Llamó poderosamente la atención que no tuvieron que pasar ni 24 horas desde su aprobación en San Lázaro para que el Plan B de la reforma electoral alcanzara el “Sí” en los 17 Congresos locales requeridos para que el dictamen se convierta en una de las leyes de la Carta Magna. Nos dicen que en medio de esta celeridad apenas se pudieron escuchar las voces de legisladores locales que denunciaron que prácticamente los sacaron de la cama para que votaran a mitad de la madrugada, como fue el caso del diputado del PRI Fabrizio del Castillo y la diputada del PAN Guadalupe Saldaña, ambos del Congreso de Baja California Sur, que acusaron que el Plan B fue avalado, sí, pero con prisas. El ejemplo más prominente de este fast track lo dio Tabasco, uno de los primeros estados que sesionó a deshoras para dar luz verde a la iniciativa. Por ahí también sorprendió cómo a pesar de que el proyecto prevé meter tijera y apretar el cinturón a los parlamentos locales, fueron éstos los que le dieron el pase rápido, sin mayores trabas.
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