El campamento base de Irán en Tijuana obliga a México a tratar una parte del Mundial 2026 como una operación de seguridad con componente geopolítico, no sólo deportivo. La selección trasladó su concentración desde Arizona para evitar complicaciones de visados en Estados Unidos, asegurar condiciones para su delegación y reducir tiempos hacia las sedes donde jugará.
Aunque los partidos del Grupo G no tendrán sede mexicana, el cambio coloca a Tijuana dentro del mapa operativo de una selección con tensiones abiertas frente al país vecino. El riesgo para México se concentra en hoteles, entrenamientos, rutas terrestres, aeropuertos, cruces fronterizos y posibles concentraciones de aficionados alrededor de la delegación.
En entrevista con La Razón, Daniel Espinoza, presidente de la Asociación Mexicana de Seguridad Privada (AMESP), explicó que el operativo mundialista trabaja bajo un esquema “multicapa”, con coordinación entre autoridades federales, estatales, municipales y empresas privadas.
Antes del cambio de sede, especialistas consideraban que Irán no tendría presencia operativa en México; con la instalación en Tijuana, el análisis cambia, porque el país deberá cubrir a una delegación con un perfil de riesgo muy específico, que utilizará el territorio como punto de descanso, preparación y tránsito hacia EU.
México no enfrenta, con los datos públicos disponibles, una amenaza concreta asociada a la selección iraní. El punto central para los expertos es otro que va ligado a cómo la presencia del equipo añade una capa diplomática y de inteligencia a un evento que ya exigía control de multitudes, protección de infraestructura, revisión de rutas, monitoreo de accesos y coordinación binacional.
Hacia dentro del operativo, Daniel Espinoza señaló que los riesgos “se vuelven multifactoriales” cuando un evento internacional mezcla afición, política, logística y posibles tensiones entre países. En esos casos, explicó, las empresas privadas no sustituyen a las autoridades de inteligencia, pero sí reciben información cuando un encuentro o delegación requiere atención especial, como es el caso iraní.
La Federación Iraní de Futbol informó que el equipo quedará instalado en la ciudad fronteriza, al sur de San Diego, después de meses de incertidumbre por permisos migratorios, seguridad y trato a sus integrantes. Irán jugará contra Nueva Zelanda el 15 de junio y frente a Bélgica el 21 en Los Ángeles, además de enfrentar a Egipto el 26 en Seattle.
Registros migratorios, protección de la delegación, vigilancia hotelera, resguardo de entrenamientos, traslados hacia el aeropuerto y coordinación con autoridades estadounidenses integran el perfil más sensible para Tijuana según los expertos.
La ciudad no recibirá partidos, pero sí una operación que puede convertir un campamento deportivo en un punto de observación diplomática durante el torneo internacional de futbol.



