Hace tiempo que el PAN dejó de optar por seguir el objetivo propuesto desde sus comienzos por Manuel Gómez Morín: acertar en la definición de lo que será mejor para México. Hace tiempo que el PAN dejó a un lado sus dos únicas armas, las ideas y los valores, intercambiándolas por dos obstáculos: la auto-descalificación y la división dentro del mismo partido. Hace tiempo que el PAN dejó de buscar ser un mejor PAN y empezó a buscar, únicamente, ser mejor que el PRI.
Hoy, en plena contienda interna por la presidencia de dicho partido, ambos aspirantes y sus equipos no sólo coinciden en resaltar la “democrática y abierta” elección, sino que también han coincidido en tropiezos que dejan ver el desvelo que les ocasiona el Revolucionario Institucional. En Puebla, “el 18 de mayo ganará el PRI, ganará Madero”; Cordero en Yucatán, “yo quiero ser presidente del PRI (…)”. Después de estos dos incidentes bañados del ello de ambos aspirantes y sus equipos, los dos se deslindan de una probable guerra sucia, ya que ninguno -dicen- la necesita. Desde mi punto de vista, aquí empieza lo preocupante; me explico, que la militancia acoja y respalde el mensaje vago anti-priista de ambos candidatos, que la militancia reconozca y acepte que mejorar es empeorar al adversario, que la militancia se prefiera y premie no al que innove más, sino al que imite menos. De ser así, el 18 de mayo no ganará el mejor panista, sino el menos priista.
Sobre la mesa no está solamente el futuro de la segunda fuerza política en ambas cámaras del Congreso, también está el futuro del partido político que pudo llevar a cabo la transición democrática en el país. Por esto último apelo a la identidad histórica del PAN, a aquella oposición ilusionada y dispuesta, claro, a desilusionarse pero nunca a dejar de buscar objetivos coherentes a su ideología. Como oposición el PAN ha dejado mucho que hacer pero, desde mi perspectiva, lo alarmante es que la contienda mencionada deja ver que, hoy por hoy, como partido y como oposición no tiene mucho que ofrecer.
Para la próxima aprobación de las reformas secundarias y para las elecciones en 2015, el país no requiere a una oposición que como único objetivo tenga no ser satélite del partido en el poder. Ambos acontecimientos exigen un PAN apegado a sus ideales, un PAN que para avanzar no impida que el otro avance, se necesita un PAN que deje de ser las migajas de su pasado.
• Vestidos y alborotados
