50 años de Ziggy Stardust

David Bowie o la fluidez de género

Si bien la modernidad líquida de la que habló el polaco Zygmunt Bauman a inicios del siglo XXI conllevaba
una carga negativa, que hacía alusión al estado volátil de nuestros tiempos, sin valores sólidos, lo cierto
es que los valores variables se han poblado de acepciones positivas. Es el caso de la fluidez de género, y uno
de sus primeros representantes, señala Veka Duncan, puede ser David Bowie. En los años setenta, el compositor,
letrista, cantante y performer británico evocó imágenes femeninas que dotaron de ambigüedad su imagen, su identidad sexual.

David Bowie
David BowieFoto: Masayoshi Sukita / Cortesía Warner Music
Por:
  • Veka Duncan

Ese 16 de junio de 1972, un alienígena rockero irrumpió, acompañado de sus arañas marcianas, en la escena musical global. Enviado a la Tierra para salvar a la humanidad de un inminente apocalipsis, su popularidad marcó su fin, triste ironía que refleja el ego que consume a las estrellas del escenario. No se trata del argumento de una película de ciencia ficción, sino del concepto detrás de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, quinto álbum de David Bowie, que este mes cumplió su cincuenta aniversario. Medio siglo después de su lanzamiento es quizá más vigente que nunca, al anticiparse a la fluidez de género que al fin ha cobrado más visibilidad en nuestras sociedades actuales.

TEATRO Y GÉNERO

Aquel viernes de 1972, la imagen andrógina y de dudosa sexualidad del personaje en el que Bowie se había convertido sacudió a las buenas conciencias. Con Ziggy Stardust transicionó del espíritu folk de sus primeros éxitos a convertirse en el rey —y la reina— del glam. También marcó el inicio de una nueva forma de concebir sus discos y sus giras como obras conceptuales que se acercaban a las prácticas del performance. Éste comenzaba a marcar el rumbo del ámbito artístico, tomando prestado a su vez el concepto de obra de arte total que desde la Secesión Vienesa y con mayor fuerza a partir del surgimiento de la Bauhaus había cobrado una gran relevancia en el arte del siglo XX, particularmente en el contexto de las vanguardias.

En el proceso, el acercamiento al teatro fue fundamental. A finales de los años sesenta, Bowie comenzó a tomar clases con Lindsay Kemp, reconocido actor, mimo y coreógrafo británico. Su influencia sería central para el montaje de la gira de Ziggy Stardust, concebida en principio como una obra teatral. Con Kemp, Bowie desarrolló un espectáculo que por primera vez se acercaba al performance, explorando la danza avant garde, en la que su maestro participaría como mimo. También de la mano de Kemp, Bowie descubrió el teatro kabuki, manifestación artística tradicional de Japón que empezaba a popularizarse en occidente y de esta manera comenzó a incorporar la gestualidad en sus presentaciones. Con la inspiración del kabuki, el diseño de vestuario y maquillaje adquirió un mayor protagonismo, convirtiéndose en una forma expresiva que le permitió seguir experimentando con la manifestación de género.

The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars
The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars

En el teatro kabuki no se permite la presencia de mujeres en el escenario: éste es un espacio exclusivo de hombres. Sin embargo, durante el performance los cuerpos masculinos se transforman; no se disfrazan, sino que devienen otros seres y personas, cobrando incluso una carga femenina. En este proceso, el vestuario y el maquillaje son los vehículos de conversión. Los colores, por ejemplo, marcan el rol del actor en escena: el rojo se utiliza para caracterizar al héroe, el azul y el negro al villano, el verde para fantasmas, el morado representa a la nobleza y los ocres o cafés están reservados para los seres sobrenaturales. En el caso de los personajes femeninos, llamados onnagata, el maquillaje corresponde a la edad y los atributos de la mujer a interpretar y, por lo tanto, a las características que en ella se busca resaltar, enfatizando sobre todo la forma y el tamaño de ojos, cejas y labios.

Desde la introducción de actores masculinos para interpretar roles femeninos en el Japón del siglo XVII, la personificación de las onnagata ha impactado en la forma de concebir el género en la sociedad nipona, como lo ha demostrado Maki Isaka en su libro Onnagata: A Labyrinth of Gendering in Kabuki Theater. En la construcción de Ziggy Stardust, Bowie tomó prestados el rojo y el azul de la dictomía héroe/villano, pero sobre todo hizo claros guiños a la figura de la onnagata para resaltar su carácter andrógino.

Con The Man Who Sold The World, Bowie se presentó con una imagen andrógina en una portada con claras referencias prerrafaelitas, grupo de artistas en la Inglaterra victoriana

FEMINIDAD Y AMBIVALENCIA

Los referentes visuales femeninos de Ziggy Stardust no se quedan tan sólo en el ámbito de la teatralidad: en la conceptualización de su personaje, Bowie también incorporó elementos de la cultura pop, como hizo a lo largo de toda su carrera. A partir de la década de los sesenta, la fotografía de moda cobraba cada vez mayor relevancia como un lenguaje visual transgresor, a medida que las revistas y los propios diseñadores comenzaban a cuestionar las formas tradicionales de la feminidad. En ese contexto apareció el rostro de Grace Coddington en la portada de Vogue: su cabello pelirrojo y cara pálida marcaban la pauta de la belleza británica. Fue a partir de esa imagen que Bowie decidió teñir su pelo de rojo, homenaje al ideal de feminidad de la isla donde se asentaban sus propios orígenes, haciendo a la vez una afirmación de identidad.

Si bien es con Ziggy Stardust que Bowie rompe frontalmente con las convenciones del género, lo cierto es que desde sus inicios experimentó con las maneras en las que éste se expresa, colocándose siempre en el lugar femenino. Desde el lanzamiento de Space Oddity ya se podía reconocer una intención por construirse un cuerpo fuera del orden, con una cabellera larga y desaliñada que, si bien dialogaba con los movimientos hippies en boga en su momento —ya en sí mismos contestatarios—, también comenzaba a jugar con sus facciones finas y ambivalentes.

David Bowie
David BowieFuente: shutterstock.com

Con The Man Who Sold The World, Bowie se presentó por primera vez con una imagen andrógina en una portada con evidentes referencias prerrafaelitas, grupo de artistas y poetas fundado por Dante Gabriel Rossetti, John Everett Millais y William Holman Hunt en la Inglaterra victoriana. Imbuidos por el espíritu romántico de la época, su vida y obra estuvo marcada por la melancolía, el idealismo y la disidencia, cuestionando la estricta moral victoriana y la hipocresía burguesa. Envuelto en un ambiente de elaboradas decoraciones con textiles suntuosos, Bowie evocó la estética de estos flemáticos jóvenes ataviado con un vestido azul que de inmediato trae a la mente la imagen de Jane Morris en El vestido azul de seda, de Rossetti. Junto con Elizabeth Siddal, Morris fue una de las famosas musas del grupo, pero a diferencia de la primera, cuya enfermiza imagen reflejaba los ideales de la mujer victoriana, débil y evanescente, Jane representaba a aquella que tomaba su propia sexualidad en las manos. Su condición de prostituta, en conjunto con su osada actitud, la convertían en toda una femme fatale, una devorahombres que obsesionaba a las mentes masculinas del siglo XIX. Al vestirse de azul y montar una puesta en escena que establece un diálogo directo con el retrato que Rossetti le dedica —la cortina roja, los floreros, la seda dispuesta sobre el diván—, Bowie decide identificarse con Jane, mostrándonos a una persona consciente de que está transgrediendo lo que se espera de su género.

“CHANGES”, TOMA DE POSTURA

También en esa época, tan sólo un año antes del lanzamiento de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, Bowie volvió a tomar prestada la imagen de otro símbolo sexual que infringió los límites de lo que significaba ser mujer. En la sesión de fotografías para la portada de Hunky Dory, cuyo arte fue diseñado por George Underwood, Bowie llevó consigo un libro de fotografías de Marlene Dietrich, en quien se inspiró el estilismo tanto de vestuario y maquillaje como, nuevamente, la gestualidad adoptada por el artista. En ese álbum quedó inmortalizado con las manos rodéandole el rostro. El diálogo de un Bowie afeminado con la imagen masculinizada de Dietrich, cuyos trajes, camisas y corbatas la han convertido en un ícono de la comunidad LGBT+, junto con sus relaciones lésbicas y bisexuales, fue uno de los factores que incitaron el cuestionamiento a su sexualidad desde antes del aterrizaje de Ziggy Stardust.

The Man Who Sold The World
The Man Who Sold The World

A pesar de que este constante juego con su identidad de género le cerrara en un inicio las puertas de mercados más conservadores, como el estadu-nidense, fue con Hunky Dory que Bowie se vería catapultado a la fama, y obtendría una buena recepción entre la audiencia, la cual comenzaba a reconocer su sonido y su imagen. Hubo pocas sorpresas para aquellos que con este álbum empezaban a unirse a las filas de lo que al poco tiempo sería un fanbase global, pues no hay que olvidar el arranque del disco con la mítica canción “Changes”. Es toda una declaración de intenciones de lo que será su carrera: una búsqueda permanente de cambios y transformaciones en la que ningún límite es demasiado rígido, ni siquiera el del género.

Con Ziggy Stardust, David Bowie enfrentó al mundo con una realidad no-binaria que pocos querían voltear ver y que, a cincuenta años de su aparición, se nos presenta de manera cada vez más contundente.