Después de ganar la Palm Dog en el Festival de Cine de Cannes, ser elegida para representar a Islandia en el Oscar y alzarse con el Premio de la Crítica Latinoamericana al Cine Europeo en la más reciente edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), El amor que permanece llegó a los cines mexicanos para continuar generando diversas emociones entre quienes sean testigos de su emotiva historia centrada en lo que ocurre con la separación entre la artista plástica Anna (Saga Garðarsdóttir) y pescador comercial Magnús (Sverrir Guðnason).
Gracias a la atinada dirección de Hlynur Pálmason, lo que bien pudo ser un típico melodrama cinematográfico que retratara la disolución de un matrimonio entre gritos, peleas, llanto y otros elementos propios de la complejidad humana de las relaciones románticas, termina siendo un relato sumamente honesto acerca de dos personas entre las que, como lo indica el título de la película, permanece cierto amor en la forma de tres hijos (interpretados por los verdaderos hijos del director) por los que los protagonistas deciden seguir adelante a pesar de sus desacuerdos y de sus propios problemas personales en sus respectivas rutinas diarias.

En medio de imponentes y bellísimos paisajes nórdicos e íntimos momentos cotidianos, esta producción islandesa ofrece una historia de amor poco tradicional que se enfoca en lo que queda precisamente después del amor, abordando esto con un tono bastante ligero, considerando la temática central. Conforme avanzan sus escenas, inevitablemente pone a pensar al espectador en sus propias experiencias con las relaciones y esto se debe esencialmente a la manera realista en la que se presenta cada situación. Además, ayuda mucho la química natural que se siente entre los niños y los padres, haciéndonos sentir que estamos viendo realmente a una familia verdadera y no a un grupo de intérpretes dándole vida a una.

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Otro gran acierto de la película es que, aunque sí es genuinamente realista con lo que muestra, se da tiempo también para ser en ciertos momentos algo surrealista y un poco absurda, porque, siendo honestos, es probable que al menos en una ocasión muchos hayamos sentido nuestras propias existencias de tales formas; tomando esto en cuenta, el humor juega por instantes un papel fundamental para contar la historia, por lo cual en lugar de tratarse de una drama familiar en toda la extensión de lo que esto puede significar, lo que tenemos más es una comedia dramática.

Un divorcio nunca ha sido tan bonito de ver en una pantalla, ni se ha plasmado de forma tan original en el interior de una sala de cine como lo que vemos aquí, donde el director consigue que un tema potencialmente triste pueda sentirse como algo simplemente poético y sorpresivamente entretenido. Separarse de una pareja nunca es y nunca será fácil, pero El amor que permanece toma ese dolor para convertirlo en una experiencia que luce visualmente fascinante y que resulta profundamente humana mientras uno ve la película.
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cehr

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