El último silbatazo no sólo terminó la final del Mundial de 2026. También apagó las voces, los cantos y las ilusiones de decenas de argentinos que, a miles de kilómetros de Buenos Aires, habían encontrado en un pequeño restaurante de la colonia Narvarte un refugio para sentirse cerca de casa.
En Palermo Soho, un rincón de Argentina en la Ciudad de México, el ambiente cambió en cuestión de segundos. Los abrazos de consuelo ahogaron los gritos de gol. Las banderas albicelestes permanecieron inmóviles sobre los hombros de sus dueños y el silencio comenzó a cubrir las mesas donde, apenas unos minutos antes, reinaban las porras y la esperanza.

En un celular comenzó a sonar “No llores por mí, Argentina”, del musical Evita. Nadie la había elegido como banda sonora del momento, pero parecía escrita para acompañar las lágrimas que empezaban a aparecer entre los asistentes.

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El Fernet se había terminado mucho antes del final del encuentro. Sobre las mesas quedaron algunos alfajores que pocos pudieron terminar. Había quienes intentaban encontrar consuelo en un café, mientras otros simplemente miraban fijamente la pantalla donde las imágenes mostraban a Lionel Messi con el rostro desencajado y lágrimas en su rostro.
- El dato: en una plaza de Reforma 222 se registró una pelea adentro y afuera, tras el partido, entre aficionados mexicanos y argentinos, sin que pasara a mayores.
Frente al televisor nadie hablaba. Algunos bajaban la mirada. Otros buscaban una explicación imposible.
Entre ellos estaba Carlos Pappa, quien viajó desde Argentina hasta la Ciudad de México. Las paredes cubiertas con fotografías de Diego Armando Maradona y Lionel Messi, los murales que cuentan la historia del Fernet y el aroma de las empanadas hacían olvidar por momentos que afuera seguía siendo la colonia Narvarte.
Cuando terminó el partido, Carlos permaneció unos minutos sin levantarse de su asiento.

“Da bronca... siento que el equipo podía dar mucho más”, alcanzó a decir mientras trataba de contener el enojo. Había cruzado un continente para vivir una fiesta y terminó compartiendo una derrota con desconocidos, y su hermana.
A unos metros, Rebeca tampoco podía apartar la mirada de la pantalla. Mientras la transmisión mostraba a Messi llorando, ella dejó que las lágrimas corrieran libremente. “Entiendo que el futbol se gana con goles, pero para nosotros era una esperanza”, dice con la voz entrecortada.
Explica que dejó Argentina hace algunos años por la complicada situación económica que atraviesa su país. Desde entonces vive en México, pero cada partido de la selección es un vínculo con la tierra que extraña.
“Argentina está viviendo momentos difíciles. Esto era una alegría para todos, un respiro, algo que nos unía”, cuenta mientras seca sus ojos.
Para quienes emigraron, el Mundial nunca fue solamente futbol. Durante semanas, Palermo Soho se convirtió en una extensión de Buenos Aires. Ahí se compartieron mates, anécdotas, recuerdos de infancia y la nostalgia de quienes encontraron en México un nuevo hogar sin dejar de mirar hacia el sur del continente.
- 201 mil argentinos son residentes temporales o permanentes
Este domingo también compartieron el dolor. Momentos atrás, todo era felicidad . “Hoy esto parece Buenos Aires”, comentó a La Razón, entre sonrisas Claudia Siluehn, propietaria del lugar. Aunque nació en México, fue una temporada viviendo en la Patagonia la que cambió su vida. Ahí descubrió la cocina argentina y decidió traer un pedazo de ese país a la capital mexicana.
“Quería que quien extrañara Argentina pudiera sentarse aquí y sentirse en casa”, cuenta, mientras supervisa que no falten las empanadas ni el chimichurri. Desde que comenzó la Copa del Mundo, explica, el restaurante se ha llenado en cada partido de la selección argentina y este domingo no fue la excepción.
Las paredes decoradas con imágenes de Buenos Aires, los colores celeste y blanco y el sonido del mate golpeando sobre las mesas hacen olvidar por momentos que, al cruzar la puerta, lo que espera es el tráfico de la Ciudad de México.
No es casualidad. La comunidad argentina ha crecido de manera importante en el país durante los últimos años. Aunque el Inegi registra alrededor de 19 mil residentes, diversas estimaciones sitúan la cifra entre 20 mil y 100 mil, impulsada por la migración económica. La mayoría se concentra precisamente en la Ciudad de México y la Península de Yucatán.
Las cifras de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación muestran que entre 2020 y 2025 ingresaron a México un millón 851 mil 44 personas de nacionalidad argentina. De ellas, 201 mil 500 obtuvieron la condición de residentes temporales o permanentes, equivalente al 10.8 por ciento del total de ingresos.
El crecimiento ha sido constante. Mientras en 2020 se registraron 10 mil 343 residentes temporales o permanentes, para 2024 la cifra alcanzó 82 mil 170, el nivel más alto del periodo.
“Ellos vienen de un país maravilloso, a otro país maravilloso que los trata espectacular, que les da oportunidades, que los recibe con un cariño que muy pocos otros países”, afirma la gerente del lugar.
Y dice que en Palermo Soho la idea de uniónparece materializarse. “Mexicanos y argentinos comparten mesa, intercambian pronósticos y brindan como si se conocieran de toda la vida. Un grupo afina los primeros cánticos mientras otro reparte abrazos a quienes llegan con la camiseta de la albiceleste y hoy toco llorar juntos”.

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