Sacudió la revelación de que son hispanos los agentes de la Patrulla Fronteriza, conocida como CBP por sus siglas en inglés, que, al lado de los del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el controversial ICE, ejecutaron a Alex Pretti en Minnesota. Jesús Ochoa y Raymundo Gutiérrez, se supo ahora, dispararon el pasado 24 de enero contra el enfermero, en un hecho que indignó a la opinión pública de Estados Unidos y al mundo entero. Sólo el hecho de conocer sus nombres y su lugar de residencia —el sur de Texas— ha hecho pensar a muchos en la terrible paradoja de que quienes probablemente son hijos de migrantes hoy tienen en sus manos la tarea de detener a indocumentados, es decir, a personas que están en una condición en la que tal vez pudieron haber estado sus padres alguna vez. Pero además con un uso de fuerza mayor que incluso ha sido señalado como abusivo. Hoy está en manos de esos hispanos aplicar la política de miedo. Uf.

