Alude al cómic de Daredevil # 171

¿Por qué no debes perderte la temporada dos de Daredevil Born Again?

La segunda entrega de la etapa de Daredevil en Disney llega para otorgarle una continuidad al concepto que ya de por sí tiene asegurada la tercera temporada

Ve la razón por la que no debes perderte la temporada dos de Daredevil Born Again.
Ve la razón por la que no debes perderte la temporada dos de Daredevil Born Again. Foto: Especial.

La segunda entrega de la etapa de Daredevil en Disney, tras consolidarse en Netflix como uno de los mejores acercamientos en formato de serie al Universo Marvel, por fin llega para otorgarle una más que consistente y prometedora continuidad al concepto que ya de por sí tiene asegurada la tercera temporada.

Porque a pesar de que, en los primeros dos de los ocho episodios que la integran y retoman sagas en cómic como Devil’s Reign, la tensión del thriller con Wilson Fisk convertido en alcalde de Nueva York apenas se sostiene gracias a las elegantes charlas llenas de maquinaciones e ínfulas románticas que éste sostiene con su esposa, arrojando lacónicas sentencias luego ejecutadas sin pestañear por cómplices y colaboradores, mientras el supuesto estado de sitio luce endeble en secuencias genéricas y fugaces, aunado a una purga de vigilantes que no parece tal debido a la escasez de los mismos; todo se compensa justo a tiempo para no sumergirse en la somnolencia.

A partir de la intrusión en la fortaleza del puerto Red Hooken de Brooklyn que Fisk ha legitimado como un territorio fuera de las normas legales de la ciudad, el relato se equilibra no solo recuperando rasgos definitorios de la personalidad del “Diablo de Hell’s Kitchen” y elementos distintivos de sus andanzas, sino que les otorga el suficiente peso dramático para encaminar el relato a un final de apoteosis sangrienta y amarga.

Empezando por el entorno boxístico barriobajero traído de regreso por el evento que promueve el gran villano en medio de un entorno de sublevación social latente. Punto de quiebre para dar paso una vez más a la tragedia que le otorga complejidad como antagonista al contrastar su lado emocional fracturado y convulso con la brutalidad de su presencia física y naturaleza despiadada, muy al estilo de la novela gráfica Love and War, escrita por Frank Miller y aludiendo al cómic de Daredevil # 171 publicado en 1981.

Luego están las implicaciones religiosas representadas en el hecho de que un abogado católico ande deambulando vestido de demonio pateando traseros y rompiendo huesos, las cuales esta vez son mejor aprovechadas al detonar en cruentas disyuntivas sobre los distintos caminos de la obsesión y la culpa, sobre todo cuando se cruzan con la progresión de la patología del criminal Bullseye, quien además protagoniza una de las más disfrutables secuencias de inicio de episodio, llena de ironía sobre la interpretación de la violencia.

Y por supuesto el otro escenario es el de los juzgados donde vendrá el momento culminante de que las máscaras caigan. Movimiento no precisamente novedoso, pero aun así contúndete y adecuado para ofrecer el necesario replanteamiento de las circunstancias de los personajes, con la intención de sentar las bases para el futuro de la serie, confirmando de paso lo que de a poco ya se esbozaba sobre el surgimiento de un nuevo vigilante, amén de la participación y el regreso de otros ya viejos conocidos.

Con esta temporada 2 de Daredevil Born Again, de la cual por cierto se agradece que las secuencias de acción mantengan lo orgánico del impulso de la cámara, en conjunción con las perspectivas giratorias que potencian los acrobáticos pero demoledores lances, queda claro que por encima de los macroeventos fílmicos, hoy por hoy el MCU tiene el mayor potencial en su lado urbano con el superhéroe de a pie como eje de todo.

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JVR

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