Bifo y Naomi

El sino del escorpión

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Al fondo de su grieta en el muro, el alacrán fatiga los muchos diarios del Covid-19 esparcidos en redes sociales, publicaciones digitales y aun en las impresas (¿las recuerdan?), donde las personas escriben su versión de la pandemia, cómo la viven y enfrentan en distintas partes del mundo. Esas memorias tendrán valor documental en el futuro, pero no le tomen a mal al venenoso lamentar la mala calidad de lo publicado con el apresurado afán de cronicar o narrar la tragedia.

La falta de hondura y perspectiva de esos escritos hace su lectura un tanto inútil, comprueba el arácnido, ya sea por su incapacidad de levantar la mirada y ver con amplitud el panorama, ya por no reflexionar más allá del fútil detalle cotidiano (mi trabajo en casa, mi comida, mis películas, mis lecturas aquí encerrado), ya por su melodramático intento de registrar emociones humanas complejas, o bien por su impúdica intención grillesca o de propaganda. A su vez, en el periodismo de la pandemia no caben más articulistas-epidemiólogos, columnistas-matemáticos y reporter@s interpretando gráficas y cifras.

No son  grandes benefactores sociales en esta crisis, sino sus grandes beneficiarios .

El alacrán afina entonces su aguijón para recomendar las “Crónicas de la psicodeflación”, del italiano Franco Bifo Berardi, y los textos de la escritora y activista canadiense Naomi Klein. La escritura de Bifo es “de segundo piso”, con indagaciones psicoanalíticas y poéticas sobre la deserotización de la relación social y el extrañamiento o la irrealidad de la experiencia pandémica: ¿cómo percibiremos el cuerpo en la calle, en el café, en la cama al salir de la cuarentena? ¿Se mantendrá el miedo instintivo a los labios, la boca, el sexo del otro? Ese mismo cuerpo, regresado por la enfermedad al campo económico y discursivo, ¿será ahora el enemigo? Bifo destaca cómo la desaceleración económica frena la reproducción del capitalismo pero, al mismo tiempo, interrumpe la posibilidad de transformarlo y nos acerca a la salida del hipercontrol, a la vía tecnológico-totalitaria.

Hacia ese rumbo se encaminan, contrautópicamente, los escritos de Klein, para hacernos repensar en Oracle, Amazon, Microsoft, Facebook, YouTube, Google y demás, como los nuevos mediadores tecnológicos de la vida.

Esos corporativos no son nuestros salvadores y “grandes benefactores sociales” en esta crisis, sino sus grandes beneficiarios, apoyados en la doctrina capitalista del shock pandémico, el new deal de la pantalla, en proceso de regir el futuro mediante el rastreo de datos, el comercio electrónico, la telesalud, la escuela virtual y hasta los gimnasios y las cárceles en casa, como parte de una propuesta muy rentable sin el biopeligroso contacto humano. Nuestro Black Mirror se gesta mientras las personas mueren infectadas.