En San Miguel de Allende, Guanajuato
La actriz Marina de Tavira recientemente fue reconocida en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF), junto con la Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión. Una distinción que le permitió hacer un repaso por su trayectoria, desde sus inicios en la actuación en un Rally Universitario de este encuentro hasta sus últimos proyectos fílmicos y teatrales.
En entrevista con La Razón expresa sentirse conmovida por ser galardonada por quienes han sido pioneras del cine hecho por mujeres. Comparte, además, que, si bien en el séptimo arte ha salido de su zona de confort, como en la última película en la que participó, Siempre soy tu animal materno, el teatro es su centro, porque es “el lugar en el que exploro lo que significa estar viva o vivo”.

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- b El Dato: El viernes pasado, Marina de Tavira recibió la Musa y la Cruz de Plata, en San Miguel de Allende.
¿Cómo se sintió al ser reconocida por una comunidad que se ha dedicado a impulsar el trabajo de otras mujeres? Me tomó incluso por sorpresa un momento en el que Sarah Hoch estaba diciéndome unas palabras y, de repente, empecé a sentir que me temblaban las piernas. Estoy muy conmovida de que me hayan volteado a ver mujeres tan trabajadoras y que muchas son pioneras de lo que le está pasando ahora al cine hecho por mujeres. Que ellas, que han hecho tanto, de repente hayan volteado a ver lo que he podido dejar en el cine con mi trabajo, me resultó muy conmovedor. Sentí que había, por lo menos, una historia diminuta que ya había dejado yo en el cine de mi país.
Muy significativo, porque incluso llegó a actuar en un Rally Universitario del GIFF. Estaba tratando de acordarme con Sarah cuál fue, porque lo hice en la ciudad de Guanajuato y debe haber sido en el segundo o tercer año del GIFF. ¿Quién le iba a decir a esa joven que años después, en ese mismo festival, iba a recibir un reconocimiento de sus colegas? Jamás. Esos eran los años en los que estás peleando porque alguien te voltee a ver, porque alguien se interese en tu trabajo, porque te escojan para un personaje. Después vinieron periodos de aridez, en los que no tienes trabajo. Voltearlo a ver ahora es decir: “Valió la pena la resistencia y la convicción”. No por el reconocimiento, eso es algo muy bello; no trabajamos para eso, es más allá de eso.
- El Tip: En cine ha trabajado con directores como Rodrigo Plá, Carlos Carrera, Mariana Chenillo y Alfonso Cuarón.

Recientemente fue reconocida en Cannes como mejor Actriz por el filme Siempre soy tu animal materno, junto a Daniela Marín Navarro y Mariangel Villegas. ¿Qué considera que le regaló dar vida a esa mamá? Me permitió construir un personaje que está atravesando por algo, aunque de manera distinta, que también yo estoy viviendo. Reflexionar sobre que la maternidad incluye muchos momentos diferentes. Qué distinto es cuando te tienes que despertar cada hora, porque tu bebé está llorando y quiere comer, al momento en el cual lo que te despierta es que tu hijo o hija ya está lejos y piensas: “¿Qué estará haciendo?”. Nunca vuelves a dormir igual.
La directora Valentina Maurel me llevó a lugares nada convencionales, nunca eran los primeros sitios a los que yo como actriz estaba proponiendo. Siempre quiso llevarlo a un lugar más incómodo, más extraño. Ésa es una de sus premisas. Entonces, me divertí mucho y me sacó también de mis zonas de confort, por decirlo de alguna manera.
¿Cómo salió de esas zonas de confort? Fue dar vida a una mujer que también está tomando la maternidad más desparpajada. Que las hijas la busquen la molesta. Eso es supercontrario a como soy yo. Nada que ver. Yo me tengo que esforzar por no mandarle un mensaje a mi hijo para que no sienta que estoy como la mamá que no deja de molestar. Este personaje me enseñó otra forma de decir: “Ya déjenme en paz. Quiero hacer mi vida”.
La reconexión que busca tener esta mujer es incluso con su propio cuerpo… Sí, ella dice: “Yo ya les di mi cuerpo”. Es muy interesante porque el personaje toda la película está luchando contra una operación estética que se hizo. Se quitó las bolsas de los ojos, y la hija la confronta con eso muchísimo y le dice: “Mamá, si tú crees que eso es feminista, estás muy equivocada”. Y ella le contesta: “No es una discusión que a ti te competa. Yo hago con mi cuerpo lo que quiero”. No voy a dar una opinión mía ahorita al respecto, pero ahí hay dos posturas.
Por otra parte, el teatro continúa siendo el eje de su vida. ¿Cuál es su definición de teatro y qué encuentra cada vez que está sobre el escenario? Mi definición es que el teatro es ese lugar a donde colectivamente vamos a atestiguar lo que somos como personas y humanidad en un momento de silencio y comparecencia física y espiritual. Ahí encuentro la comunión y la comunicación con las personas de una manera que resulta aparentemente más difícil. También es el lugar en el que exploro lo que significa estar viva o vivo, donde están todas las formas y las posibilidades de ese enigma que es la existencia.
Brecht, por ejemplo, decía que el arte en general, no era tanto un espejo, sino un martillo. Sí, porque te golpea, te sacude. Y tiene que hacerlo. Pero yo creo que son las dos cosas, al mismo tiempo que te contemplas, te tiene que sacudir. Y justo esa es la combinación aristotélica. Una obra tiene que tener tanto catarsis, que es identificación, como anagnórisis, que es reconocimiento. Y yo creo que ahí están el espejo y el martillo.
¿Quiénes son los personajes que más la han interpelado, que más la han hecho aprender de la vida? No hay ninguno de los proyectos más serios y contundentes que he hecho que no me haya interpelado. Es más, si no, no lo hubiera hecho. Pero ahora mencionaste a Brecht, tuve la oportunidad de interpretar a Santa Juana de los Mataderos, que me transformó en términos de una luchadora social que es capaz de dar la vida por una convicción para después enfrentarse al hecho de que tampoco logró ningún cambio, que esa es la frustración también de muchas de las militancias.
Está Antígona González, porque era ponerme en los zapatos de una persona buscadora. Creo que es una de las cosas más devastadoras y más urgentes a las que me he enfrentado.
¿Hay una fascinación por revisitar a los clásicos? Totalmente, a los griegos, principalmente. La obra que hice también el año pasado, La niña en el altar, es una reflexión sobre la guerra, pero en este caso escrita por una mujer, que eso fue muy importante, porque los mitos, que son como la columna vertebral de mucho de lo que somos, también nos han llegado a través de una escritura masculina. Ahora hay muchas mujeres reescribiéndolos; es la misma columna vertebral, pero al ser vista desde el ojo de una mujer, algo cambia. En este caso, el personaje Clitemnestra, que es condenado como una mujer que es asesina y vengativa, desde la mirada de Marina Carr, es una mujer que se está revelando a las atrocidades del sistema de la violencia, que es el patriarcado.
Es interesante cuando encuentras directoras o directores que hacen estas nuevas revisiones contemporáneas. Hay que hacerlo constantemente, porque nos siguen hablando. Pero siempre hay que montarlos desde el hoy.
Ha sido muy cuidadosa a la hora de aceptar los proyectos en los que actúa. ¿Cuáles han sido esas obras o esos papeles que ahora anhela o persigue? No tengo alguno que esté persiguiendo, sino que de alguna manera llegan y es ahí cuando te das cuenta de que sí lo estabas esperando, como me pasó con Blanche en Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, porque esa era una obra que siempre me había fascinado, pero nunca me había planteado la posibilidad de interpretar. Este personaje me estaba esperando y así hay muchos. Antígona era un personaje que deseaba desde que muy joven y nunca me imaginé que a los 50 años me iba a llegar la Antígona precisa y exacta que tenía que hacer.
Cuando interpreta personajes tan complejos, por ejemplo, a Blanche, ¿cómo experimenta salir de escena y dejar ese rol? Después de dar función de Un tranvía llamado deseo, salgo eufórica y nada cansada. Cuando va a arrancar la obra, pienso: ¿Cómo le voy a hacer? No sé cómo voy a llegar al final, si ya estoy cansada solamente de pensarlo. Pero cuando termina, tengo muchísima energía; no me puedo dormir rápido. Normalmente me siento feliz.
¿Está trabajando en un próximo proyecto de teatro? Sí, apenas estamos por empezar el proceso de ensayos y estrenaremos hasta el próximo año. Todavía no tengo mucho que decir, pero sí puedo adelantar que es con Diego del Río y es un texto de un autor que me ha interesado desde que era muy joven.

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