EL PODER DE LOS SILENCIOS
Ahora me muero, pero tengo muchas cosas que decir todavía. Estaba en paz conmigo mismo. Mudo y en paz. Pero de improviso surgieron las cosas. Ese joven envejecido es el culpable. Yo estaba en paz. Ahora no estoy en paz. Hay que aclarar algunos puntos. Así que me apoyaré en un codo y levantaré la cabeza, mi noble cabeza temblorosa, y rebuscaré en el rincón de los recuerdos aquellos actos que me justifican y que por lo tanto desdicen las infamias que el joven envejecido ha esparcido en mi descrédito en una sola noche relampagueante. Mi pretendido descrédito. Hay que ser responsable. Eso lo he dicho toda mi vida. Uno tiene la obligación moral de ser responsable de sus actos y también de sus palabras e incluso de sus silencios, sí, de sus silencios, porque también los silencios ascienden al cielo y los oye Dios y sólo Dios los comprende y los juzga, así que mucho cuidado con los silencios. Yo soy responsable de todo. Mis silencios son inmaculados. Que quede claro. Pero sobre todo que le quede claro a Dios. Lo demás es prescindible. Dios no. No sé de qué estoy hablando. A veces me sorprendo a mí mismo apoyado en un codo. Divago y sueño y procuro estar en paz conmigo mismo. Pero a veces hasta de mi propio nombre me olvido.
Roberto Bolaño, Nocturno de Chile, Anagrama, 2014.
LA FIL DE GUADALAJARA
La FIL de Guadalajara es muy divertida, pero es terriblemente cansada para un editor si realmente hace su trabajo. Debe estar en el piso del estand de su editorial y prestar atención, escuchar, observar y ver qué es lo que está buscando el público.
Además, en el día a día, hay que sumarle reuniones con otros editores, agentes literarios, autoridades culturales, desayunos, comidas y cenas con autores; presentaciones de novedades, reuniones para nuevos proyectos editoriales, y así se pasan todoslos días que dura la feria. […]
La gente cree que una editorial lleva ejemplares de todo su catálogo, y más si es una empresa grande como Planeta. Eso es imposible. Se llevan los títulos más vendibles y las novedades del catálogo y se calcula la venta aproximada.
En un principio, los críticos decían que la FIL de Guadalajara no iba a funcionar, que era demasiado caro tener presencia en ella, pero rápidamente ganó su lugar entre el público, los editores y las editoriales, locales y extranjeras. Puede ser que la inversión para tener presencia en la feria sea alta: sin embargo, vale la pena porque no sólo se trata de las ventas —de hecho, en la mayoría de los casos, una editorial sale tablas. También se trata de la imagen de la empresa que se desee proyectar y de qué se puede aprender sobre el mercado editorial, los consumidores, las tendencias y los gustos de la gente.
René Solís, Ente libros y editores, Memorias, Tusquets, 2024.
UN ESCRITOR ÚNICO
El cuento que les propongo es sencillo. Nada hay en él de acertijo o misterio innombrado, una metáfora no hay, una sola no debe haber. El cuento que les propongo tiene un personaje único que mira el reloj único de su habitación única. La repetición exhaustiva del adjetivo único cumple el propósito único de recordar que el personaje único es un buen hombre desamparado y que el inventario de sus posesiones no admite el plural. El personaje único aparece en el cuento en el momento único en que mira, con atención sospechosa de enfermedad o locura, las agujas del reloj único. La aparición única del personaje único no está condicionada o sujeta por hora alguna de la noche o el día. El personaje único utiliza un gesto único para efectuar un acto único. El acto único de mirar las agujas del reloj único. El gesto único es un gesto de espanto único o cualquier otro término que aluda a un horror único retenido en el rostro. Porque el personaje único no duerme. El personaje único hace diez días que no duerme. Los ojos del personaje único muestran un cansancio de veinte. El cuerpo del personaje único muestra un cansancio único mezclado con los signos fatales de la derrota, diez días con pausa única para comer y beber y padecer el cansancio único mezclado con los fines de la derrota. Procede una aclaración única: el personaje único tiene un sueño único, ineludible como la muerte y el día, como la noche. El personaje único sueña en su sueño único que no duerme. El personaje único sueña la sucesión de las auroras frente a un espanto único o cualquier palabra que aluda a un horror único retenido en el rostro. El personaje único aguarda cada amanecer el cansancio de otro día despierto. El personaje único aguarda cada noche el sueño único de que esta despierto.
Luis Rafael Sánchez, “Ojos de sosiego ajenos”, Cuentos completos, Selección e introducción de Efraín Barradas, Planeta, 2025.
AGUAS DEL SUBCONSCIENTE
Hemos pasado a menudo en esta masa de recuerdos del mar o ideas del mar que vive en la profundidad de nuestras mentes. Si uno pide una descripción del subconsciente, incluso la respuesta simbólica será que es como un agua oscura en la que la luz desciende sólo a corta distancia. Y también hemos pensado en que el feto humano tiene, en una etapa de su desarrollo, vestigios de agallas. Si las agallas son un componente del desenvolvimiento humano, no es irrazonable imaginar una mente paralela. Si existe una vida-recuerdo lo bastante fuerte como para dejar su símbolo en forma de huellas de agallas, los símbolos preponderantemente acuáticos de subconsciente individual pueden muy bien indicar la existencia de un grupo psíquico-memorial que es el fundamento de todo el subconsciente. ¡Y qué cosas deben de haber allí! ¡Qué monstruos y enemigos, qué miedo a la oscuridad, a la presión y a la rapiña! Hay numerosos ejemplos donde incluso los invertebrados parecen recordar y reaccionar ante un estímulo que no es lo bastante violento como para causar la reacción. Quizá después del mar, el concepto más fuerte en nosotros es el de la luna. Pero la luna, el mar y la marea es una sola cosa. Incluso en nuestros días, la marea establece, aunque mínima, una diferencia de peso.
John Steinbeck, Por el mar de Cortés, trad. María Teresa Gispert, Luis de Caralt, 1990.
CONDENADO AL RECUERDO
Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga. Desde esta altura me contemplo: grande, tendido en un valle seco. Me rodean unas montañas espinosas y unas llanuras amarillas pobladas de coyotes. Mis casas son bajas, pintadas de blanco, y sus tejados aparecen resecos por el sol o brillantes por el agua según sea el tiempo de lluvias o de secas. Hay días como hoy en los que recordarme me da pena. Quisiera no tener memoria o convertirme en el piadoso polvo para escapar a la condena de mirarme.
Elena Garro, Los recuerdos del porvenir, Alfaguara, 2019.
