De qué hablo cuando no hablo

OJOS DE PERRA AZUL

DE QUÉ HABLO  CUANDO  NO HABLO
DE QUÉ HABLO CUANDO NO HABLOFoto: Cortesía de la autora
Por:
  • Karla Zárate

Llegué a la clínica expulsando sonidos cavernarios desde el centro del pecho. La bata azul apenas me cubría, entré al quirófano. Extirparon las amígdalas, cortaron una, luego otra; unas manos cubiertas por guantes de látex las colocaron sobre una base metálica y fría. Miraba todo de reojo, medio anestesiada, medio despierta. Las anginas ensangrentadas, masas de tejido en forma ovalada, parecían fresas con puntos blancos o corazones palpitantes. Esos apéndices inflamados e invadidos por gérmenes habían obstruido mi garganta casi por completo, eran más grandes de lo que creía. Con el primer trago de saliva punzaron las heridas, raspaba como fuego, me arañaba. Tenía que comer helado de limón, ordenó el médico pero, sobre todo, me indicó no hablar. No pronuncié palabra en días, el cuerpo se expresó por mí.

Desde entonces comunica lo que callo, lo que no verbalizo se manifiesta con síntomas físicos que enmascaran mi angustia emocional. Me enfermo, pero no tengo nada; pregunto qué me pasa, no hay diagnóstico. La migraña aparece en las tardes grises, las dudas de quién soy o qué quiero se agudizan; exijo certezas, no las hallo. Las banalidades me asfixian, los pulmones no funcionan, toso lo que no puedo tolerar. En los ocasos solitarios sufro de asma, en los amaneceres me dan ascos y mareos, vomito el pasado y siento náuseas del futuro; los recuerdos e ilusiones me revuelven el estómago, pirotecnia en las entrañas.

Me sube la presión si tengo miedo; la fiebre quema mis deseos insatisfechos. Palidezco, adelgazo

EL HÍGADO SECRETA BILIS, me da rabia no ser ni tenerlo todo. Con los cambios de estación las alergias amenazan, me lleno de ronchas y erupciones, me pica la vida. Las penas y los resfríos invernales chorrean la nariz; la conjuntivitis sobreviene porque los ojos no pueden llorar. Se me dobla la espalda al cargar conflictos ajenos; los huesos se quiebran, los músculos se contraen al no poder lidiar con mi fragilidad. Se tapan los oídos para no escuchar verdades ni opiniones de los otros. Me sube la presión si tengo miedo; la fiebre quema mis deseos insatisfechos. Palidezco, adelgazo, tengo anemia por la ansiedad de existir.

Tengo la mente afectada de pasión, así como la carne que te ofrezco. Sufrirás el contagio de mí misma. Te dará taquicardia cada vez que me veas. Morirás en mi cuerpo si no entiendes lo que escribo para ti con el sudor de mi piel estremecida y la sangre de mis venas con que firmo.

*Tómame en serie.