Las elecciones del domingo serán el segundo ejercicio realizado por el Sistema Nacional Electoral, el cual está conformado por el Instituto Nacional Electoral (INE) supliendo al Instituto Federal Electoral (IFE) y los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLES).
Este cambio moderado es un paso importante para hacer realidad la consolidación y la transición democrática en el ámbito local y nacional. Tanto la participación del INE y la independencia de los OPLES, genera que los candidatos se enfrenten en una contienda electoral más justa y ordenada. Una forma de apreciar estas elecciones es percibiendo las dos personalidades con las que convive el PRI en nuestros días: por una parte es un partido hegemónico en algunos estados y por otra es un partido sumamente competitivo en democracia.
A pesar de que la transición nacional a la democracia en el 2000 haya sido impulsada por victorias de la oposición desde los municipios y luego desde los estados, el PRI ha mantenido su hegemonía manteniéndose en la gubernatura de Campeche, Coahuila, Colima, Estado de México, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz. Los últimos cinco tendrán elecciones a gobernador el domingo. Tanto en Hidalgo como Quintana Roo el PRI podría conseguir mantenerse en el poder por seis años más. Sin embargo en el caso de Durango, Tamaulipas y Veracruz las encuestas indican elecciones muy cerradas, por lo que pudiéramos observar el fin de los vestigios del PRI del S. XX en estas entidades.
Por otra parte el PRI ha probado ser sumamente competitivo en elecciones democráticas. Es probable que consiga recuperar de las manos de la coalición formada por el PAN y el PRD la gubernatura de Sinaloa y de Oaxaca. A su vez el Revolucionario Institucional oscila entre el primer y segundo lugar en todas las entidades. Esto habla de un partido sumamente disciplinado que a pesar de haber sido derrotado en su antiguo carácter autoritario, ha podido ajustarse para ser competitivo bajo las nuevas reglas democráticas.
La posibilidad del resquebrajamiento del PRI en su carácter como partido hegemónico regional, así como sus posibles victorias como partido inscrito en la vida democrática nacional, hablan mucho del nuevo sistema electoral que traducirá nuestros votos el próximo 5 de junio. La organización de las elecciones garantizará que no sean más que los ciudadanos los que decidan quien los gobernará en sus respectivas entidades.
Esto podría significar la culminación de un proceso democratizador que abarque cada uno de los rincones del país y el inicio de transformaciones a las instituciones del Estado que permitan cambios sustantivos en la vida de sus habitantes.
@hastaelPeter