Y es la gobernadora de Veracruz, nos comentan, la que en sólo unos pocos días ha ido saltando de versión en versión y de hipótesis en hipótesis sobre el tema del derrame de chapopote que ha afectado a costas de la entidad que gobierna. Y es que resulta, que Rocío Nahle, nos señalan, primero descartó que pudiera tratarse del derrame de un barco o de una plataforma y dijo que podría ser una “chapopotera natural”. Ah, pero días después salió con otra versión que fue ampliamente reproducida en la entidad: dijo que el derrame había sido provocado por un barco privado, cuya concesión para realizar tareas de exploración y explotación fue otorgada —y esto sí no se lo quiso guardar— en el sexenio del priista Enrique Peña Nieto. Ayer dijo que se trata de una mancha y no de “algo que esté fluyendo” —¿entonces?— y sostuvo que la Marina se mantiene buscando el origen del problema con barcos con radares y satélites. Uf. Así los vaivenes de quien, por cierto, fuera secretaria de Energía en el sexenio pasado. Uf.