Velan a las víctimas

Dan el último adiós a músico y a su familia

JONATHAN MELÉNDEZ, su esposa y su hija fueron despedidos en Tlalnepantla; la joven cuidadora de la familia, en Chalco

ASPECTO de la funeraria donde fueron velados ayer el tecladista y su familia. Foto: Alan Gallegos|La Razón

Familiares y amigos dieron el último adiós a Jonathan Meléndez, tecladista de Camilo Séptimo; a su esposa Ana Paula y a su pequeña hija de tres años, quienes fueron asesinados la tarde-noche del martes dentro de su departamento en una torre residencial del fraccionamiento Grand Viure, ubicado en la Zona Esmeralda en Atizapán, Estado de México.

El velorio se realizó en las instalaciones de una funeraria de Santa Mónica, ubicada en la colonia Las Margaritas, municipio de Tlalnepantla.

Los tres cuerpos llegaron a la funeraria durante la madrugada del miércoles, después de que la Fiscalía del Estado de México los entregó a sus familiares.

  • El Dato: EL PEQUEÑO de seis años que logró sobrevivir al ataque permanece con su familia y hasta la mañana de ayer no había sido entrevistado por las autoridades.

Sin ninguna patrulla, ni un operativo de seguridad que custodiara el sitio, hasta ahí acudieron amigos y familiares de las víctimas, quienes llegaban con ramos de rosas para mostrar su respeto y dolor.

En el lugar, personal de la funeraria solamente permitió el acceso a conocidos y familiares de las víctimas, quienes se retiraron sin dar declaraciones.

En otro punto del Estado de México, los restos de la joven Aleyda Romero, de 21 años, quien laboraba como cuidadora de los niños de la familia y quien también fue asesinada con un disparo en la espalda, eran velados en la colonia La Loma, en el municipio de Chalco, por sus familiares.

En ese sitio, la familia de la joven trabajadora expresó su preocupación por el caso y demandó que la muerte de Aleyda no quede en el olvido.

La familia refirió que la joven era muy alegre y diariamente se trasladaba dos horas para cumplir su jornada laboral en el municipio de Atizapán.

Agregó que también se preparaba para convertirse en madrina del bebé que espera su hermana mayor, de 25 años.

“Les pido justicia, que no se quede impune. Era una niña de 21 años y no se vale que le hayan arrebatado la vida. Era una persona muy alegre y estaba en su mejor momento”, expresó uno de sus familiares, en medio de escenas de dolor.

HALO DE SILENCIO. El ambiente funesto se respiraba también en el desarrollo Grand Viure de la Zona Esmeralda de Atizapán, donde se cometió el homicidio múltiple, en el que se extendió un halo de silencio y discreción.

Afuera del complejo residencial fue retirada la vigilancia que horas antes mantuvo el municipio por medio de la presencia de patrullas, aunque, aparentemente, las diligencias ministeriales continuaban en el penthouse donde ocurrieron los asesinatos de las cuatro personas y de una perrita golden retriever.

En un lapso de dos horas, solamente se acercó ayer, en una ocasión, una patrulla de la policía municipal, cuyos tripulantes tomaron unas fotos y posteriormente se retiraron del lugar.

  • 12 horas pasaron entre el homicidio múltiple y las capturas

En el departamento en el que ocurrió el crimen, a lo lejos se observó a una mujer permanecer por varios minutos afuera.

Ningún vecino quiso referirse al caso y las pocas personas que entraron caminando al complejo dijeron que no oyeron nada el día en que ocurrió la masacre.

Casi todos los habitantes ingresaban en automóvil al complejo habitacional en total normalidad, ante las cámaras de los medios de comunicación presentes.

Mientras tanto, los guardias de seguridad comentaron que no podían atender entrevistas debido a que “su abogado” no se los permitía.


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