Línea poco visible del crimen organizado

Mototaxistas de app, instrumento poco visible de narcomenudeo

Crimen contrata servicio para mover pequeñas cantidades de droga; “Omar”, un conductor, narra presiones para aceptar envíos

Motociclistas de aplicaciones a la espera de pedidos, en imagen de archivo. Foto: Cuartoscuro

En la franja urbana que conecta la alcaldía Gustavo A. Madero con el municipio de Ecatepec, en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), la jornada inicia con cientos de motocicletas que zigzaguean entre los autos. Ese movimiento oculta una estructura criminal que sostiene el flujo diario de droga en calles y avenidas.

En ese entorno, el narcomenudeo no depende sólo de quienes venden, sino de una red discreta que traslada mercancía bajo presión o necesidad económica.

Narcomenudistas que operan a través de redes sociales recurren a servicios de aplicación para concretar entregas sin exponerse directamente. Publican productos en perfiles cerrados, acuerdan la venta por mensaje privado y, después, solicitan un envío como si se tratara de comida o paquetería común. El repartidor recoge el envoltorio en un punto acordado y lo traslada sin conocer el contenido, ni a quienes intervienen en la operación.

  • El Dato: La reforma a la Ley Federal del Trabajo para regular los derechos de los trabajadores de plataformas digitales entró en vigor el 1 de julio del 2025, otorgándoles seguridad social.

La tarea es precisa: mover pequeñas cantidades de narcóticos en la zona de manera casi invisible. Entrevistas con tres repartidores de aplicación muestran un patrón constante: estas entregas recaen, casi siempre, en quienes conducen motocicleta. La elección responde a su movilidad, rapidez y capacidad para evitar revisiones.

Omar, seudónimo utilizado por seguridad, describe la lógica: “Aquí casi todo se mueve en moto. Te piden que aceptes el viaje y, cuando llegas, otro repartidor recoge o entrega. Nosotros sólo somos el enlace”.

Reconoce que al inicio rechazó solicitudes sospechosas, pero la insistencia modificó su decisión: “Después te piden tu número y empiezan a marcar, a ubicarte. ‘Ya sabemos que trabajas por aquí’, te dicen. Ahí entiendes que no es opcional”.

Estos traslados rara vez superan dos o tres kilómetros. Las cantidades resultan pequeñas para evitar sanciones mayores en caso de detención; sin embargo, la frecuencia compensa el volumen. Omar afirma que puede realizar entre 10 y 15 entregas por turno, lo que convierte a estos servicios en piezas clave para una distribución fragmentada.

Christian, otro repartidor que pidió anonimato, confirma el papel central de este tipo de vehículo en estas rutas: “Las motos pasan desapercibidas, nadie las detiene tanto, por eso siempre las usan. Tú sólo sigues la ruta que te mandan y no preguntas”. Y advierte la lógica de protección: “Si algo pasa, el que cae es el de abajo”.

Otro rasgo constante consiste en la ausencia de direcciones exactas. Los puntos de recolección y destino casi nunca corresponden a un domicilio; en su lugar, los contactos esperan en la calle o en espacios públicos como plazas o esquinas concurridas donde los esperan para hacer la entrega del envoltorio.

“Nunca es una casa, siempre alguien te espera afuera. Te dicen ‘ya estoy aquí’ y haces la entrega rápido”, relata Omar.

Esa práctica evita registros precisos y dificulta ubicar puntos fijos, lo que complica el rastreo de la operación. Al mismo tiempo, incrementa el riesgo para los conductores, quienes quedan como únicos responsables ante la autoridad.

La lógica de protección se refuerza con otro elemento: el desconocimiento. En varios casos, los propios conductores ignoran el contenido del paquete.

“Te dicen que es comida o documentos”, explicó Gabriel, tras un operativo en el que revisaron su vehículo, añade: “Ni siquiera sabes bien qué llevas, pero eso no importa cuando te detienen. El cliente desaparece, el contacto deja de responder y tú eres el único que da la cara”.

Tras el incidente, recuerda horas de interrogatorio sin asistencia legal inmediata: “Te tratan como si fueras parte de todo. Ahí entiendes que eres el eslabón más débil”.

En paralelo, el uso de plataformas digitales añade una capa de protección. Cuando el envío pasa por una aplicación, el conductor muestra un respaldo visible ante cualquier revisión: ruta activa, datos del pedido e interfaz en tiempo real: “Si te paran, enseñas el celular y listo. Ahí dice que llevas una entrega”, explicó Omar.

“No revisan tanto porque ven que es trabajo de app, aunque a veces sí nos basculean completos”, señaló.

Los viajes gestionados por aplicación funcionan como un disfraz operativo. La mercancía viaja en mochilas o cajas que aparentan contener comida o refacciones. La diferencia radica en la trazabilidad digital que reduce sospechas inmediatas.

“La aplicación te cubre un poco; mientras el viaje está activo, eres un repartidor más”, puntualizó.

Los motociclistas sin plataforma enfrentan mayor escrutinio en operativos regulares: “Con la excusa de no traer papeles o casco revisan motos, mochilas, hasta las cajas de reparto. Antes pasaban sin problema, pero ahora no resulta tan fácil” concluye don Jorge, quien ha sido taxista por una década en esta zona.

Datos de seguridad indican que más del 70 por ciento de las detenciones por narcomenudeo involucra a personas sin antecedentes de delitos de alto impacto. La cifra revela una base operativa amplia, integrada por individuos ajenos a estructuras jerárquicas, pero esenciales para la continuidad del negocio.

“Aquí no necesitas ver armas para saber quién manda”, concluye Omar al aseverar “El mensaje llega claro: cooperas o no chambeas más en la zona”.