Cine mexicano y su música underground: 1956-1969

En esta entrega Javier Ibarra reseña el libro ¿Picnic a go go o carne radioactiva?, un fascinante rescate bibliográfico sobre las bandas underground y los ritmos juveniles que sacudieron la pantalla grande nacional entre 1956 y 1969. Una travesía sonora que destapa la efervescencia del rocanrol, el garage y la cultura de vinilos que desafiaron el dogmatismo del cine mexicano tras su Época de Oro

Los Sinners
Los Sinners Foto: Especial

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l libro ¿Picnic a go go o carne radioactiva? es posible gracias a PROCINECDMX. Es una investigación a cargo de Ernesto Rivera Planter, Adriana García Torres y Humberto Rauda. Hace un recuento de la música que escuchaba la juventud del cine mexicano de 1956 a 1969. No es un trabajo 100% académico, ya que buena parte del gusto obsesivo por la música juvenil del siglo pasado proviene del coleccionismo y de pinchar vinilos con el proyecto Spin That Shit.

La idea surgió cuando los invitaron a ver la película Blue Demon contra las diabólicas (Chano Urueta, 1968) como parte de la celebración del centenario del nacimiento del luchador. Ahí sale tocando El Klan, una banda que sigue sonando en fiestas underground de amantes del funk, el soul y el R&B. “No es una banda que conozca mucha gente de la que ve cine mexicano; conocen a Los Locos del Ritmo. A partir de eso dijimos: ‘A El Klan lo conocen nada más los coleccionistas’”, recuerda Rivera Planter.

Buscaron a los músicos que continúan vivos, con el enfoque de explorar la música de la juventud urbana entre los años 50 y 60. Por lo mismo, no está enfocado únicamente en el rocanrol; en ese tiempo existían distintas juventudes conviviendo con la música. “El consumo del rocanrol era de cierta clase media acomodada, que tampoco tenía nada que ver con los jóvenes de los barrios que oían música tropical”, señala Rivera Planter.

La diversidad musical que había entre los jóvenes de la época era igual en el cine; por ello, los diferentes géneros cinematográficos se adaptaron a los artistas. Además, agrupaciones como Los Locos del Ritmo replicaban lo que veían en películas estadunidenses protagonizadas por James Dean, como Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955). “El cine americano permeó en la juventud de clase media y empezaron a identificarse con el rocanrol. Muchos tenían familia en el gabacho, podían viajar y comprar discos”, menciona Ernesto.

EL CONSUMO DEL ROCANROL ERADE CIERTA CLASE MEDIA ACOMODADA, QUE TAMPOCO TENÍA NADA QUE VER CON LOS JÓVENES DE LOS BARRIOS QUE OÍAN MÚSICA TROPICAL’, SEÑALA RIVERA PLANTER

Los encargados de hacer cine en México en aquellos años, según el miembro de Spin That Shit, “eran gente adulta superdogmá-tica”. Sin embargo, en la juventud y la moda de ese momento encontraron la promoción que llamaría la atención para llegar a las nuevas generaciones. “Era un truco muy bajo lo que utilizó el cine, pero a la vez surgió el primer rocanrol en español a través de la vedette Gloria Ríos. Ella era chicana y cantó una versión llamada ‘El relojito’, más o menos una adaptación de ‘Rock Around the Clock’ de Bill Haley”, dice Rivera Planter. “A partir deahí como que el rocanrol entró en el cine y los directores empezaron a llamar a los grupos”.

¿Picnic a go go o carne radioactiva?, cuya portada fue realizada por el ilustrador Dr. Alderete, parte de 1956, año en el que el cine mexicano decayó tras la Época de Oro, un periodo donde se hicieron notar actores y cómicos como Pedro Infante y Tin Tan cantando rancheras o boleros. Así, la música que se analiza pertenece a la etapa en la que México buscaba ser una gran urbe.

Por eso hablamos de juventudes y de los grupos poco conocidos que forman parte del cine mexicano, como Los Monjes, quienes son muy importantes porque se salían del molde —explica Ernesto—. El mismo Javier Bátiz, que tenía todo un background de blues, participa en muchas de las películas, pero no se le considera como alguien representativo a pesar de que estaba ahí.

¿Picnic a go go. Carne radioactiva?
¿Picnic a go go. Carne radioactiva? ı Foto: Especial

En cuanto al nombre del libro, ya que quienes están detrás del proyecto son melómanos, tiene que ver con la canción del compositor Pablo Beltrán Ruiz titulada “Picnic a Go-Go”, elegida para “representar una parte adulta, ñoña y medio fresa de las orquestas que integraron el rocanrol a su repertorio”, según Rivera Planter. Por otro lado, el título se relaciona con Los Sinners, un grupo mexicano de garage que aparece tocando su tema “Rebelde radioactivo” en Simón del desierto (Luis Buñuel, 1965). En el filme, Silvia Pinal, interpretando al Diablo, lleva a cabo un frenético baile llamado “Carne radioactiva”.

En la publicación igual se encuentran referencias al músico Pérez Prado, clave en distintas décadas al innovar con subgéneros como el mambo a go-go. Rivera Planter también destaca al trompetista de jazz Chino Morán en Las bestias jóvenes (José María Fernández Unsain, 1969), una película que, explica, “se sale de toda cosa banal de los 60”.

Otro largometraje relevante es 5 de chocolate y 1 de fresa (Carlos Velo, 1968), con música de Los Dug Dug’s; rompe lo convencional al presentar a Angélica María interpretando a una monja que se come unos hongos. Esto para la época probablemente debió de ser censurado, pero sin duda retrata la efervescencia rebelde de la juventud.

Sobre el apoyo por parte de PROCINECDMX, la investigación que pareciera ser de nicho rompe con las temáticas habituales de la institución. En la obra también destaca la aparición de emblemas del rock mexicano: Pepe Rojo (Los Beatniks), Tuti Martínez (Los Teen Tops), Javier de la Cueva (Los Hooligans) y Alberto Vázquez.

A futuro, los investigadores buscarán hacer otro volumen para abarcar décadas posteriores en las que la música se volvió más psicodélica y experimental dentro del cine hecho en México, como en los 70, cuando, según Ernesto, “todo comenzó a tornarse más crudo”.

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