Leal y otros poemas

La poesía es, a decir del español Vicente Aleixandre, una sucesión de preguntas que el autor se plantea y para las que no posee una respuesta certera. El Nobel de Literatura 1977 abundaba en la idea: los versos formulan una interrogación cuya respuesta es implícita, porque cada lector la ofrece en sucesivas lecturas. Los versos de Julio Trujillo parecen dialogar con ese concepto, porque al mismo tiempo que se esmeran en una arquitectura de sonoridades, demandan el involucramiento de quien se arriesga en ellos.

Nubes
LealFoto: Pixabay
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QUERÍA DECIRTE

Todo habla.

La médula está siempre deletreándose,

yo no sé cuál: la médula.

Hay mil millones de mensajes arteriales

que en este mismo instante se interpretan

por otros tantos receptores

en íntimo silencio.

Tendones, hay

tendones elocuentes que resisten

la gracia del descanso

como las consonantes de un abecedario

infatigablemente elástico.

Se aman sin tocarse las clavículas,

se llaman.

Dicta la espina su reinado hasta el confín

de una pestaña

(pero una nueva historia nace ahí).

Hay esplendor y decadencia simultáneos,

trombones que celebran su agonía

y cuerdas que jamás

se han afinado.

Ulula un viento fino entre los huesos

como silbido milenario.

Quería decirte,

con la miseria de mis cien vocablos,

que todo es expresión,

que escuches cómo cuando callo estoy

sonando.

LEAL

Alguien quiere volver recién se ha ido,

quien ha llegado, ya

tiene ansias de irse.

Las nubes no están quietas en su sitio

y si lo están por un minuto

no aceptan su volumen.

Basta con prolongar este sonido

para que cambie de carácter

y aspire a consonante la vocal.

Incluso el árbol tiene algo de fósforo

y son una catástrofe

las olas

(no existen,

sólo un sabor a sal queda en la boca).

La novedad fija el espíritu.

¿Se arremolina una secreta coincidencia

en la pupila del tornado?

¿Hay semejanza en la transformación,

franqueza en el discurso

del espejo?

El cambio es permanente,

se está fraguando en su horno la espiral

del vértigo

leal.

SIN TÍTULO

Barrunto lo imposible,

¿qué otra cosa?,

después lo verbalizo muy conmigo

y mato a cucharadas de café

los presocráticos minutos,

patino en calcetines bailarines

las millas de mi ocio,

despilfarro,

acuño una palabra entre dos hambres

como un Adán y Eva,

tiento a Dios,

me desbarranco hasta la silla en donde estoy

sentado bocarriba

figurando,

le digo al pez que hay una geometría

pero al instante me deshago,

voy

como agua adelgazando hacia la fuente,

tanta tinta,

tanto poblar este momento,

ya

volví a nacer para morir de sueño,

volví a morir para avisparme

y ser la picadura,

presente agudizado de alfiler,

exploración

y más

exploración,

¡ganzúa!