Parteaguas del cine nacional

90 años de vivir Allá en el Rancho Grande

La cinta de don Fernando de Fuentes se estrenó en 1936; creó un modelo que se repitió por décadas hasta ser lo que el mundo hoy reconoce como “lo mexicano”

Los actores Tito Guízar, Esther Fernández y René Cardona en escena.
Los actores Tito Guízar, Esther Fernández y René Cardona en escena. Foto: Especial

Dedicado con todo cariño a Paco Maciel

El pasado 6 de octubre se cumplieron 90 años del estreno de una película que, sin quererlo, marcó un antes y un después en la cinematografía mexicana; me refiero a la cinta del veracruzano don Fernando de Fuentes Allá en el Rancho Grande (1936) estrenada en el desaparecido cine Alameda y que tuvo una corrida comercial inicial de 12 días en cartelera. El impacto vendría después.

ALLÁ EN EL RANCHO GRANDE, HABÍA UNA RANCHERITA. Tras trabajar en el Banco de México y haber ganado el primer concurso de poesía organizado por el recientemente fundado periódico El Universal, Fernando de Fuentes comenzó su carrera en la cinematografía nacional siendo exhibidor de las películas que llegaban de EU, películas que él mismo subtituló para hacerlas más accesibles al público mexicano, convirtiéndose en pionero en el ramo. Al entrar a trabajar a Paramount en CDMX, siguió haciéndolo por iniciativa propia. De hecho, la primera cinta subtitulada por él que se exhibió en México fue El Doctor Fu-Manchú (1929).

Pero, don Fernando, a sus 35 años y con todo un horizonte a su alcance en este incipiente medio del cine en México, abandona la exhibición y subtitulaje para dedicarse a la realización cinematográfica incorporándose a Santa (1931) como asistente de Ramón Peón, quien luego dirigiría La Llorona (1933) y que a su vez había sido asistente del director de aquella película, Antonio Moreno. Al año siguiente vuelve a trabajar con Moreno, pero esta vez como montajista de la película Águilas frente al sol (1932), hasta que tiene la oportunidad de dirigir su primera cinta: El anónimo (1932).

  • 8 Canciones al menos conforman la banda sonora de la cinta

QUE ALEGRE ME DECÍA, QUE ALEGRE ME DECÍA. Llega el año de 1933 y don Fernando comienza su etapa más productiva filmando la que sería considerada como la primera parte de su “Trilogía de la Revolución”: El prisionero 13 (1933), donde aborda las siniestras taras y abusos del huertismo para seguir, ese mismo año, con la extraordinaria y abiertamente zapatista El compadre Mendoza (1933) basada en un cuento de Mauricio Magdaleno, la costumbrista La calandria (1933), basada en la novela de Rafael Delgado, y cerrar ese fructífero año con El tigre de Yautepec (1933), en noviembre. Para el año siguiente incursiona en el terror con la impecable El fantasma del convento (1934), con sus reminiscencias al cine soviético y expresionista alemán, mezcladas con las leyendas mexicanas, y luego con Cruz Diablo (1934).

Después vendría La familia Dressler (1935), y será hasta 1936 cuando aparezca la película que marcaría un antes y un después en el cine mexicano y que es la que estamos celebrando en este texto: Allá en el Rancho Grande, con guion de Guz Águila y del mismo De Fuentes.

Mi querido Paco Maciel me contó—y su confiabilidad no solamente viene por ser cronista de CDMX, investigador cinematográfico o director del Museo de Cine Mexicano sino por ser además pariente directo de don Tito Guízar, así que sus testimonios cuentan con una fuente familiar directa— que originalmente el papel de José Francisco era del actor y cantante Ramón Armengod, quien pidió a su amigo Tito Guízar que lo acompañara a una cita con Fernando de Fuentes para hablar de un filme. De Fuentes, al ver a Guízar y oírlo cantar, preguntó a Armengod si estaba de acuerdo en cederle el protagónico, y este último, contento por su amigo, aceptó. También me contó que el título original de la cinta era Crucita y que Guízar propuso al director cambiarlo por Allá en el Rancho Grande, tomando como referencia el popular tema que circulaba décadas atrás. De Fuentes se negó y respondió que era una canción lenta; Tito la cantó y tocó en su guitarra a un ritmo más rápido, el mismo con el que luego se hizo popular, y el director terminó convencido, aceptando el cambio para posterior beneficio del cine nacional.

  • 95 Minutos tiene de duración la película

TE VOY A HACER TUS CALZONES, COMO LOS USA EL RANCHERO. Regresando a la película, ¿por qué fue importante Allá en el Rancho Grande? Porque fue la película que definió los elementos fundamentales de la comedia ranchera, una fórmula que sería repetida durante décadas y que, con el paso del tiempo, llegaría a utilizarse hasta el hartazgo: Paisajes campiranos, haciendas, rancheros que a la menor provocación toman la guitarra para cantar en una cantina, en un balcón frente a la mujer de sus quereres o sobre el caballo que avanza a brinquitos; fiestas cargadas de papel picado, músicos, chinas poblanas y comida mexicana. Todo esto terminó convirtiéndose en una fórmula reconocible por el público mexicano y después, por el público extranjero.

Y, por otro lado, establece varios arquetipos dentro de la mitología de la comedia ranchera, como el charro impecable y varonil en Tito Guízar y que tendría una larga descendencia cinematográfica alcanzando a figuras como Jorge Negrete, Pedro Infante o Javier Solís.

90 años de vivir Allá en el Rancho Grande
90 años de vivir Allá en el Rancho Grande ı Foto: Especial

También tenemos a Esther Fernández, que estableció el modelo de la mujer sencilla, amorosa y sumisa, sin olvidar a Lorenzo Barcelata como el antagonista malvado, pero con principios; René Cardona, como el dueño de la hacienda; Emma Roldán, actriz fetiche de don Fernando; y Carlos López Chaflán, personaje cómico cuya fórmula sería repetida ad aeternum por comediantes como Armando Soto El Chicote, Agustín Isunza o Fernando Soto Mantequilla, entre otros. Lo que don Fernando hizo casi sin proponérselo fue crear un universo que podía repetirse.

TE LOS EMPIEZO DE LANA, TE LOS ACABO DE CUERO. Allá en el Rancho Grande es un parteaguas de la cinematografía mexicana que abrió las puertas a México en el mundo, para que después otros cineastas mostraran diversos temas en igualmente diversos ambientes para establecer al cine nacional —y sus realizadores— como uno de los más importantes en el globo. De Fuentes no sólo hizo una cinta popular: creó un modelo cinematográfico que México repetiría durante décadas y que terminó siendo una de las imágenes que el mundo reconoció como “lo mexicano” y eso, en términos socioculturales, es algo que pocos han logrado en la historia de nuestro país. Por eso, 90 años después, el Rancho Grande sigue —y seguirá— ahí.


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