Algo sobre la neurociencia de la psicoterapia

Algo sobre la neurociencia de la psicoterapia
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Un tema de gran interés en la ciencia contemporánea se refiere a los efectos de la psicoterapia sobre las redes neurales de nuestro cerebro. Es cierto que la terapia psicológica actúa a través de la comunicación y la interacción entre dos o más personas, sin el empleo de medicamentos, cirugía, ni otras técnicas físicas o químicas. Y sin embargo, la evidencia es cada vez más sólida en cuanto a los cambios en la actividad cerebral que pueden inducirse mediante el lenguaje y la actividad interpersonal.

En primer lugar, ¿es posible inducir cambios cerebrales específicos en personas que padecen depresión, sin usar medicamentos? Una manera de estudiar esto es a través del efecto placebo. Es bien sabido que un porcentaje de las personas que padecen dolor o depresión tiene un alivio de los síntomas cuando se le da una sustancia inerte. Esto requiere, probablemente, del mecanismo psicológico conocido como sugestión: es decir, la persona que recibe el placebo tiene confianza en la persona que administra el tratamiento y cree que recibe un principio químico o mágico activo.

En el caso de la depresión, los estudios farmacológicos iniciales mostraban que una tercera parte de los pacientes mejoraba con el uso de placebo.1 Para explicarse esta mejoría, una investigadora estadunidense, la doctora Helen Mayberg, se dio a la tarea de conocer cuáles eran los efectos cerebrales inducidos por el placebo. Sus investigaciones mostraron que el efecto placebo induce cambios en el sistema nervioso semejantes a los que se observan con el uso los medicamentos antidepresivos, pero de menor extensión y solamente en algunas estructuras cerebrales. En comparación con el placebo, el efecto de los medicamentos involucra más regiones cerebrales relacionadas con los estados emocionales y las respuestas corporales a la emoción, como la corteza de la ínsula, que se asocia a muchos de los síntomas físicos de la depresión.2 En todo caso, los trabajos de Helen Mayberg y de otros autores abrieron la puerta para investigar los efectos cerebrales de la terapia psicológica, que no depende de un principio químico o farmacológico, sino de las palabras y de la interacción entre personas. ¿Pueden enseñarnos algo las neurociencias sobre el mecanismo de acción de la psicoterapia?

Un estudio pionero evaluó el metabolismo cerebral de personas con depresión mayor, mediante un equipo tecnológico llamado tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés). Este equipo permite a los investigadores medir los cambios metabólicos que se producen en el cerebro durante la actividad mental, sensorial o motora. Los pacientes llevaban al menos seis meses sin recibir tratamiento. Trece pacientes fueron tratados con psicoterapia interpersonal, y quince recibieron un medicamento antidepresivo, llamado venlafaxina. Seis semanas después de iniciar el tratamiento, ambos grupos habían mejorado significativamente, con una ligera ventaja para los que recibieron el medicamento. Al repetir el estudio de PET, se observaron cambios importantes en ambos grupos, pero los pacientes con psicoterapia tenían un signo distintivo: un cambio de actividad en una región cerebral conocida como “giro del cíngulo posterior”.3 Esta estructura está relacionada con el procesamiento de emociones.

"En primer lugar, ¿es posible inducir cambios cerebrales específicos en personas que padecen depresión, sin usar medicamentos?".

Aunque los estudios de psicoterapia e imágenes cerebrales no son muchos, la técnica mejor investigada es la terapia cognitivo-conductual. Entre otras cosas, esta terapia busca modificar las distorsiones cognitivas de los pacientes con depresión (es decir, los patrones de pensamiento que distorsionan la realidad mediante expectativas negativas exageradas). Las distorsiones cognitivas, a su vez, llevan a los pacientes a desarrollar comportamientos inadecuados, y esto produce malos resultados, con lo cual se genera un círculo vicioso. Hipotéticamente, este defecto cognitivo-conductual podría estar asociado a un funcionamiento alterado en la corteza prefrontal, ya que esta parte del cerebro se especializa en el análisis de los problemas del individuo para buscar las alternativas más eficaces.

Se sabe que la corteza prefrontal funciona de manera deficiente en la depresión mayor. Por lo tanto, si la terapia cognitivo-conductual trata de corregir esas distorsiones cognitivas, también debería normalizar la actividad de la corteza prefrontal. Con esta hipótesis de trabajo, se han llevado a cabo varios estudios en centros de investigación de Estados Unidos y Europa, que analizan sobre todo los cambios en el metabolismo cerebral provocados por la terapia, mediante la técnica de PET, o los cambios en la respuesta hemodinámica (es decir, los cambios de flujo sanguíneo cerebral en respuesta a la actividad mental), mediante la técnica conocida como resonancia magnética funcional. Sin embargo, como suele suceder, los resultados obtenidos no son siempre los que esperamos.

Un grupo de investigadores hicieron una revisión sistemática del tema,4 para encontrar los patrones comunes, y los resultados fueron los siguientes. Se encontraron diez estudios de imágenes cerebrales. En todos los casos, se demostraron cambios en la función cerebral con el uso de la terapia. No se observó, de manera consistente, la esperada normalización de la actividad prefrontal. De todos los cambios inducidos por la terapia en pacientes con depresión, el más consistente fue la disminución de la actividad del cíngulo anterior, en su parte dorsal. ¿Qué significa todo esto? En realidad, se trata de una buena noticia, ya que esta parte del sistema nervioso forma parte del circuito cerebral de las emociones, pero de hecho es una región que se especializa en la respuesta emocional frente a amenazas y estímulos dañinos para el individuo, al margen de que sean estímulos físicos o sociales. Por ejemplo, es una región que se activa cuando hay fenómenos de dolor social.

La terapia psicológica actúa a través de la comunicación y la interacción entre dos o más personas, y depende del intercambio de mensajes verbales y no verbales entre quien otorga y quien recibe la terapia. Esto puede generar cambios permanentes, porque se genera una transformación en los hábitos de vida, en los patrones cognitivos, en las conductas que refuerzan el aprendizaje, y porque los significados emocionales de nuestros recuerdos son reevaluados y reinterpretados. Y la evidencia es cada vez más mayor en cuanto a los cambios físicos observables en la actividad cerebral que suceden durante la transformación psicológica. En un plano filosófico de discusión, todo esto es relevante porque supera la separación tradicional entre el cuerpo y la mente.

Referencias

1 F. López-Muñoz, C. Alamo, “Monoaminergic Neurotransmission: The History of the Discovery of Antidepressants From 1950s Until Today”, Curr Pharm Des. 2009; 15 (14): 1563-1586. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/19442174.

2 H. S. Mayberg, J. A. Silva, S. K. Brannan, et al., “The Functional Neuroanatomy of the Placebo Effect”, Am J Psychiatry. 2002; 159 (5): 728-737. doi:10.1176/appi.ajp.159.5.728

3 S. D. Martin, E. Martin, S. S. Rai, M. A. Richardson, R. Royall, “Brain Blood Flowchanges in Depressed Patients Treated with Interpersonal Psychotherapy or Venlafaxine Hydrochloride: Preliminary Findings”, Arch Gen Psychiatry. 2001; 58 (7): 641-648. doi:10.1001/archpsyc.58.7.641

4 G. Franklin, A. J. Carson, K. A. Welch, “Cognitive Behavioural Therapy for Depression: Systematic Review of Imaging Studies”, Acta Neuropsychiatr. 2016; 28 (2): 61-74. doi:10.1017/neu.2015.41