Impulso ancestral

Amor en nuestra biología desde hace 21 millones de años

El amor, una historia de 21 millones de años
El amor, una historia de 21 millones de años Foto: Gráficos | Armando Armenta, Roberto Alvarado y Julio Loyola

LEJOS de ser sólo una construcción cultural, el amor tiene raíces profundas en nuestra historia evolutiva y nos ha ayudado a construir nuestras sociedades tal y como las conocemos.

Un estudio reciente de la Universidad de Oxford sugiere que conductas de contacto afectivo, como el beso, podrían tener raíces evolutivas en ancestros lejanos de humanos y neandertales, relacionados al vínculo social y a la reproducción.

Desde entonces, el enamoramiento se ha transformado junto con nuestra especie, ha moldeado relaciones, emociones y formas de interacción a través de los años. También ayudó a la supervivencia de la especie, desde sus fines meramente reproductivos hasta el desarrollo de vínculos afectivos.

Hoy en día sabemos que este impulso ancestral activa complejos procesos biológicos, pues estimula el sistema de recompensa y libera dopamina, asociada al placer y la motivación; oxitocina y vasopresina, que fortalecen el apego; y adrenalina, responsable de la aceleración y la emoción intensa.

El amor, una historia de 21 millones de años
El amor, una historia de 21 millones de años ı Foto: Gráficos | Armando Armenta, Roberto Alvarado y Julio Loyola

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