Enrique Bunbury regresó al Auditorio Nacional para reencontrarse con sus seguidores mexicanos en una noche donde las canciones, los recuerdos y la intensidad del rock en español marcaron cada momento.
A las 20:40 horas, el cantante abrió el concierto con “Creer que se puede creer”, su lanzamiento más reciente, publicado este año. Desde los primeros acordes, el público respondió con ovaciones y gritos de “¡Enrique, Enrique!”, anticipando una velada de complicidad y entrega. Después de la bienvenida, Bunbury tomó la palabra: “Es un placer y un honor volver a este escenario”, dijo antes de presentar, junto a sus músicos, Nuevas Mutaciones, nombre de su gira.
“Las chingadas ganas de llorar” e “Infinito” encendieron las voces del público, que acompañó al español con especial sentimiento al entonar “me calaste hondo”. Más adelante, “El precio que hay que pagar” destacó por los arreglos de violín, cuyas notas recibieron una cálida ovación.

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Uno de los momentos más celebrados llegó con los primeros acordes de “La sirena varada”. La canción abrió una ventana a los años noventa, cuando Bunbury encabezaba Héroes del Silencio, y devolvió a los asistentes a una época fundamental en la historia del rock en español.
Con su característico sombrero y un “¡Viva México!”, Bunbury mantuvo una conexión constante con sus seguidores. Su manera de vivir cada interpretación, entregado a la música y a los matices de su voz, convirtió el escenario en un espacio de intensidad compartida.
De todo el mundo” provocó una nueva explosión de entusiasmo desde que el público reconoció sus primeras frases. La emoción creció cuando el cantante descendió del escenario para acercarse a sus seguidores, quienes lo saludaron conmovidos y aprovecharon la oportunidad para expresarle su cariño.
Pero fue “Maldito duende” la que se llevó una de las ovaciones más contundentes de la noche. El recinto entero acompañó la canción de principio a fin: algunos iluminaron el auditorio con sus teléfonos celulares, mientras otros aplaudían de pie y levantaban los brazos al ritmo de los coros. Por unos minutos, la voz de Bunbury se fundió con miles de voces que parecían resistirse a dejar terminar la canción.
Junto con “La sirena varada” y “La carta”, “Maldito duende” evocó el legado de Héroes del Silencio. La recuperación de estas piezas, que Bunbury llevaba años sin interpretar, convirtió el concierto en un reencuentro con parte de su historia musical y con las canciones que acompañaron a toda una generación.
Sin embargo, el final todavía guardaba una sorpresa. Tras una breve pausa, Bunbury volvió al escenario para agradecer el recibimiento del público mexicano y compartir una confesión: quería recuperar una canción que llevaba tiempo sin cantar. Así presentó “Puta desagradecida”, recibida con entusiasmo por los asistentes.
“Desaparecer”, Lady Blue”,y “La constante” fueron los últimos temas del concierto para un público eternamente agradecido que le daría las gracias de pie, sin para de aplaudir al final de show a un Enrique que respondería con un “Hasta Siempre”.

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