Derivado de condiciones adversas y una posible pérdida de interés en la docencia, el pronóstico de profesores disponibles para impartir la educación en el nivel básico dentro del país apunta a una reducción entre 1.2 y 4.3 en diversos subniveles y sistemas dentro de esta categoría de enseñanza.
De acuerdo con el Sistema Educativo Nacional (SEN), de la Secretaría de Educación Pública (SEP) se estima que para el ciclo escolar 2030-2031 podrían registrarse disminución en la disponibilidad de maestros para el preescolar público; la primaria a nivel general, pero sobre todo, en su modalidad pública; también la secundaria, tanto pública como privada.
- El Dato: EL episcopado dijo que los maestros son “insustituibles” en la tarea de “construir un México solidario, libre, formado y pacífico”.
Clara es docente de una escuela primaria desde hace más de 10 años, a través de los cuales, aseguró, el panorama se ha dificultado cada vez más. Contó que su experiencia está llena de momentos “dulces” y que la hacen mantenerse en la profesión; sin embargo, hay problemas que con el tiempo se han hecho “casi cotidianos”.
Entre las “bajas calificaciones” que le da a su profesión frente a las aulas mencionó que el salario que percibe no es el mejor para alcanzar sus metas, a pesar de que le permite vivir con tranquilidad.
No obstante, describió como uno de los puntos más desgastantes las tensiones que seguido surgen con madres y padres de familia, de quienes recuerda haber sido incluso amenazada con ser denunciada por llamar la atención a un alumno que cometía bullying contra un compañero.
“Mi salario me alcanza para cubrir necesidades en mi casa, pero no es suficiente para concretar otros planes que tengo en mi vida. Lo de menos es que replanifique mis gastos o busque un trabajo adicional.
“El tema es que dentro de la profesión surgen complejidades, particularmente con los padres de familia, que cada vez nos observan más como los responsables totales de la educación de sus hijos y, en sí, de todo nos culpan... Los modelos de crianza en las familias han cambiado y cada vez es más fácil que se nos manda a llamar, se nos culpe de alguna situación del alumno, y pareciera que el tema de la enseñanza queda en segundo plano”, dijo con desánimo.
De acuerdo con las estadísticas educativas, en el ciclo escolar 2024-2025 hubo 190 mil 391 maestros para el nivel preescolar público, pero hacia el ciclo 2030-2031 se espera que el personal caiga a 188 mil 29, es decir una reducción de 1.24 por ciento. La misma tendencia decreciente se observa en la primaria pública, en donde la caída calculada es de 4.36 por ciento.
En tanto, para secundaria, el panorama es el mismo tanto para los planteles públicos como privados, en donde se pronostica una reducción de 2.17 y 2.4 por ciento.
La disminución en el número de maestros hacia el futuro se empalma con la disminución de alumnos en el sistema educativo nacional. Los propios indicadores de la SEP muestran una tendencia decreciente en el número de estudiantes que se reciben en el nivel básico.
Por ejemplo, entre el ciclo 2022-2023 al ciclo 2024-2025 se observó una caída de 3.1 por ciento en la matrícula escolar, debido a que las cifras de estudiantes pasaron de 24 millones 109 mil 222 a 23 millones 358 mil 341. Esta disminución obedece a un cambio en la demografía nacional debido a que actualmente las familias tienen menos hijos.
Educación, al alza; opciones laborales caen
› Por Yulia Bonilla
Alicia se graduó de la licenciatura en Comunicación hace más de cuatro años, pero a la fecha no ejerce a plenitud su carrera porque, dice, siente que no “llena” las vacantes a las que se postula, situación que la ha llevado a aceptar trabajos que la orillaron a reconsiderar una ampliación de estudios, lo que se convierte en otro obstáculo para laborar con lo que siempre anheló.
“Cuando comencé a ir a entrevistas de trabajo, me di cuenta de que las pocas vacantes que fui encontrando eran en empresas que piden hacer las tareas con conocimientos que ya rebasan con lo que yo salí de la universidad…
“Acepté vacantes que no tienen nada que ver con lo que yo quería hacer y salarios bajos, pero que finalmente me dejaron tiempo para volver a estudiar cursos. Pero simplemente parece que no salgo del círculo, sigo siendo una carga económica para mi familia, no encuentro un buen empleo y no me desempeño en lo que quería”, explicó la joven de 28 años.
El caso de Alicia habla del contexto que ha llevado a que se enciendan focos rojos sobre los jóvenes, en donde, a pesar del fortalecimiento para su preparación académica, su autonomía financiera no sólo perjudica su presente, sino que también alerta sobre una presión fiscal para el país en cuanto al sistema de pensiones.
Un análisis del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados advirtió sobre un contexto adverso de empleabilidad, al señalar una “elevada dependencia” hacia esquemas de transferencias monetarias directas, como lo son los programas sociales, con los que se considera que termina por condicionar la sostenibilidad económica de los jóvenes y que, a la larga, “podría limitar el desarrollo de capacidades productivas de largo plazo, si no se vincula con incentivos al empleo formal”.
Apuntó a que 47.5 por ciento de personas entre 15 y 29 años ya cuentan con escolaridad media superior y superior, indicador que supera al 39.6 por ciento de la población mexicana total.
Sin embargo, este fortalecimiento a la preparación académica no se ha traducido en mejoras a las condiciones económicas de dicho grupo, ya que 6.4 por ciento de hombres y 6.9 por ciento de mujeres no reciben ingresos; 39.3 por ciento y 48.6 por ciento, respectivamente, apenas ganan un salario mínimo y 36.1 y 28.2 por ciento, de uno a dos, expuso el informe.
Visto de otra forma, cuatro de cada 10 hombres jóvenes y cinco de cada 10 mujeres del mismo grupo no tienen ingresos o los que reciben son marginales. La situación escala a lo nacional. El Consejo Nacional de Población (Conapo) estimó que, si las tendencias demográficas se mantienen, en donde cada vez las personas tienen menos hijos, entonces la pirámide poblacional se invertirá en 44 años.
“Esta transición demográfica supone un riesgo para la sostenibilidad de las finanzas, debido a la mayor presión sobre los sistemas de pensiones y a la potencial erosión de la base recaudatoria”, advirtió.
El panorama también se torna adverso al observar las tendencias educativas frente al “acelerado cambio tecnológico y productivo” de los jóvenes mexicanos, alertó el profesor investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) Iván de Jesús Contreras, cuyo análisis estadístico expone que, hasta el ciclo escolar pasado, la matrícula en educación superior era de cinco millones 519 mil estudiantes y un millón nueve mil egresados, en donde lo que se nota es una concentración de la matrícula en pocas carreras: tan sólo 10 áreas concentran 73.83 por ciento de la población universitaria nacional.
Los campos tradicionales de servicios, como Negocios y Contabilidad, Administración, Derecho, Ciencias Sociales, Ciencias de la Educación y Formación Docente, agrupan, por sí solas, 48.28 por ciento de la matrícula y 53.31 de los egresados.
“Veinte años eligiendo lo mismo, en un mundo que en ese periodo inventó los smartphones, la inteligencia artificial generativa, las criptomonedas y la economía del dato”, dijo.
En contraste, otras carreras que resultan vitales para el país, como agronomía y veterinaria, apenas concentran 2.57 por ciento de la matrícula con 19 mil 848 egresados en el ciclo pasado, lo cual consideró “insuficiente” frente a los desafíos que implica la soberanía alimentaria.
A esto se suman otras adversidades que incluso evocan la persistencia de desigualdad social y estereotipos, como el hecho de que, mientras en la Ciudad de México hay más de mil 700 egresados por cada cien mil estudiantes, en estados como Oaxaca el indicador se desploma a 352 por cada cien mil. El investigador advirtió que no hay una preparación para el avance tecnológico con fenómenos como la inteligencia artificial y otros, lo que lleva a ver a las universidades como espacios en donde los estudiantes no aseguran su subsistencia profesional.
“Las universidades se han convertido en maquila de profesionistas desempleados. Es decir, todos están yendo a Derecho, a Administración, a Contabilidad, pero no le están apostando a estas carreras del futuro que van a ser necesarias. Si de por sí no estamos cumpliendo, existe una brecha, un desajuste entre la oferta y la demanda, la del mercado laboral, porque no están saliendo con las competencias y no hay la demanda suficiente de ciertas carreras, pues ahora que no le estamos apuntando a estas nuevas tecnologías emergentes, a capacitarlos, hacer otro tipo de profesionalización”, declaró.
Pero más allá de las carencias en conocimiento, también se alerta sobre una limitación en el desarrollo de habilidades socioemocionales que impactan en prácticas como poder trabajar en equipo y con fines colaborativos.
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