BAJO LA PREMISA de blindar la frontera sur de Estados Unidos, el presidente Donald Trump vuelve a sacudir el tablero geopolítico con su emblemático proyecto: un “muro inteligente” que combina pesados paneles de acero con un escudo tecnológico invisible, pero implacable, diseñado para “frenar” la migración irregular y el narcotráfico.
Ahora, en lugar de levantar una muralla idéntica en los más de tres mil kilómetros de frontera, la administración despliega una doble barrera integrada por una red de sensores de movimiento, radares de largo alcance y cámaras térmicas que se conectan digitalmente.
El ambicioso plan avanza a un ritmo acelerado gracias a exenciones legales que esquivan trabas ambientales y, con esto, las proyecciones oficiales apuntan a consolidar la infraestructura base hacia finales de 2027.
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