Dicen que aun cuando no faltó quien acusara mano negra en la ruta para designar a los próximos tres nuevos consejeros del Instituto Nacional Electoral, una importante mayoría de aspirantes que acudió ayer a presentar su examen de aptitudes a la Cámara de Diputados llegó al recinto legislativo con la fe en que hay igualdad de condiciones para que todas y todos puedan ocupar una silla en el Consejo General del INE, incluso repitiendo aquel lugar común en los libros de autoayuda: “confiar en el proceso”. Al menos en lo que se pudo ver, las y los más de 300 candidatos presentaron su prueba de opción múltiple en medio de controles estrictos: no ingresar al salón con celular, tableta o equipo electrónico, vallas metálicas y vigilancia extrema para que cada uno se mantuviera en silencio, todo encaminado a que nadie piense en la posibilidad de que hay “dados cargados”. Y hablando de estas sospechas, tampoco pasó desapercibido el perfil de Flavio Cienfuegos, postulante señalado públicamente como cercano a la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, quien al concluir el examen, si bien no negó que trabajó de cerca con Taddei, rechazó que fuera él un favorito en la contienda.