Mujercitas: una versión fresca del clásico literario

Mujercitas: una versión fresca del clásico literario
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A más de ciento cincuenta años de haber sido escrita y contando con múltiples adaptaciones a la pantalla grande —entre ellas una protagonizada por Janet Leigh y Elizabeth Taylor—, e incluso una serie animada de 1981; la nueva versión de Mujercitas podría haber sido una más en la lista, sin embargo, gracias a que la directora Greta Gerwig —Nights and weekends— apuesta por una narrativa no lineal, se convierte en una efectiva y muy interesante reformulación de la novela de la estadounidense Louisa May Alcott.

Claro que la evidente renuncia a la forma convencional de relatar la historia viene acompañada de una gran precisión y sensibilidad, cuestión que le permite utilizarle para enfatizar los matices entre los rasgos que definen a la feminidad y su lucha por reivindicar sus aspiraciones, de acuerdo al contexto al que pertenece y contrastando con el convulsionado escenario actual, que reclama la más que necesaria equidad de género.

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De inicio pareciera un tanto caótica la estructura, pero rápidamente quedan establecidos los saltos de tiempo. Gracias a la corrección de las interpretaciones es fácil engancharse con las andanzas de las cuatro hermanas adolescentes que tienen que aprender a crecer, madurar y mantener sus sueños, mientras sufren los estragos y las ausencias resultado de la Guerra Civil.

El desempeño del reparto, que incluye a jóvenes pero ya un tanto experimentadas actrices como Saoirse Ronan —Lady Bird— y Emma Watson —saga Harry Potter—, como decíamos, está a la altura, pero sólo se contentan con cumplir. La única realmente sobresaliente es Laura Dern —Star Wars: Los últimos Jedi—, quien, sin desbordarse por completo, entrega escenas de profunda humanidad, encarnando a la madre de las chicas, cuestión que, sumada a su reciente trabajo en Historia de un Matrimonio, deja en claro que no hay que perderle la pista.

Por otro lado, hay que mencionar la elegancia del montaje y la sofisticada producción que, pese a tener momentos que apuntan a la grandilocuencia, sabe de sutilezas manteniéndose al servicio de la trama y de los objetivos de la propuesta, dejándose disfrutar, tanto en las grandes postales como en los momentos más íntimos, sobre todo gracias a la cálida y bella fotografía de Yorick Le Saux.

Es cierto qué más allá de la forma en que refresca el discurso, la película es poco novedosa, además de que hay un par de acciones innecesarias que hacen saltar la edad de algunas de las protagonistas, que no corresponden del todo a la de los pequeños pasajes y tampoco alcanzan los niveles de encanto que exigen sus personajes. Pese a ello, sin duda estamos ante una cinta de ejecución impecable, con la frescura y dinamismo para encontrar una inesperada vigencia, sin perder el espíritu de añoranza y la esencia romántica que distingue la obra original. Vale la pena darle un vistazo a Mujercitas.