Dedicado con todo cariño a Pumpkin Spice y a Eugenia Silverstein
Lo normal en estas fechas de espantos y brujas es dedicarse en cuerpo y alma a ver —en pantalla y en formato casero— aquellas películas de horror que marcaron nuestra psique y adolescencia de una u otra forma.
Sin embargo, hay otra nostalgia en estos días que viene de más atrás, de nuestra infancia, cuando, al regresar de pedir “calaverita” y durante la cena en casa, alrededor de la ofrenda, del pan de muerto y el chocolate con canela, nos sentábamos frente al televisor para ver las caricaturas que la televisión mexicana —especialmente los canales 2 y 5 del otrora Distrito Federal— programaba en los años setenta para una noche de animaciones dedicadas a Halloween y al Día de Muertos.

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Lo normal era ver El mágico mundo del color de Walt Disney, a las ocho de la noche por el canal 5, para disfrutar una vez más de la escalofriante aventura de Ichabod Crane —con la voz del entrañable Germán Valdés Tin Tan— al enfrentarse al Jinete sin Cabeza, u otras animaciones temáticas alusivas a la temporada.
Pero no todo era Disneylandia, porque también pasaban año tras año la caricatura basada en los personajes de Charles M. Schulz, encabezados por Charlie Brown y su sabueso Snoopy, llamada ¡Es la Gran Calabaza, Charlie Brown! (1966).
- El Dato: Paramount lanzó el especial de Halloween en VHS a mediados de los años 90. Actualmente puede encontrarse en Apple TV y en Apple TV Amazon Channel.
¿OTRA VEZ ESCRIBIÉNDOLE A UNA ESTÚPIDA CALABAZA? El 27 de octubre de 1966 se estrenó en Estados Unidos la que, con el paso de los años, se convertiría en una tradición televisiva durante estas fechas de Halloween y, posteriormente, al llegar a México a principios de los años setenta, de Día de Muertos.
Luego del exitoso estreno de la primera animación de la pandilla de Charlie Brown, llamada La Navidad de Charlie Brown (1965), Bill Melendez (mexicano de nacimiento) repitió la fórmula exitosa de armar la historia a partir de viñetas —algunas de ellas aparecidas anteriormente en la tira cómica Peanuts, publicada en los periódicos—. Gracias a un excelente trabajo de edición, la narrativa fluye de manera divertida, al darle importancia a cada uno de sus personajes, aun cuando todo gira alrededor de Linus y la espera de la llegada de La Gran Calabaza en la noche de Halloween.
La historia se divide en tres actos, que corren en paralelo desde el principio.
El primero es la historia de Linus, quien espera la llegada de la Gran Calabaza que, según él, se eleva del huerto de calabazas para llevarles juguetes a los niños sinceros que se portan bien. Esto desespera a su hermana Lucy, quien tiene grandes planes para la noche de brujas del barrio y se avergüenza de que su hermano cabeza hueca esté sentado solo en el huerto de calabazas, a la vista de todos sus amigos.
- 25 Minutos tiene de duración el especial de Halloween
La segunda historia resulta ser la primera invitación que recibe Charlie Brown para ir a una fiesta de Halloween después de pedir dulces. Siendo un niño que sobre piensa las cosas y que no siempre es comprendido por su forma de ver la vida, el haber sido invitado a una fiesta se convierte de inmediato en un acontecimiento, más aún por tratarse de la noche de brujas.
El tercer y último acto, y no por eso menos importante, es la “misión” que debe cumplir Snoopy —en su papel de as de la aviación— al atravesar los campos franceses ocupados por el enemigo durante la Primera Guerra Mundial. Una aventura que parte de la fiesta de Halloween y termina en el huerto de calabazas, para sorpresa de Sally y Linus, quienes esperan la llegada de la Gran Calabaza.
Con todos estos elementos, Melendez arma una historia, con guion del propio Charles M. Schulz, que resulta cálida y entretenida de principio a fin, y que muestra cómo una historia sencilla puede convertirse en un clásico sin pretensiones, utilizando únicamente las sensaciones que nos generan las festividades durante nuestra infancia.
- 1950 Fue el año en que se lanzó la tira diaria Peanuts en periódico
HAY TRES COSAS QUE NO SE DISCUTEN CON LA GENTE: RELIGIÓN, POLÍTICA Y LA GRAN CALABAZA. Otro elemento importantísimo que nos remonta inmediatamente a esta animación, a la anterior de Navidad y, en general, a los queridos personajes de la cásica Peanuts, es la entrañable música del sexteto de jazz del virtuoso maestro Vince Guaraldi.
La caricatura inicia justamente con el tema “Linus & Lucy” —que ya habíamos escuchado en La Navidad de Charlie Brown—, que acompaña a los hermanos Van Pelt durante toda la secuencia en la que salen de su casa, en una tarde de otoño repleta de hojas secas, rumbo al huerto de calabazas para elegir una con la cual adornar la terraza. Después suena el tema original del especial, llamado “Graveyard Theme”, con una maravillosa animación de gatos negros, fantasmas y brujas que persiguen a la pandilla mientras pide dulce o truco, hasta llegar al huerto de calabazas con el nombre del programa.
La banda sonora retoma los temas “Linus & Lucy” y “Charlie Brown Theme”, de la animación navideña, que resultaron atemporales al ser utilizados en los especiales siguientes. Por su parte, “Snoopy and the Leaf / Frieda (With the Naturally Curly Hair)”, “The Great Pumpkin Waltz” y “The Red Baron / Military Drum March” fueron escritos exclusivamente para crear no solo la atmósfera de la festividad de Halloween, sino también para reflejar la nostalgia del otoño con una paleta de notas alusiva a los colores de la temporada.
Todas las tomas musicales de estudio hechas por Guaraldi —grabadas un par de semanas antes del estreno del programa— se dieron por perdidas durante 50 años, al grado de que, al remasterizar la banda sonora en 2018, se tuvo que recurrir al audio original de la caricatura. Fue hasta 2020 cuando aparecieron en un almacén, lo que permitió realizar una limpieza profunda y la remasterización definitiva de la banda sonora, que actualmente está disponible en vinilo y CD.
ME TOCÓ UN DULCE, A MÍ UN CHOCOLATE, A MÍ UNA MONEDA… A MÍ UNA PIEDRA. Armada a partir de viñetas aparecidas en las tiras cómicas de Peanuts, y gracias al buen trabajo de edición y narración de Bill Melendez —quien, por cierto, asesoró a Ricardo Arnaiz en La leyenda de la Nahuala—, una buena selección de voces de niños y el trabajo musical del pianista de jazz Vince Guaraldi, esta animación se ha mantenido hasta nuestros días con una frescura insuperable. Cada año que pasa es descubierta por nuevas generaciones que quedan atrapadas por lo simple, pero bello, de la historia.
Y hoy, a 60 años de su estreno, es más que nunca imperdible en estos días de celebración del Día de Muertos y Halloween.


