A pesar de que pudiera pensarse que la película es tan mala como el pésimo título con el que se han atrevido a bautizar en español la cinta de Ari Aster, El Legado del diablo, la película tiene dos aspectos trascendentales que la ponen muy por encima de las acostumbradas producciones mediocres de terror, con las que se suele bombardear de manera constante el mercado con el afán de aprovechar el inagotable interés que existe entre el público con respecto a este género.
El primero de ellos tiene que ver con que el origen del miedo que aquí no está en los sobresaltos y por lo mismo tampoco en los efectismos, sino en el truculento entramado emocional y el inquietante y casi febril desarrollo del mismo.
El segundo está en el juego visual que se construye a partir de las maquetas y miniaturas —una lástima que lo abandone conforme avanza el relato—, entregando secuencias cuya realización por momentos rayan en el virtuosismo, por un lado dando la sensación de que existe una identidad maligna manipulándolo todo, mientras por el otro se convierten en una mórbida proyección emocional ante la pérdida y la culpa.
La historia, escrita por el mismo Aster, gira alrededor de una familia que busca superar la muerte de la abuela, quien tenía un fuerte lazo emocional con su nieta, además de que le deja una gigantesca propiedad a su hija y a partir de este hecho comienza a manifestar un extraño comportamiento entre situaciones sobrenaturales que conectan pasado y presente.
[caption id="attachment_751442" align="alignnone" width="696"] Foto: Especial[/caption]
Es cierto que el escenario luce elementos más que recurrentes, empezando por la clásica casa plagada de rincones sobrecogedores y ubicada casi en medio de la nada; pero esto cobra otro sentido cuando la enrarecida relación entre padres e hijos detona en atmósferas que transmiten una constante sensación de tragedia, que se vuelve asfixiante y enfermiza.
Se trata de un drama minucioso y calculador —que además cuenta con la interpretación de una Toni Collete enfocada y con oficio— sobre cómo la naturaleza de lo irreparable y la incomunicación, resquebraja la cordura de los protagonistas, redundando en lo escalofriante y lo retorcido, en lo incómodo y lo trágico, extendiendo al máximo ese momento de zozobra previo a la pesadilla, que aunque falla a la hora de hacer explotar el conflicto del todo y no alcanza la intensidad prometida, se sostiene y vale la pena por el poderoso y demencial trayecto.
“Cuando era niño vi El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, una de las mejores películas de Peter Greenaway; la historia se desarrolla sobre grandes escenarios increíblemente fotografiados, y en los que la incomodidad se percibe conforme avanza la película. Su influencia es muy clara en El legado del diablo”
Ari Aster
Director
Aclamada durante su presentación en el pasado festival de Sundance, Hereditary —por su título original— es referencia obligada dentro del panorama actual para los fans del terror, y una gran opción para el público en general que busque sorprenderse con una pieza que sabe darle la vuelta a los convencionalismos y queda muy cerca de ser una obra maestra.
El Dato: La película apuesta a recursos más propios de los clásicos del género de las décadas de 1960, 1970 y 1980 (El bebé de Rosemary, El exorcista, La profecía, El resplandor).
Ari Aster
Ocupación: Director, guionista y editor
País: Estados Unidos
Otras películas: The Strange Thing About the Johnsons (2011) y Munchausen (2013).

