“Yo no voy a tragar sapos ajenos”

Mayer exhibe grietas en la 4T tras renunciar

El Diputado asegura que, pese a su retiro, mantendrá su respaldo a la Presidenta; denuncia falta de apertura al diálogo dentro del partido; rechaza que decisión obedezca a narcoligas

Sergio Mayer, en sesión ordinaria de la Cámara de Diputados, el pasado 1 de febrero. Foto: Cuartoscuro

La renuncia irrevocable de Sergio Mayer a la militancia de Morena dejó abierta una ruptura parcial con el partido que lo llevó a la Cámara de Diputados. El diputado afirmó que seguirá en la bancada, mantendrá su respaldo a la Cuarta Transformación y conserva “lealtad absoluta” a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Durante una entrevista con Mónica Garza en el programa Sala de Guerra, Mayer Bretón aseguró que la salida responde a una decisión personal, ligada con sus principios y con la incomodidad que sentía dentro del partido: “Me siento liberado, me quité un peso de encima”.

  • El Dato: El legislador subrayó que pretende concluir su periodo legislativo: “Yo me quedo en la bancada. Estoy renunciando a la militancia porque dicen que daño la imagen del partido”.

Sobre su llegada al partido, Sergio Mayer insistió en que él pidió entrar al movimiento y no al revés. Dijo que tocó la puerta a través de Andrés Manuel López Beltrán, pasó por procesos internos y obtuvo su primera candidatura sin ser militante. Su afiliación formal, precisó, ocurrió apenas hace seis meses.

El legislador rechazó que su renuncia obedezca a señalamientos contra morenistas por presuntos vínculos con corrupción o crimen organizado. “Yo no voy a tragar sapos ajenos”, dijo, aunque evitó acusar a alguien y aclaró que no puede “meter las manos al fuego por nadie”.

Como parte de sus diferencias, señaló que nunca perteneció a un grupo dentro de Morena y se definió como “una canica en bacinica”. Esa condición, aseguró, lo colocó en medio de disputas, campañas de desprestigio y señalamientos cada vez que discrepó con los ideales.

Sin romper con el proyecto político, sostuvo que deja la militancia porque algunas voces internas lo señalan como una carga para la imagen del partido. Después, agregó que ese proyecto “es mucho más grande que esos cotos de poder”.

Sergio Mayer sostuvo que le atribuyeron un daño a la imagen partidista después de solicitar licencia en San Lázaro para participar en un programa de televisión. Admitió que esa decisión pudo resultar “políticamente incorrecta”, pero subrayó que no cometió una falta legal.

“No utilicé recurso público, no robé, no engañé, no traicioné al pueblo”, sostuvo al defender su participación. También recordó que desde el 20 de febrero algunas voces morenistas hablaban de revisar su caso ante la Comisión de Honor y Justicia.

A partir de esas diferencias, defendió su derecho a disentir sin romper con el proyecto político que aún respalda.

Recordó que no compartió la desaparición de fideicomisos y sostuvo que el Instituto Nacional Electoral (INE) tuvo un papel clave en el reconocimiento del triunfo de 2018, por lo que su defensa no debía leerse como una traición.

La salida también implica un costo político. El diputado admitió que la renuncia puede cerrarle la ruta hacia una reelección con Morena, aunque rechazó que su permanencia en la Cámara de Diputados responda a la búsqueda de un cargo. “Lo mío es convicción y es por amor, no por obligación”, señaló.

En ese proceso, el coordinador de los diputados de Morena, Ricardo Monreal, quedó como figura de contención dentro de su relato. El legislador señaló que el líder parlamentario intentó mediar, pero marcó distancia frente a voces internas.

Además, reprochó que buscó a Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, para exponer sus inconformidades sin obtener respuesta, mientras que Ariadna Montiel, dirigente nacional del guinda sí aceptó atenderlo, pla reunión no se concretó.

Con la renuncia consumada, el legislador aseguró que seguirá desde su “trinchera” mientras encuentre espacio para aportar. La ruptura, advirtió, no alcanza sus principios, pero sí marca un límite ante nuevas diferencias internas.


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