¡De dos a tres caídas!... la lucha libre, del ring a los museos, libros e historietas

¡De dos a tres caídas!... la lucha libre, del ring a los museos, libros e historietas 
Por:
  • raul-campos

2Desde hace unas semanas y ante la baja en la venta de máscaras por la emergencia sanitaria por la pandemia del COVID-19, comerciantes y hasta algunos luchadores han recurrido a la confección de cubrebocas con diseños de este deporte, quienes en varias entrevistas han expresado que éstos se venden como pan caliente. ¿Pero qué hace de especial a la Lucha Libre?

Desde hace dos años la Lucha Libre fue declarada como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México, pues es una expresión que forma parte de la identidad de la capital, pero también del país. El arte también se ha dejado cautivar por este deporte-espectáculo y se ha “subido al cuadrilátero” para representarlo, desde el teatro, la plástica, la literatura y hasta las historietas, pues ¿quién no ha sido del bando de los rudos o los técnicos?

MONSIVÁIS, UN FANÁTICO DEL ENCORDADO

Desde su origen en la década de los 30, con la fundación del actual Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), la lucha libre de se ha formado parte del imaginario mexicano y de la cultura popular, y aunque aún se considera que esta expresión humana está dirigida hacia las audiencias populares, intelectuales como Carlos Monsiváis, han sido fanáticos del encordado; el célebre cronista supo reconocer su magia, color y misticismo: “en México, lo único verdadero que existe, es la lucha libre”, decía.

“Monsi” escribió el prólogo del fotolibro “Espectacular de Lucha Libre”, en el que Lourdes Grobet documentó tres décadas del deporte-espectáculo; entre los retratos que realizó destaca uno de Blue Demon ataviado en un traje gris frente a un fondo rosa, obra que forma parte del acervo del Museo de Arte Moderno.

“Al igual que otras expresiones de la cultura popular, la lucha libre comenzó a inspirar a creadores de las ‘altas artes’ para concebir pintura, escultura, poesía y otras cosas; desde la época de su fundación oficial, en la década de los 30 con Salvador Lutteroth. Cuando alguien la reinterpreta más allá de la expectación o la crónica deportiva es cuando se empieza a entender que se posee algo importante y que debe ser visto desde el plano de la cultura”, señaló a la Razón Ángel Garfias, académico de la UNAM especialista en lucha libre y exluchador.

LA LUCHA LIBRE Y SU SALTO A LAS HISTORIETAS

La aparición de El Santo en la historieta “El Santo, el enmascarado de plata” (1952), de José Guadalupe Cruz, y años más tarde, en 1958, con su debut fílmico en “El Santo contra el cerebro del mal”, de Joselito Rodríguez, ayudó a que su leyenda, y la del luchador en general, quedara consolidada en el imaginario nacional.

“Al principio adoptaron el papel de los superhéroes estadounidenses. Tanto en el cine, como los cómics se desarrolló un universo luchistico que de no haber sido desaprovechado sería más grande que los de Marvel y DC: sus historietas tenían tirajes de millones. No obstante, lo que sí se logró fue que los luchadores adquirieran un gran valor un gran valor dentro de la identidad nacional”, añadió Garfias.

Para Mario Alberto González, editor de las antologías de cómic “Primera”, “Segunda” y “Tercera caída”, la lucha libre y las historietas siempre “han venido de la mano” como elementos centrales de la cultura popular de masas. No obstante, aseguró que aunque al principio las narrativas poseían un corte maniqueista y “cachondo” (ejemplos de esto el “El Santo” y “Patadas Voladoras”), actualmente los relatos gráficos centrados en el pancracio buscan explorar otras perspectivas del deporte y la sociedad.

“Por ejemplo, en las antologías, el relato ‘El académico’ es una metáfora de las peleas estudiantiles contada con la lucha libre; ‘La noche de sangre india’ se basa en la muerte de un luchador en el ring y está relatado desde la perspectiva del réferi; y ‘Tatuajes’ habla de la necesidad que tiene el público de ir a las funciones para sacar todo su estrés”, detalló.

SU RELACIÓN CON EL ARTE PLÁSTICO

Las manifestaciones gráficas de la lucha libre también han dejado atrás una narrativa lineal para adoptar una conceptual: en su serie “Arena México”, el artista plástico Demián Flores la utiliza para realizar analogías con la vida, el acontecer político y social. El creador consideró que el tema no era tan abordado desde el final de la corriente del neomexicanismo.

“La lucha es un espejo de nuestra realidad; como forma simbólica contiene mucho de lo que somos los mexicanos en cuanto a nuestra forma de pensar, de vida, política y económica; no sólo es un deporte espectáculo, la catarsis en público porque es un reflejo de nuestra realidad como país. Venimos de una tradición guerrera en la que la máscara es importante, como las de los jaguares, en Oaxaca. En este sentido, la lucha es una continuidad de nuestras tradiciones hacia lo contemporáneo”, expresó.

Por ello, para su proyecto retomó la figura de Arsacio “Kid” Vanegas, quien además de luchador fue nieto de Antonio Vanegas, el impresor de Guadalupe Posada, además de que entrenó a los revolucionarios cubanos de Fidel Castro. “Todo este simbolismo me engranaba los puntos que me interesaban”.

Para su inauguración, Flores y el CMLL organizaron una serie de funciones en el Museo de la Ciudad de México, para hacer cercano al espectador con la muestra que itineró en Oaxaca, Brasil y en la Universidad de Essex, Inglaterra, a cuya inauguración acudieron el Hijo del Santo y Blue Panther.

Flores también destaca los carteles de las funciones de las arenas como obras artísticas en sí mismas, lo cual secunda el ilustrador y académico de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, Alex Herrerías, quien también tiene obra centrada en la lucha libre, como su personaje “El luchador surfero”, la cual fue seleccionada por la compañía canadiense Collective Arts Brewing para adorar los envases de una de sus cervezas edición especial.

“Los carteles en sí son obras de arte de las cuales muchos han retomado su estética tipográfica; su estilo se basa un poco en la precariedad de la impresión y la poca tinta, lo cual, de ser hace años señalado de precario hoy llega al coleccionismo. Son una manifestación artística muy tradicional que se a adoptado y llevado a niveles de culto”, externó.

DEL CUADRILÁTERO AL CINE

El cineasta Alan Coton, al igual que Demián Flores, considera que la lucha libre es una de las manifestaciones culturales y sociales pilares de la sociedad mexicana; “desde pequeño fui fan de las películas del género”, contó. Por ello, en su filme “Nesio” (2008), afirmó que que quiso rendirle tributo a aquel mundo surrealista.

La producción gira en torno a Nesio (Jorge Adrián Espíndola), un dealer del centro histórico de la CDMX que se ve involucrado en un homicidio y que entabla una relación de amor con Inma (Claudette Maillé) una exprostituta que encontró la salvación en el pancracio.

https://www.youtube.com/watch?v=WBIyy-909K8

“Ella se convierte en La Malquerida tras ser alcohólica, que le quitaran a su hijo y prostituirse; después de en una juerga se le apareció Blue Demon, como una especie de espíritu, para sacarla de la podredumbre. Es así que ella deja su vida, se pone a entrenar y se sube al ring”, detalló Coton.

Partes de la cinta fueron filmadas en la Arena Coliseo y cuenta con la participación especial de Blue Demon Jr. Coton puso a al Demonio Azul como imagen salvadora de La Maquerida porque considera que los luchadores han fungido como los modelos a seguir por la sociedad.

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“En México no existen los héroes verdaderos: los nacionales fueron endiosados por los historiadores oficiales y por ello son bastante ficticios, por ello no acaban cobrando una gran fuerza dentro de la sociedad. Por esta razón la gente traslada esa admiración a los luchadores, a señalarlos como las figuras a seguir: éticas, morales, que luchaban contra el mal”, aseveró.

Parte de lo cual Coton considera que hace que el espectador se identifique y aprenda de la lucha es su teatralidad, niveles dramáticos y cercanía con la gente, elementos que fueron retomados por la dramaturga Berta Soni, quien adaptó al encordado “El gran teatro del mundo”, de Pedro Calderón de la Barca; el resultado es el auto sacramental pagano “La gran lucha del mundo”, mismo que tuvo temporada el año pasado en el Centro Cultural del Bosque y el Teatro España, y que la prevista para este año está en stand by por la contingencia sanitaria.

“Pensé en utilizar el texto de Calderón de la Barca porque lo que pasa con el teatro clásico es que es muy alegórico y usa personajes no concretos que representan conceptos; hice la conexión con la lucha libre porque ahí los personajes se vuelven también alegóricos, en ese juego entre rudos, técnicos y exóticos, que es la representación de fuerzas”, apuntó.

UN ESPECTÁCULO MUY TEATRAL

La también actriz aseguró que la teatralidad del pancracio y el desarrollo de personajes que existe en él fue un elemento esencial para hacer la adaptación, “lo único que tuvimos que matizar fueron los golpes”, bromeó, pues invitaron a participar con ellos a la luchadora extrema Ludark Shaitan, quien entrenó a los histriones.

“En el texto de Calderón, el autor es una alegoría de Dios y está dando una lección de lo que es el mundo y los valores fundamentales a los personajes y al final los juzga. Esa división entre el bien y el mal lo llevamos a los rudos y técnicos; y como quisimos trastocar estos valores, al final los personajes se rebelan contra Dios, en este caso el referí, y el rudo se hace exótico, la modelo se hace luchadora, etcétera”, añadió.

https://www.youtube.com/watch?v=tEqgy1qcQzM

Soni define a las luchas como un fenómeno cultural teatral que posee una relación rica entre espectador y gladiador, elemento que toda puesta escénica aspira lograr conseguir. “Yo no creo en el teatro elitista de sala para 30 personas, críptico y estilizado que van a entender dos de los 30 y los críticos; prefiero hacer un arte para todos y esta obra tiene ese objetivo, por ello la montamos en la calle. Cuando te metes a este mundo te das cuenta que conectar con la gente es muy difícil y de repente es muy fácil verlos volar y caer (a los luchadores), y menospreciarlos como algo de la cultura popular, pero realmente no tienen idea de todo lo que cuesta lograr a ello”, finalizó.

El arte de esta manera ha llevado la lucha libre del ring a los museos, libros e historietas que documentan por qué este deporte-espectáculo es un reflejo del México profundo.

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