus zapatos, en las vigas de un techo o hacia tu mano. Sublevado e iracundo, lleva un mensaje oculto, letal, misterioso. Los alacranes me dan ternura, me despiertan unas ganas infinitas de hacerles una diminuta camita de lino y mimarlos, ponerles en el aguijón una coronita de miel cristalizada, de echarlos a un frasco con formol para que no se hagan daño, el alacrán se auto-lesiona cada vez que intenta o clava en otros con su aguijón, lo sé porque los he visto morir de dolor, tristeza, desasosiego después de atacar, también los he visto reírse bajo una piel muerta ya, desearían ser más amables al tacto, más suaves, más elegantes, desgraciadamente la dureza de su existencia es implacable, son muy arrieros los alacranes, por eso los echan en botellas de mezcal o de cualquier aguardiente. Tengo en casa una botella de gin con un alacrán rubio rojizo dentro, también una botella de mezcal con otro alacrán, ese es negro, ¿cómo llegaron ahí? tras un viaje a Durango el rubio, el negro me lo trajo alguien de los límites de Oaxaca, le costó muchísimo conseguir esa botella, fue un viaje accidentado, su auto pudo besar un barranco.

En esa tierra de alacranes nació Nellie Campobello. Uno de los alacranes más venenosos que tuvo México fue Porfidio Díaz, nacido en Oaxaca, nunca olvides que ese monolito bellísimo de mármol blanco lleva sangre de asesinatos sin sentido, no tiene la culpa de ser tan bonito, ni tan mármol, no es más bello que mi diosa de hierro La Torre Latinoamericana. Entiéndelo, cierta belleza está impregnada de crueldad.
¿Sabes siempre quién eres? De este lado no, lo único de lo que a veces tengo una ligera certeza, a veces ficticia, a veces comprobable: sé muy bien lo que no soy. Es demasiado difícil saber lo que esconde una persona en esos laberintos solitarios de identidades, la persona que asegura ser una, en realidad se desdobla. Francisca Ernestina Moya Luna eligió su seudónimo, es decir: su autobiografía introspectiva, “Nellie” era el nombre de una perra de su madre, Rafaela Luna. El Campobello nació del apellido derivado de su padrastro: Jesús/Stephen Campbell Morton. Cuentan que su padre biológico era alcohólico, ¿sabemos su nombre? sí, ¿importa? A mí no, la figura del padre ausente, bueno para nada, maltratador, deudor alimentario, es un asco total. Su madre decidió cuidarla a ella y a sus hermanos sola. Tuvo una hermana, cinco hermanos. Nellie es un mapa fronterizo complejo, escribió dos crónicas noveladas enormes de lo que nadie se atrevió: la parte de sombra profunda de Chihuahua, ni siquiera las/os historiadoras/es.

La imaginación perturbadora de Nacho Padilla
LA CRÓNICA DEL SIGLO XXI en general es muy pobre, acorde a la escasa altura que en realidad es bajeza cutre de anécdotas personales simplonas, triviales, llenas de clichés predecibles. Siempre me sentiré más cercana de escritoras muertas que nunca quisieron estar “a la moda” que de personas vacuas capaces de todo por un gramo de aprobación o de lo que quieran. Somos demasiadas personas todo el tiempo, esto puede molestarnos al grado de negar, borrar e incluso tratar de asesinar nuestros cambios en el olvido de los otros, jamás en el nuestro, sin duda podemos intentar asesinar nuestras versiones vintage o aborrecibles, somos una especie curiosa, muy torpe a veces. Fabulosas son las apariciones de algo de nosotros que pensábamos enterrado en momentos inesperados.
NELLIE ERA UN SER AÉREO, BAILARINA. Y A VECES REPTABA EN EL PISO PORQUE ES AHÍ DONDE CRECEN CON BRUTAL FORTALEZA LAS EXTENSIONES, ES EN EL PISO DONDE LAS PIERNAS SON CAPACES DE FORTALECERSE COMO SI FUERAS UN COMBATIENTE DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA.
La multiplicidad de nuestras vidas, los múltiples seudónimos, esos bellos sobrenombres de infancia, disfraces, caretas de papel maché o de hierro que al final caen con la misma facilidad con una pequeña llovizna o una caricia tierna en el rostro de otras manos distintas a las nuestras. He visto fieras perras pitbull transformarse en dulces perritas falderas con una caricia bien puesta en el corazón. Mi padre decía que ser “suavecito” sólo podían hacerlo las personas más duras y honestas, pensando en estos fragmentos de nosotras/os que vamos escribiendo con los años siento al seudónimo como una rotunda declaración de guerra. Nellie escribió una época de la que casi nadie o nadie escribía, en una época en que “las mujeres no escribían sobre la guerra”, ¿por qué? Probablemente no estaba “bien visto”, como tantas cosas, esas que señalan, estigmatizan o etiquetan a las mujeres, señoros, señoras misóginas: basta, ¿no tienen otros temas que no sean cosificar personas, incluidas ustedes?, ¿no traen algo más interesante debajo de esos pantalones, vestidos, faldas o lo que sea que llevan tan mal?, sus ropas les quedan maltrechas, ropajes de “me odio”. Siempre he pensado que si eres estúpido o estúpida al menos deberías usar un ropaje de medidas más exactas.
EN ESA ÉPOCA TURBULENTA NELLIE se inventó un nombre que sonaba a nada conocido, algo que no encajaba en ese lugar en el que siempre nos han querido poner, ya sea en un corset de varillas largas que se te meten hasta el pubis o en unos sacos que amarran los brazos. Nellie era un ser aéreo, bailarina. Y a veces reptaba en el piso porque es ahí donde crecen con brutal fortaleza las extensiones, es en el piso donde las piernas son capaces de fortalecerse como si fueras un combatiente de la revolución mexicana, pregúntale a las adelitas, pregúntale al polvo. El apoyo de una barra te da la ilusión de alcanzar altura, un relevé sin tanta ceremonia, la media punta siempre me ha parecido bella. Lo que más me atrae, sin duda, es el demi-plié, cuyos tobillos firmes permiten que las rodillas tengan el control casi absoluto, es una postura rebelde en la danza.

Se puede ser fiera sin ser rebelde, es por eso que las mujeres fieras y rebeldes son temidas por las personas (mujeres/hombres) que las quieren castigar o encerrar en jaulas-estereotipo. Fiera, rebelde y revolucionaria, vaya dinamita. Ella, Nellie, se salió del molde al ponerse el nombre de la perra de su madre, literal.
Existen escrituras nacidas en pieles limpias, en el asombro, en la contemplación, el hastío, la rabia o el aburrimiento. Otras escrituras nacen de las heridas, otras de las cicatrices, estos dos espectros son los que más me interesan cuando se trata de literatura, no importa si es ficción o si es non-fiction, todo es ficción. Las heridas más profundas son literatura subversiva, atraviesan los siglos como navajas en un deshuesadero de autos. Y en medio de un páramo de mentiras de progreso que intentó masacrar a los más pobres nació ella. No los ignoró como hacen tantas personas cuando ven seres hambrientos. Hartos del látigo de las tiendas de raya que creaban deudas de por vida y hereditarias, sí, desde entonces los ElektraCoppel ya existían, en junio de 1915 las prohibió Venustiano Carranza. Aquellos ancianos, jóvenes, adultos y niños se cansaron de que los capataces barrieran el piso con sus caras, que usaran/desecharan sus cuerpos con la misma crueldad salvaje que empleaban con las mulas, mira que a muchas mulas les trataban con más consideración que a ellos, hartos de tragar polvo y olvido como único alimento se sublevaron. En Villa de Ocampo, Durango, en 1900, fecha probable, no certera. Los personajes más interesantes jamás revelan su edad, se ponen un número ficticio, se mueven bajo el amparo de la sombra, se expanden en la umbra del misterio, se muestran sólo en la penumbra.
LA INFANCIA COMO CAMPO DE BATALLA, los muertos como amigos silenciosos, los alacranes desapareciendo, huyendo o enterrados en el polvo mortal de un Cartucho vaciado en un cuerpo fusilado por nada, sólo por el hecho de existir. La Revolución Mexicana no cabe en los inmaculados libros de Historia escritos por aburridas/aburridos historiadores, carecen de sangre, les falta horror, sobre todo, les falta ternura, esa que impregna las inmortales páginas de una crónica rebelde: Las manos de mamá.
Y es el polvo el que siempre acompaña, cubre, esconde y narra a esta autora, con su rumor de cerro y montaña, con ese polvo asesino del perseguidor, polvo protector del perseguido. Su abuelo también le enseñó que sólo los hombres valientes se quedan a levantar en brazos amorosamente a una niña por encima de toda esa roja tolvanera. Y su madre le enseñó que la guerra no se combate con fusiles, que se pelea más bravío cuando no apartas la mirada. Son los pozos de los ojos y la mirada una forma de resistencia silenciosa, más letal que una bala. Ante la sangre, el horror, la desaparición, ante el miedo, ella no cerró los ojos, abrió su mirada, porque los muertos, su sangre, alimentaba su alma, no perdió los detalles ni el asombro, eso nos lo dice en sus fieras crónicas disfrazadas de relatos: Cartucho es una fuerte declaración ética, temeraria. No apartar la vista, existir, resistir, morir en esas miradas, habitar la desaparición y el espanto con la misma alegría, determinación, coraje, ternura y locura con la que miramos el amor, un árbol, una oruga, un alacrán, una rata, a nuestra madre abrazando la esperanza de hijos nacidos en la guerra.
CARTUCHO (1931)
Las batallas en el norte de México no están escritas en su totalidad aún, Cartucho, con sus 33 crónicas/relatos en su primera edición (1931), 56 en su segunda edición (1940), la mirada de Nellie se llenó de pólvora, esos cuerpos colgados que ella vio, siguen apareciendo no sólo en el norte, en el centro, sur y más allá de las fronteras polvorientas. La frontera es una cruel invención que sirve para despedazar vidas, si no me crees, observa bien, guarda silencio, es ahí en donde se mecen dulce o rabiosamente las revelaciones. En domingo por la noche no hablo con nadie, en algunas épocas, si puedo, lo extiendo hasta el jueves o viernes, hace poco una persona me preguntó, sin signos de interrogación por mensaje escrito:
“¿Cómo haces para que vivir sola no te haga sentir tan sola?”

Estaba comiendo en una fondita de la colonia Roma Norte cerca de Veracruz, no estaba en la Condesa, en esos momentos entendí que las personas a veces viven en el profundo desconocimiento de sí mismas/mismos, también desconocen absolutamente mi persona, sentí una conmovedora alegría, el resultado de una vida plena en un vórtice personal lo encontré en el silencio absoluto de mis santuarios: todas las casas, cuartos, departamentos, hoteles, bancas, portales o aceras que elegí como destino. Tras leer Cartucho entendí un poco sobre los caminos de la muerte. Las personas que andan mendigando explicaciones o compañía temen a la soledad, las heridas, la muerte, son limítrofes, les incomodan las vidas ajenas alejadas de los patrones que les impusieron. No me siento sola, ni “tan sola”, jamás me he sentido así en realidad si me autoanalizo, no me agrada cualquier compañía, me alejo de compañías mediocres. Los procesos no acaban al morir, porque somos despojos que otros amortajan. Sólo el letze Mensch se doblega, se rinde ante el confort mediocre o la alucinante “carencia”. Viven desde el outside, enorme problema de la condición humanoide. La existencia maybe va de existir en dimensiones que tal vez primero pasan por el oído (en caso de poder escuchar, no todos nacieron con ese privilegio)... después lo tamiza la vista, la comprensión llega para poner estas complejas dimensiones rumbo hacia la plenitud. Cartucho escucha, Cartucho observa, Cartucho mira sin apartar los ojos del cadáver de la libertad asesinada, cosida con balas. Y en esa mirada empapada de curiosidad más que de miedo, Nellie, no escribe sobre la Revolución Mexicana, escribe desde la Revolución Mexicana, enorme diferencia, el cronista de escritorio es predecible.

La cercanía sonora y visual de Cartucho es demoledora, sentimental, cruel. La mirada de infancia de ella está ahí, las historias no contadas, el misterio autobiográfico, el anonimato colectivo, la desaparición solitaria o en cientos, miles, la crónica realmente relevante capaz de narrar:
Las tripas del general Sobarzo
Bajando por un callejón, sus personajes (ella y otra) escucharon platicar y reírse a unos soldados, llevaban una bandeja en alto, pasaron junto a ellas, guardaba algo rosa que les pareció lindo, aquellos asquerosos les mostraron la bandeja: “son tripas”, ellas no se asustan, preguntan de quién son, justamente ése es el espíritu de Cartucho, narra desde la curiosidad infinita de los niños o de las personas de corazones eternamente jóvenes. Las tripas de un zafio general —qué asco me produce la milicia— para esa niña son bonitas, están enrolladas, son rosa vibrante, el horror no está presente en su natural curiosidad transmutada en literatura, la curiosidad encuentra belleza donde otros ven horror.
CARTUCHO NARRA LA GUERRA, LAS MANOSDE MAMÁ NARRA EL DUELO DE NELLIE PORSU HERMOSA Y VALIENTE MADRE: RAFAELA LUNA QUE MURIÓ DEMASIADO PRONTO, SER QUE PROTEGIÓ A SUS HIJOS EN MEDIO DE LA REVOLUCIÓN
ESA ESCUCHA Y MIRADA PROFUNDA es una de las características más valiosas de Nellie Campobello, los otros escritores de la Revolución Mexicana y la post-revolución como Azuela, Luis Guzmán estaban muy cercanos a la épica política, un caso poético cercano a Nellie desde la escucha y mirada profunda son los hermanos Flores Magón, porque Nellie y ellos crecieron entre balas, las sintieron cerca. A los Magón los persiguieron, los asesinaron, uno de ellos ni encarcelado se doblegó, regresó en tren a su pedazo de patria rota por la ambición de los que no piensan, ni entienden nada, los únicos héroes poetas de este país que le cerraron a punta de letras la boca a un sarnoso como Porquidio Díaz, que les temía profundamente, no todos conjuran con el poder de la palabra.
LAS MANOS DE MAMÁ (1937)
Traidoras y traidores disparan por la espalda, se sabe, se entiende, no hay honor en ese acto, la vulgaridad no tiene códigos de educación básica. A esta calaña le encanta rodearse de los “enemigos imaginarios” de aquellos que detestan. Cartucho narra la guerra, Las manos de mamá narra el duelo de Nellie por su hermosa y valiente madre: Rafaela Luna que murió demasiado pronto, ser que protegió a sus hijos en medio de la Revolución, madre de manos más grandes que el horror, la oscuridad, el hambre, la guerra, ¿cuántas manos de cuántas madres han sido el único refugio de una niña o un niño y cuántas manos de mamás han sido su prisión, tortura, golpes y confusión? Alguien que es cruel, que golpea a un hijo o una hija, no merece dar vida. La tierra fue la compañera de Nellie y su familia. Alice Bag, la punk chicana jugaba a hacer pasteles de tierra que se comía, esto me lo contó hace unas semanas, mujeres como ella me recuerdan a Nellie. Las manos de una madre como ancestra, origen, como nido, cueva, refugio, las manos que ayudan a crecer no lastiman, destino, sepultura, la tierra que cobija a los que vuelven o no de la guerra.

La guerra son muchas cosas, no sólo fusiles. A Rafaela Luna la mataron las crueldades de la guerra, continuó de pie por sus hijas e hijos, esos ojos “cargados en el cañón de un rifle”, esos ojos que recordaban para no auto-sepultarse bajo la tierra. La madre sostiene la casa mientras otros se descuartizan, se despedazan y se canibalean afuera. Tal vez la enseñanza más tierna de Las manos de mamá: abraza con inmensa ternura causas perdidas, podrás entender que asesinan a los que narran verdades y protegen a los que aman, se premia a los mentirosos que fabrican culpables, aplastan inocentes que sólo pedían justicia mínima. Las manos de mi madre, amorosa, fiera, rebelde, insurrecta, insumisa, escritora desde la infancia como yo, pulcra, demoledora, de ella aprendí tanto. Nellie combatió en un territorio masculino, ganó la batalla. Una mujer escribiendo desde la Revolución Mexicana fue un acto insurrecto, revolucionario. Me despido por hoy, entiendan: por un poco de justicia perdieron la vida un puñado de valientes, caminando por el sendero, se sabe que la muerte es un camino largo. Pregúntale a los fusilados, si te atreves. Los fusilados no cerraron los ojos ni ante su propio asesinato, mucho menos ante la muerte. Los fusilados la miraban antes de derrumbarse hacia su amorosa obscuridad.

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