El sonido del metal

El corrido del eterno retorno

4
El sonido del metalFuente: elagentecine.cl
Por:
  • Carlos Velázquez

El cartel de la publicidad es un tanto engañoso. En él aparece la imagen de un baterista. El título, El sonido del metal (Darius Marder, 2020), también se presta a que pensemos que se trata de una película sobre música. Pero no, es una historia sobre el sonido. Sobre la desaparición de éste. Y la pérdida de la audición.

Rubén, el protagonista, es el bataco de una banda de sólo dos miembros. Él y su novia Lou. Un matrimonio musical que viaja en una casa rodante de gira por Estados Unidos. Repentinamente, Rubén comienza a perder el oído. Lo que supone una tragedia para su profesión. Pero también para su relación. Cada uno de ellos es irremplazable. Lo que parecía ser una vida perfecta se arruina. Una pareja que hace música y vive para la música. Cuya lazo parece sólido como una roca hasta el momento de la caída de Rubén.

Comienza entonces el viaje de un individuo que de la noche a la mañana comienza a sufrir una discapacidad. Y todo lo que conlleva enfrentarse a su nueva realidad. Una que es a su vez la expulsión del paraíso: el baterista será aislado de la participación del mundo de aquellos que sí escuchan. Como un ángel caído, tiene que aprender a habitar ese limbo poblado por otros como él: gente sorda. Para ello acude a una escuela de sordomudos, para instruirse en el uso del lenguaje de señas.

Rubén y Lou se separan. Pero él se aferra con todas sus fuerzas a ese mundo del cual acaba de ser escupido. Y comienza otro conflicto: la lucha por la recuperación del edén. Su incapacidad y su desesperación para oír el mundo se transforman en el centro de la trama. Y gracias a un estupendo diseño de sonido nos adentramos en la mente del personaje. Y lo acompañamos en esa nueva manera de captar los ruidos que antes eran música. Ahora convertidos en algo ininteligible y doloroso.

En Rubén se exhibe cierta desesperación que podría llevar a otros al suicidio

En la escuela para sordomudos Rubén será incapaz de entender a qué se enfrenta: se ve incapacitado para aceptar que ahora sufre de sordera. La negación lo llevará a enfrentarse con el director de la escuela. Un exveterano que sabe que entre más rápido Rubén adopte su convicción dejará de sufrir. Pero él no está dispuesto a derrotarse. En su horizonte está la reconquista de ese mundo perdido del cual forma parte su amor por Lou. Y para aferrarse a él vende sus pertenencias a fin de comprar un aparato auditivo. Pero los resultados no son los esperados y él continúa atascado en un lugar difícil de determinar. Se trata del mundo pero a la vez no es el mundo, porque sin los sonidos que lo acompañan no puede asir su realidad.

La actuación de Riz Ahmed en el papel de Rubén le ha granjeado la nominación al Oscar y al Globo de Oro como mejor actor. La película tiene en total seis nominaciones al premio de la Academia. Se puede ver en Prime. Cuenta con la participación de Amazon Studios. Ha causado sensación porque pone énfasis en la fragilidad de nuestras vidas. Y en cómo no existe ninguna garantía que nos mantenga a salvo y cómo tenemos que adaptarnos en todo momento a lo que el camino nos tiene reservado. En Rubén se exhibe cierta desesperación que podría llevar a otros al suicidio, pero para él se convierte en una misión: quiere desafiar las leyes naturales. Lo cual no conseguirá ni con la ayuda de la tecnología. Descubre entonces que el avance de la ciencia es una falacia. Existen cosas de las cuales la tecnología no nos puede proteger.

Una vez armado con su aparato auditivo, que le arroja un sonido deficiente e intolerable, viaja a reunirse con Lou en Londres. Su reencuentro es afortunado. El cariño de uno por el otro parece no haber sufrido ningún cambio. Pero sí se produce uno: él está incompleto. Y percibe en esa soledad a la que ahora se siente desterrado que Lou no va a poder acompañarlo. Una metáfora que sirve para englobar todas las relaciones que alguna vez fueron prósperas y en determinado momento se terminaron. Por sordera real o metafórica. Sin el sonido del metal Rubén siente que nada lo ata ya a Lou.

Y es allá, lejos, en otro país, donde aprenderá la lección. El ruido de unas campanas le induce una especie de epifanía. El despertar que lo estaba esperando desde hace meses. El momento de la iluminación. Se despoja del aparato para poder por fin escuchar. Para que lo inunde todo ese sonido que rechazaba, que se negaba a oír: el silencio.