Un pago de mil 200 pesos por hora aparece como puerta de entrada a uno de los mercados criminales más graves en Internet. Una investigación elaborada por La Razón en portales y sitios de la dark web detectó ofertas de supuestos encuentros con menores de edad en destinos turísticos de México y suscripciones a material de abuso sexual infantil con costos de 700 a tres mil pesos al mes.
La revisión ubicó al menos siete páginas con referencias a menores mexicanos en costas del sur del país. Los sitios funcionaban como vitrinas iniciales para captar compradores, ofrecer imágenes o videos ilícitos y mover las conversaciones hacia canales privados. Por seguridad, La Razón omite nombres, rutas de acceso y cualquier dato que permita ubicar esos espacios.
- El Dato: Expertos en trata advierten que durante el Mundial aumentará el riesgo de explotación sexual infantil, pues turistas perciben a México como una nación “sin ley”.
En esos portales, el abuso aparece disfrazado de catálogo. Algunas páginas prometen contenido visual; otras ofrecen intermediación para concretar encuentros en zonas turísticas. Detrás de cada anuncio puede existir una cadena de trata, explotación sexual, extorsión, lavado de dinero y violencia directa contra niñas, niños y adolescentes.

• Recta final rumbo al registro
México enfrenta esta amenaza con una base de vulnerabilidad amplia. Cifras oficiales y reportes señalan que 4.5 millones de menores de edad han sufrido algún tipo de abuso sexual, dato que coloca al país entre los principales focos mundiales de este delito y como uno de los destinos relevantes para turismo de abuso sexual infantil.

La Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) reportó que en 2024 los hospitales atendieron a 10 mil 613 niñas, niños y adolescentes por violencia sexual, la cifra más alta desde 2010. El registro sólo incluyó casos que llegaron al sistema de salud.
La demanda tampoco es marginal en la dark web: un estudio internacional sobre Tor revisó 176 mil 683 y halló que una quinta parte alojaba archivos de este tipo; además, 11 por ciento de 110 millones de sesiones de búsqueda analizadas se orientó a localizar ese contenido, de los cuales cerca de 1.7 por ciento provenía de direcciones mexicanas.
El consumo digital de abuso sexual infantil conecta con la explotación asociada a viajes y destinos turísticos, especialmente en eventos internacionales como el Mundial de futbol.
La Razón detectó tráfico mensual superior a 200 mil usuarios hacia páginas vinculadas con este delito en México, mientras ECPAT, red global de organizaciones de la sociedad civil y derechos de la niñez dedicada a erradicar la explotación sexual infantil, advirtió que agresores aprovechan infraestructura hotelera, movilidad y anonimato de zonas de playa para acceder a niñas, niños y adolescentes.
Durante la revisión, este diario encontró que varias páginas operan sólo como primer filtro. Una vez que el interesado acepta el contacto, los administradores piden pagos en criptomonedas, datos mínimos o supuestas pruebas de confianza. En algunos casos, consisten en exigir material de abuso infantil previo para descartar infiltraciones o conservar elementos de extorsión.

Quien intenta comprar también queda atrapado. Los grupos criminales aprovechan que el usuario no puede denunciar sin admitir que buscaba cometer un delito. Así, una oferta puede derivar en fraude, robo de datos, chantaje o nuevas exigencias económicas. Que algunos sitios sean estafas no reduce la gravedad.
Fuentes expertas en ciberseguridad consultadas coinciden en que las páginas indexadas en la dark web suelen ser el primer escalón. Después del pago o la validación, los contactos migran a servicios de mensajería cifrada, grupos cerrados y canales de comunicación directa donde el contenido circula con menor exposición pública y mayor riesgo.
Darío Ramos Ochoa, especialista en ciberseguridad y hacker ético, explicó que Telegram aparece con frecuencia en reportes globales por la facilidad con la que los grupos privados pueden cerrarse y abrirse. Para el experto, el problema no es el cifrado como herramienta tecnológica, sino el uso que redes de explotación hacen de esas plataformas para ocultar archivos, compradores y posibles víctimas.
Para cobrar, los operadores recurren a criptomonedas, porque permiten mover dinero sin pasar de forma inmediata por el sistema bancario tradicional. Expertos en análisis financiero han documentado que estos grupos también usan mezcladores, convertidores y monedas de mayor privacidad para dificultar el rastro.
Bajo ese modelo, el pago es apenas una pieza. La operación completa incluye captación, filtros de confianza, canales cifrados, cobro, distribución, amenazas y reposición de espacios. Si un sitio cae, otro puede aparecer con nombre distinto. Si un grupo cierra, otro conserva usuarios, archivos y administradores.
Ramos Ochoa explicó que no se trata de “pornografía infantil”, expresión que suaviza la violencia y la presenta como mercancía sexual. Se trata de material de abuso sexual, explotación, trata y agresiones contra menores de edad. Cada imagen, video y anuncio implican una víctima real o el intento de producir una.
“La dark web sólo muestra una parte del engranaje, pero la violencia empieza mucho antes de la pantalla y, cuando no se investiga, encuentra nuevas formas de repetirse”, puntualizó el experto.

• Alerta presidencial

