Sombras en el jardín de Malva Flores

El pasado 19 de diciembre trascendió la noticia del Premio Nacional de Artes y Literatura 2020 para Adolfo Castañón, que recompensa su labor infatigable, arte combinatoria de la creación y la academia anclada en dos “maestros” de la literatura mexicana, Alfonso Reyes y Octavio Paz, pero que irradia en épocas y direcciones múltiples. “Es un premio, diría yo, al oficio editorial en el sentido fuerte de la palabra”, comentó el escritor distinguido. A su vez, Guillermo Sheridan destacó en el trabajo de Castañón “la heredada certeza de que el mundo existe" para expresarse en libros: "leerlos, criticarlos, platicarlos, corregirlos, editarlos”. Nos unimos a la celebración de este reconocimiento y felicitamos a quien ha sido colaborador asiduo de El Cultural desde el inicio. Su tema en estas páginas es la obra poética y trayectoria crítica de Malva Flores.

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Malva FloresFoto: Especial
Por:
  • Adolfo Castañón

I

El conjunto de ensayos que reúne Malva Flores en este libro toca, de un lado, asuntos relacionados con el ensayo y la crítica literaria, y del otro, con una sociología “de las modas críticas” y con una apología o “elogio de los maestros”. Podría decirse que no es la primera vez que la autora toca estos temas. Recuérdese que en 2010 publicó El ocaso de los poetas intelectuales y la “generación del desencanto” y que en 2014 dio a conocer La culpa es por cantar. Apuntes sobre poesía y poetas de hoy, además de haber publicado un Viaje de Vuelta. Estampas de una revista, en 2011. Además de esta trayectoria crítica y ensayística, Malva es autora de varios libros de poemas, entre los que destaco Ladera de las cosas vivas (1997).

No me es fácil hablar de este libro. La razón es sencilla: soy amigo de Malva y casi podría decir, parodiando el lema de la UNAM: “Por mi Malva, hablará mi sombra”. Hablo de amistad, afinidad y de una incómoda categoría, la de la complicidad. Es la complicidad que une a la persona que se somete a una terapia sicoanalítica con el sicoanalista. No invento. La asociación con el diván viene a mi mente inducida por la sugestiva imagen de la portada que el editor, Juan Luis Bonilla, ha puesto en el libro. Además del diván plantado en un campo verde, aparece un muro con un arco y, en el primer plano, una Venus de Milo algo desfigurada. Diván del analista en el cual está recostada aquí la Poesía que vierte sus buenos y malos recuerdos en el oído alerta de la doctora Flores, quien va anotando en su libreta las recurrencias y los episodios sintomáticos que aquejan al dolido corpus de la poesía mexicana contemporánea y al del ensayo que la custodia como un chaperón a una doncella...

Tras la coreografía de las becas y de los premios, asoma un tema que podría llamarse filosófico o aun ontológico, el del reconocimiento que es paralelo al del conocimiento, el del sistema de reconocimientos que cubre como una enredadera al conocimiento literario mismo o de hecho al conocimiento sin más. Todo esto lleva o toca el tema de la educación y de la transmisión del conocimiento. El punto clave de Sombras en el campus es la paideía, la educación... las formas de la educación y desde luego, al sesgo, los libros de texto.

Aunque a lo largo del libro se detallan y declinan diversos episodios entre intelectuales, universitarios, burócratas, civiles y políticos, me parecería que el tema que en lo profundo subyace a estas elaboraciones o lucubraciones es el del examen de lo que Alfonso Reyes, en su poema titulado “Contra jerigonza”, llama “nueva algarabía”. Con esa “nueva algarabía”, dice Reyes, “nos están mudando el habla / humana por la canina”. ¿Cabría identificar esa “nueva algarabía” con lo que el escritor inglés George Orwell llamó newspeak? Me parece que sí. Diría yo que dicha viciosa dicción es la que informa también al Diccionario del argentino exquisito de Adolfo Bioy Casares (1971). Reyes se desesperaba por el idioma insípido:

De la purga o lamedor

que los físicos fabrican

o de la explosión impúdica

que obra la lavativa,

no sé qué humores revueltos

con resabios de botica

revientan hoy de las letras,

que no por eso se alivian.

Por puntos encontrará,

quien al estudio se aplica,

términos sesquipedales

y una jerigonza inicua

volcados de la redoma

de lenguas mal traducidas;

empañados los sabores

ya de las palabras mismas;

toda una Babel confusa

que a la otra pone envidia;

y al cabo tantos dislates,

que la cuitada Castilla

madre de unas veinte Américas,

no acierta a lograr sus crías.

(“Contra jerigonza”, Alfonso Reyes, Obras completas, tomo X, Fondo de Cultura Económica, México, 1959, pp. 221-222. Firmado en México, diciembre, 1943).

1943, ¿QUÉ RECUERDA esta fecha? Ese año Reyes se encuentra en plena actividad conferenciante, dando sus lecciones sobre la La crítica en la edad alejandrina y sobre el Deslinde. Ese mismo año se publicó El Principito de Antoine de Saint-Exupéry. El mundo se encontraba en plena guerra. El general Francisco Franco llevaba cuatro años en el poder, el ejército soviético rompía el cerco de Stalingrado, Roosevelt visitaba Monterrey y a fin de año, cuando Reyes escribió el poema, Jaime Torres Bodet era nombrado secretario de Educación Pública. También nacía en Mallorca el traductor y editor Carlos García Gual, quien acaba de recibir el Premio Alfonso Reyes 2020. La enfermedad o epidemia del lenguaje de la que hablaba Reyes venía secuestrando las lenguas y las conciencias desde años antes por o a causa de lo que podría llamarse la politización de las letras que viene o que nace con el triunfo de la Revolución Soviética en 1917. Tal vez el proceso empieza antes, como Malva Flores sugiere al evocar el nombre de Émile Zola, indisociablemente ligado al surgimiento de la figura del intelectual y sus dilemas morales.

Más acá, podríamos decir que Sombras en el campus tiene que ver con el surgimiento de dos instituciones que definen el campo cultural mexicano: el Sistema Nacional de Investigadores y el Sistema Nacional de Creadores, entidades a las que la autora pertenece y cuyos mecanismos de control y gobierno conoce desde dentro, como el bíblico Jonás conoció los adentros de la ballena. Sombras en el campus o autobiografía de una sobreviviente que no se ahogó en el seno líquido de la ballena.

Al recibir una carta de Malva, me quedé pensando a quién me recordaba su impulso. No lo dudé: a Rosario Castellanos.
A la prosa crítica de Castellanos, que llegó a la ciudad literaria dispuesta a decir la desnudez de los reyes

II

El libro de Malva no trae índice de nombres. Si lo tuviera, el lector podría comprobar que una de las referencias asiduas y cíclicas de esta máquina de guerra es Octavio Paz, nombre que recorre sus páginas de manera conspicua como el cadáver del Cid Campeador que después de muerto ganaba batallas. El otro autor ampliamente citado es Gabriel Zaid. De la misma manera, cabría decir que la figura del autor de “Piedra de sol”, “la gran roca en el zapato de nuestra poesía” (p. 125), ha magnetizado positiva o negativamente el campo cultural mexicano y específicamente los discursos en torno a la poesía y la crítica... Esa abrasiva radioactividad hará de esta docena de cabos no tan sueltos de Sombras en el campus un libro discutido, vivo, atendible y discutible.

Hace algunos meses, al recibir una carta de Malva, me quedé pensando a qué o a quién me recordaba su vivaz y fresco impulso. No lo dudé un momento: a Rosario Castellanos. A la prosa crítica de Rosario Castellanos, que llegó a la ciudad literaria dispuesta a decir la desnudez de los reyes. Malva Flores comparte esa saludable disposición.

Malva Flores

III

Sombras en el campus... ¿cuáles sombras, las sombras de qué o de quiénes oscurecen el jardín del conocimiento? Son las sombras discursivas de la politización, de la corrección política, del rapto de las letras y de la poesía por las pasiones ideológicas, por la burocracia que acecha y acosa desde el interior al saber universitario. Sombras en el campus pone sobre la mesa de la discusión las diversas corrientes o tensiones que acosan desde su interior a la literatura y por extensión, al saber universitario. En el horizonte está en juego el tema de la educación, la posibilidad de la transmisión del saber y El arte de enseñar (1956), para citar y traer aquí a Gilbert Highet, el autor de La tradición clásica. La cuestión de la educación, indisociablemente ligada a la del canon, está a mi ver en el centro de este enjambre. Cabría hacer una lectura paralela de estas Sombras en el campus con los ensayos de Jorge Cuesta sobre la educación socialista para ver cuánto ha cambiado o no el discurso en torno al tema.

En 1939, durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, se publicó la serie SEP por parte de la Comisión Editora Popular. El libro de quinto año trae en la portada la imagen de una “Escuela socialista”, donde los niños están rodeados de obreros, campesinos y militares; los capítulos finales cierran con una semblanza de Alexis Stajanov y una historia mínima de la Revolución Mexicana

... que concreta en hechos las ansias de los trabajadores del campo y de la ciudad, la propiedad ejidal de la tierra, la nacionalización del suelo patrio, la escuela socialista tan brillantemente impulsada, las leyes proteccionistas del obrero y del campesino y la honestidad que ahora se exige a los funcionarios públicos son realidades alcanzadas a través de una serie de vicisitudes en las que ha sido puesta a prueba la resistencia de los trabajadores (p. 246).

Cabría contrastar estas líneas con los mensajes del libro actual de quinto año, para situar el paisaje más amplio sobre el cual se proyectan estas Sombras en el campus.

Malva Flores, Sombras en el campus. [Notas sobre literatura, crítica y academia], Bonilla y Artigas Editores, México, 2020, 166 pp.

Bibliografía de Malva Flores

Casa nómada, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1999, Joaquín Mortiz, México, 66 pp.

Luz de la materia, Ediciones ERA, México, 2010, 86 pp.

El ocaso de los poetas intelectuales y la “generación del desencanto”, Premio Nacional de Ensayo José Revueltas 2018, Universidad Veracruzana, Xalapa, 2010, 229 pp.

Aparece un instante, Nevermore, Bonobos Ediciones / UNAM, 2012, 78 pp.

La culpa es por cantar. Apuntes sobre poesía y poetas de hoy, Literal Publishing / Conaculta, 2014, 120 pp.

Galápagos, Ediciones ERA, México, 2016, 63 pp.

A ingrata línea quebrada (dos cuentos), Literal Publishing, Houston, 2019, 123 pp.